lunes, marzo 10, 2008

VICTORIA AGRIDULCE. DERROTA SILENCIOSA


A estas horas ya es diez de marzo y no se ha consumado la noticia de noticias. No hay vuelco. Habrá cuatro años más de Zapatero.

Los análisis en caliente no suelen ser los más atinados. Hace falta tiempo y reflexión para dar con las claves de cualquier acontecimiento, para medir sus consecuencias e indagar en las causas. Sin embargo, ante lo acaecido esta noche, y antes de un postrero análisis de mayor solvencia, Ex Profeso adelanta algunas consideraciones:

- Que los resultados no otorgan ni gloria ni castigo notorios para los grandes partidos. Es difícil señalar si ambos han ganado o si ambos han perdido respecto a los verdaderos objetivos que tenían cada uno de ellos.

- Que el PSOE aumente su número de escaños supone mayor comodidad para el futuro gabinete, pues precisará de menos votos para alcanzar la mayoría absoluta. Pero los socialistas saben en su fuero interno que el adversario no ha sido derrotado por K.O, con todo lo que ello significa.

- Que el PP obtenga mayor representación significa que su electorado sigue muy vivo y está cada vez más enardecido, bregando en pro de su partido de manera incondicional. Esto no se antojaría indeseable si no fuera porque precisamente este electorado se escora cada vez más hacia ideas de la extrema derecha, tolerando una estrategia política y de partido que coquetea con los postulados más intolerantes en diversos temas (véase, por ejemplo, inmigración).

- Que la bipolarización del voto es un hecho definitivamente consumado. Por primera vez desde hace varias legislaturas, los partidos nacionalistas experimentan en una ostensible pérdida de escaños (ERC, PNV, CC, EA), a favor de una subida, como ya hemos comentado, de los partidos nacionales. Definitivamente, y por primera vez en la democracia española, habrá que plantearse seriamente si el bipartidismo es ya una senda de no retorno, una deriva irreversible. Si esto fuera así, deberíamos reflexionar profundamente sobre su incidencia.

- Que a Izquierda Unida ya sólo le queda la disolución. Alargar la agonía de un partido en caída libre no compensa ni a sus votantes ni a sus líderes. Ni siquiera a la izquierda española en su conjunto. Es cierto que la ley electoral es desfavorable, pero también lo era cuando llegaron a alcanzar los 21 diputados (1996). Izquierda Unida debe saber que su tiempo ha expirado, y su función también. Salvando las distancias, en UCD lo comprendieron rápido. Entretanto, Llamazares, por lo menos, ha hecho lo correcto.

- Que la proeza de UPyD y de Rosa Díez es de tamaña magnitud que difícilmente sabremos valorarla a corto plazo. Un partido en pañales, sin fondos, infraestructura ni cobertura mediática logra representación en sus primeras elecciones. A pesar del oportunismo de algunos en esta formación, Rosa Díez merece una oportunidad. Asoma una nueva voz en el Congreso.

- Que, en definitiva, el por algunos tan denostado “talante” se ha impuesto a la cacareada “crispación”. Que España es de centro-izquierda, y no tolera a una derecha xenófoba, provocadora y carca. Eso es algo por lo que algunos ciudadanos no están dispuestos a pasar. Y que, pese a todas las reservas y matices posibles que se quieran disponer, España ha ido bien. Por eso ha ganado Zapatero.

viernes, febrero 22, 2008

EL TIEMPO DE LOS RENOVADORES

Fidel Castro se jubila. Acaban casi cincuenta años de mano dura, de férreo mandato del Comandante y Camarada Fidel. Medio siglo de restricción de libertades, de totalitarismo. De muerte. Con la retirada de Castro también se volatilizan, de nuevo, unos ideales, una utopía socialista que pretendía ser ortodoxa con el modelo marxista. La revolución cubana, encallada desde hace décadas, pierde a su líder, débil y envejecido. Era cuestión de tiempo.

Castro ha sido referente ideológico más allá de las fronteras de su humilde isla. Más incluso en Europa que en su lado del Atlántico. En el viejo continente, generaciones completas de idealistas de izquierda radical han secundado sus ideas y formas de gobierno. Su abandono puede que sea interpretado por muchos como una muerte anticipada. Más de un crespón negro se ve ya, figuradamente, entre los camaradas europeos. Que Fidel tire la toalla es desesperanzador. Hoy, la autoproclamada izquierda comprometida, llora su pérdida.

