Los amantes de la novela filosófica tienen un ineludible título que añadir a su colección de obras de tal género. El viaje del profesor Caritat, de Steven Lukes, aúna sabia y magistralmente la más profunda disquisición filosófica con la intrínseca viveza de un relato cargado de incertidumbres, provocando tal mezcolanza altos grados de hilaridad en el lector, pero acompañados a la vez de las pertinentes enseñanzas y citas autoriales propias del género literario al que nos referimos.
Como sabrán los más versados en esta materia, Steven Lukes es uno de los tratadistas de filosofía político-social mejor considerados de las últimas décadas. De toda su obra, destaca sobremanera su biografía de Émile Durkheim (Émile Durkheim. Su Vida y su Obra) publicada por primera vez en 1972, y que complementaría años más tarde con otros estudios sobre este mismo autor (a saber, por ejemplo, Durkheim y
Repasando la crítica dedicada a la obra que nos ocupa hallamos cierta falta de consenso a la hora de valorar su calidad literaria. Ciertamente, la decepción de aquél que la abordara únicamente con ánimo de alcanzar el esparcimiento mental hubo de ser de grandes proporciones (personajes planos, ausencia de tramas secundarias, avance “azaroso” del relato…) Ahora bien, ha de convenirse, si deseamos ser medianamente rigurosos, que no es ésta precisamente la primera y más aprovechable utilidad de la obra, sino más bien la de aportar al lector, de manera asequible, un torrente de ideas de las principales corrientes de filosofía política predominantes en los últimos dos siglos (autoritarismo, utilitarismo-benthamismo, comunismo-marxismo y (neo)liberalismo). Así pues, hablamos de un tratado filosófico – político, de naturaleza eminentemente divulgativa, revestido con los esquemas propios de una novela.
La historia arranca con la captura del profesor Caritat (experto estudioso del Siglo de las Luces) por parte de las autoridades de su propio país, Militaria, nación cuyo devenir parece estar continuamente bajo las auspicios de una vil y férrea dictadura militar. El “optimismo” y librepensamiento del profesor Caritat, absolutamente absorbido por las ideas ilustradas, se considera una amenaza en Militaria. Pero afortunadamente para nuestro protagonista, un grupo opositor al régimen, denominado
La primera parada es el un país llamada Utilitaria, cuya capital es Cálcula. Un país regentado única y exclusivamente por la regla de la maximización, ya sea ésta de la salud, felicidad, educación…, y en la que todo es susceptible de amoldarse a fórmulas y planteamientos matemáticos. El fin de todas las acciones: el mayor bienestar del mayor número de individuos posibles. Una sociedad aparentemente sugestiva, pero a la que Caritat no acaba de amoldarse.
La siguiente estancia de su viaje se desarrolla en Comunitaria, cuya capital, Políglopis, es el crisol de una multitud étnico – religiosa. La convivencia de tal variedad de idiosincrasias, a veces excluyentes e irreconciliables entre sí, resulta de una ingente complejidad. Una ciudad en la que la norma de lo políticamente correcto ha de llevarse al extremo, que cercena la libertad de expresión (autocensura), pero en la que a la vez se otorga (o tiene que otorgase) validez a cualquier planteamiento ideológico, asfixia a Caritat.
Después de un curioso sueño, en el que Caritat conoce lo que, verdaderamente, sería la ciudad perfecta que trataba de encontrar (Proletaria, el ideal comunista – marxista), el protagonista arriba a Libertas, capital de Libertaria. Una sociedad en la que, supuestamente, el individuo goza de la máxima libertad de acción. Pero Caritat pronto se percatará de que es una libertad mal entendida, y que únicamente se encuentra en una sociedad cautiva, presa de una lógica económica que impone a los individuos un perverso sistema de vida.
Como no es nuestra intención desvelar al lector más detalles de la trama, no profundizaremos más en esta cuestión. Sin embargo, no queremos obviar comentarios en clave laudatoria sobre los magníficos “diálogos” que Caritat mantiene con algunos de los autores ilustrados (en realidad, son monólogos, reflexiones del mismo profesor, pero en los que establece un “diálogo” interior con sus propias ideas): Kant, Voltaire, Diderot, Pope, Swift… Y es aquí, precisamente, donde radica la enorme riqueza filosófica de la obra. El lector puede impregnarse de conocimientos sin apenas percatarse de ello, pues el amable envoltorio en el que se presentan tales reflexiones favorece ostensiblemente su aprehensión. Éste es, sin duda alguna, uno de los principales capitales de la obra. Por no hablar de la fineza desplegada por el autor a la hora de escoger los nombres de los personajes (con claros mensajes, llenos de referencias).
La lectura de la obra de Steven Lukes es, en la actualidad, de una pertinencia irrebatible. Esta pequeña historia es capaz de plantear una serie de reflexiones que el avezado y observador lector captará y hará propias con total facilidad. Éstas, en forma de pregunta, pudieran tomar alguno de los siguientes rumbos: ¿No vivimos, acaso, en un primer mundo cada vez más cercano a
En definitiva, nos encontramos ante una obra de fácil lectura, sin enredos intelectuales pero de inefable trabajo conceptual, y cargada de mensajes de enorme aprovechamiento. Lo que trataba de ser, en la historia, la búsqueda de la maravillosa utopía, finalmente desemboca en toda una reflexión contrautópica de los ideales políticos dominantes. Quizá no convenga demasiado aventurarse a conjeturar sobre otras intenciones del autor que no fuera precisamente ésta. Aún así, quizá se trate de mostrar la enorme validez (que no tanto como vigencia) que todavía guardarían en sí mismos los planteamientos ilustrados. O de desautorizar los excesos de las ideas utilitaristas (Utilitaria) o relativistas (Comunitaria). Desde luego, en las últimas páginas de la novela (conversación con el Búho y última carta de Cartitat) se despliega lo que pudiera ser la gran tesis de la obra: “la alternativa es comprender que ninguno de estos ideales sirve de nada sin los demás” y que “en el momento en el que perseguimos un ideal, es desastroso perder de vista todos los demás. Eso sería precisamente el fanatismo”. Tal es la idea que se viene a demostrar, indefectiblemente, después de pasear nuestra atención por todas las naciones visitadas por Caritat. Pero, a fin de cuentas, e independientemente de tales suposiciones, queda en el lector un rico poso de juicios y nociones, no solamente de los grandes clásicos citados en el libro, sino también, al final, de lo inducido por el lector.









2 comentarios:
Cielos!!! A mí la Legión!!! Este libro me persigue!!! ¿Acaso es ésta la Pesadilla de Navidad? Jejeje.
Ahora en serio, coincido contigo en tu reseña. Junto con las obras que he leído de Jostein Gaarder, Lukes me parece de lo más accesible para leer/entender algo de filosofía (aunque sea sólo un poco). Salu2
L.B.
PD: Viendo que te aventuras en las reseñas literarias, ¿para cuándo las críticas cinematográficas? He ahí mi guante, lanzado gentilmente
Saludos, L.B.
Me congratula sobremanera que hayas tenido la gentileza de pasarte por aquí, detenerte un rato a leer, y dejar tu comentario. Así que muchas gracias. Por otro lado, tendré en cuenta tu sugerencia. Un día de estos, caerá alguna crítica de cine. Seguramente no esté a tu altura, pues en ello eres tú un experto, pero intentaremos elaborar algo medio digno. Sin más, un fuerte abrazo y disfruta de las vacaciones (y de la Navidad).
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