Es evidente que el dictador pasará a la Historia. Que le absolverá, como él mismo dijo hace tiempo. En realidad, no está tan claro. Aunque seguramente habrá que esperar bastante tiempo antes de conocer el veredicto de tan estricta jueza, pues Fidel Castro no es un personaje fácil de juzgar. Quizá nunca alcancemos una conclusión convincente. Fidel, que alimentó la tensión durante la Guerra Fría, tensando la cuerda hasta el límite; que levantó sarpullidos en las conciencias occidentales con sus discursos en la ONU; que sirve de inspiración, casi de deidad, para el “socialismo del siglo XXI”; que peleó por su pueblo ante otro tirano, buscando mayor justicia. Su trayectoria vital y política es extraordinariamente compleja, por lo que los juicios precipitados (y más aún cuando todavía será decisivo para una presunta transición en el país caribeño) suelen ser propios de aquellos que, cegados por la idolatría o el odio, según el caso, poco tendrán que aportar a la hora de la verdad: democratizar Cuba. Ahora toca entenderse a los moderados de cada parte. El “búnker” castrista y los más intransigentes de los exiliados no harán más que poner piedras en el camino. El futuro hay que construirlo entre todos. Tienen que comprenderlo. En cualquier caso, y esto conviene también tenerlo presente, es probable que la transición a la democracia se paralice, incluso, durante años.

Es el momento de que los cubanos repiensen su propia historia y observen lo que Castro les ha legado, que podría resumirse en tres cosas. Una certeza: que los príncipes maquiavélicos siempre caen. Una realidad: que el comunismo o socialismo de estado es una quimera, una entelequia, una ensoñación alejada de lo que la naturaleza humana puede alcanzar. Una verdad: que la “revolución” sin renovación (vocablo anatemizado por los “camaradas” más de izquierdas) no sirve de nada. Las renovaciones perduran, porque son razonables, sopesadas, incluyentes y nacidas con vocación de durabilidad. Las revoluciones, en cambio, provocan cismas repentinos. Pueden ser auténticos huracanes de justicia social y la esencia misma del compromiso popular, pero son limitadas en tanto en cuanto no enraízan sus logros.

Así pues, el cambio en Cuba llega ahora, con cincuenta años de retraso. Se retomará el trabajo que Castro no hizo en medio siglo. Su revolución incompleta quedará avergonzada por los logros de unos renovadores que ahora empiezan su trabajo. La revolución ha muerto por no renovarse, tendrán que reconocerlo. Como también hay que reconocer que, en estos momentos, las tutelas extranjeras no son necesarias ni beneficiosas. Ni Estados Unidos ni la Unión Europea deben involucrase. O por lo menos, no más allá de lo que deseen los propios cubanos. “Occidente” debe guardarse sus influencias si no son para impulsar un proceso de negociación justo. Otro tipo de negocios sobre la mesa malograrían un hipotético proceso de democratización. Ya no caben, a estas alturas, las alianzas o mediaciones interesadas.

jueves, febrero 14, 2008

10-M: ESCENARIOS POSIBLES

Menos de un mes para la “fiesta de la democracia”, como dicen los cursis. Aunque más que una fiesta, puede convertirse en todo un “rosario de la aurora” para el perdedor, teniendo en cuenta que los principales contendientes llegan a la cita muy igualados y creyendo firmemente en la victoria. La desazón del derrotado no encontraría ni consuelos ni condolencias suficientemente reparadoras.

Tras el escrutinio y demás parafernalias, tres pueden ser los escenarios postelectorales que pueden darse. Podría ganar el PSOE y repetir Zapatero en la Moncloa. Ganar Rajoy, y comenzar así una etapa nueva llena de incertidumbre. O, como tercera opción, se contempla la “derrota” de ambas fuerzas políticas. Y esto último no es ninguna falacia. Es más, resulta, en opinión de Ex Profeso, y antes de comenzar la verdadera campaña electoral, siempre de efectos insondables, el resultado más probable. Pero vayamos por partes.

Las encuestas tienen poco valor. Simplemente porque las matemáticas, o el método científico que dicen seguir, nunca han sido verdaderamente válidos para estudiar los fenómenos sociales. Los comportamientos humanos no son mensurables, pónganse como se pongan los frikis del método. Ahora bien, sí son, aun limitadamente, un termómetro más para intuir las tendencias de los potenciales votantes. Y todas las encuestas dicen varias cosas. En primer lugar, que el PSOE sigue por delante, y es probable que sea el ganador de la elecciones en número de votos. Y por otra parte, que los ciudadanos creen que el ganador será, de facto (independientemente del voto emitido), el actual Presidente.

Pero los números dicen más. Y la historia de nuestra imberbe democracia también. La izquierda gobierna con altas participaciones, de lo contrario, la derecha se beneficia y puede incluso llegar a la Moncloa. De ahí que se comprenda la insistente alusión de los líderes del PSOE en llamar, en cada una de sus intervenciones públicas, a todos los ciudadanos a las urnas. Cuantos más mejor. Saben los socialistas que este país es mayoritariamente de centro-izquierda, si no por convicción, sí por intuición. Por tanto, aflora una de las cuestiones capitales: ¿se espera, en esta ocasión, una alta participación? Supongamos que con una campaña tan “emocionante” e igualada, la participación saldría beneficiada. Quién sabe si los españoles se inspiren en los norteamericanos, que acuden en masa a votar al observar, atónitos, las primarias más igualadas de las últimas décadas. Además, el voto femenino cuenta más que nunca. Después de una legislatura con tantos guiños a la causa feminista, las mujeres pueden ser una mina de votos muy rentable. Pero por otra parte, aunque esto no aparezca claramente en los sondeos, existe un importante porcentaje de votantes de izquierda en 2004 que se muestran decepcionados con la gestión de ZP. Probablemente, no vayan a votar. Este es el miedo de los socialistas, la desmovilización de su electorado potencial. En el año 2000, se registró la participación más baja desde 1979. El PP consiguió la mayoría absoluta con el 68,71% de participación ciudadana. Sin embargo, cuando la izquierda acude a votar, el PSOE es capaz de dar la vuelta a los resultados de las predicciones. Los ejemplos más claros se registraron en 1993 (76,44%) y 2004 (75,66%), donde el PP era el virtual vencedor de los comicios.

Evidentemente, hay otros factores que afectarán decisivamente al porcentaje de participación final: la economía y la celebración (o no) de debates televisivos. Así, pues hay ciertos imponderables que nos impiden hacer una predicción solvente sobre el nivel de participación del 9 de marzo. Incluso la demagogia de la derecha, que habla de inmigración y economía con una tergiversación abominable y pone sobre la mesa propuestas que dejarían al propio Le Pen como un mero aprendiz, puede cambiar el voto de muchos. La cuestión será ver en qué sentido: si para castigar la extralimitación de la derecha, o para apoyar, acríticamente y por miedo, sus propuestas (algunas xenófobas). O incluso dicha actitud puede dejar a la gente en sus casas. También la intromisión del la Iglesia en la arena política y la participación a la baja en otras consultas electorales previas de carácter no general jugarán su papel. En cualquier caso, parece claro que el nivel de participación será fundamental para consolidar alguno de los dos primeros escenarios que establecimos anteriormente: victoria del PSOE o del PP con cierto margen para gobernar en solitario.

Pero la tercera opción es incluso más interesante, y pondría a nuestra democracia ante una prueba contundente para comprobar su solidez: la “derrota” de ambos partidos mayoritarios, el temido “empate técnico”, justo la situación en la que parece que nos encontramos ahora mismo, y que a ninguno le permitiría gobernar. Ni siquiera con aliados. Teniendo en cuenta lo igualado de la contienda preelectoral, siempre según los sondeos, y que la participación, por término medio, no superará el 71-72% (una media a la baja de las nueve convocatorias electorales anteriores), Ex Profeso no cree que el PSOE aumente su número de escaños, viendo más factible incluso un avance moderado del PP. Pero, ni el retroceso de uno ni las ganancias del otro serán suficientes para el provocar el vuelco electoral. El PSOE se verá afectado por el escepticismo del parte de sus votantes del 2004 y algunos españoles caerán en las demagógicas redes del discurso del PP. Así pues, podrían consolidarse resultados como los que siguen a continuación, considerando que el trasvase de votos se producirá entre los dos grandes partidos y que las formaciones más pequeñas mantendrán sus resultados inamovibles, a tenor de lo bipartidista que ha sido el debate político durante estos cuatro años:

Desde luego, estos resultados dejarían a España en una evidente situación de ingobernabilidad. El PSOE ha perdido aliados, por lo que resulta imposible un gobierno mínimamente estable. Y aunque los recuperara, una minoría tan ínfima respecto a la oposición popular traería muchas derrotas para el Gobierno a lo largo de la nueva legislatura, sabiendo que con cualquier mínimo apoyo el PP ya tendría más votos que los socialistas. Por su parte, el PP ni siquiera cuenta con aliados a día de hoy. Su visión de los nacionalismos periféricos hace imposible cualquier pacto. Al menos sobre el papel, y si los partidos catalán, vasco y gallego cumplen con lo dicho hasta ahora. En suma, los gobiernos en minoría serían inviables.

¿Y el “gran pacto de estado”? También. No sólo porque dos partidos con posturas tan terriblemente antagónicas en la mayoría de las materias no puedan pactar, por mera incompatibilidad. Sino porque, además, sería inaceptable. Una gran coalición de gobierno después de estos cuatro años resultaría la más clara evidencia de que la política ya no existe, y en su lugar sólo queda el mero reparto de poderes e influencias, independientemente de programas, convicciones y valores. Cuatro años de bronca tabernaria no podrían solucionarse en un par de negociaciones, apretón de manos y sonrisilla forzada. Y ale, a mandar. No soñemos, esto no es Alemania. Sobre todo porque la UCD no es el PP, ni Rajoy es Merkel, por mucho que se quiera fotografiar con ella (dos veces en pocos días). ¿Qué quedaría entonces? Pues semanas de bloqueo hasta consumir el tiempo legal que se establece para formar Gobierno. Y probablemente hubiera que repetir elecciones, implorando a la Providencia para que, en la “segunda vuelta”, las cosas quedaran más claras.

En definitiva, los resultados que arrojará el escrutinio de las próximas elecciones provocarán dolores de cabeza en los jerarcas de la política. Las nuestras son meras predicciones, acientíficas y gratuitas. La propia ley electoral, con su peculiar reparto de votos-escaños, puede hacer que el escenario postelectoral que aquí se ha planteado no resulte, finalmente, tan igualado. Pero hemos de contemplar esta posibilidad. Y de llegar, comprobaremos si nuestra democracia, de verdad, da la talla.


[NUEVA CUESTIÓN PARA LA PARTICIPACIÓN DE LOS LECTORES, EN "EX PROFESO PREGUNTA"]

viernes, febrero 08, 2008

CONSEJO AUDIOVISUAL, ¿DÓNDE ESTÁ?

En tiempo electoral todos los partidos se apresuran, en especial el del Gobierno, en ensalzar sus logros y recordar sus benevolencias para con los ciudadanos a lo largo de la legislatura. Sin negar que tales acciones existan, también conviene, sin embargo, recordar a nuestros gobernantes lo que se han dejado en el tintero tras cuatro años de administración.

Por ejemplo, la promesa de crear un Consejo Audiovisual con competencias en todo el estado. Era una de las propuestas clave de un Gobierno que se marcó como meta reformar el sistema público de radiotelevisión e introducir un organismo arbitral que vigilara la diligencia profesional (incluida aquí su vertiente ética) de los medios de comunicación. Pero, tras cuatro años, no hay ni rastro de nuestra “FCC” particular. No se ha esgrimido razón alguna que justifique dicha ausencia. Ni tan siquiera ha llegado a plantearse el debate con seriedad.

¿Por qué el Gobierno no ha promovido dicho Consejo? ¿Ha cedido ante la presión de algunos medios que consideran que dicho órgano sería intervencionista, una suerte de censor, y que lesionaría la libertad de prensa? Si esto es así, la impericia del Gobierno sería inaceptable. No sólo porque dicha argumentación sea todo un sofisma, sino porque los políticos, y también los ciudadanos, deberían comprender cuanto antes que cualquier garantía de mejorar la calidad de nuestros medios equivale a reforzar sustancialmente nuestro Estado de Derecho. Y eso debería estar por encima de cualquier otra consideración o estrategia.

Las competencias y atribuciones cedidas a tal organismo regulador habrían de tener carácter de irrevocabilidad. Su independencia de los poderes políticos y fácticos sería la garantía efectiva de su arbitraje. Ahora que se discute acerca de los debates televisivos electorales, qué magnífica colaboración encontraría esta añorada institución con la Junta Electoral para decidir dónde y cómo celebrar dichos careos. Si es que, después de todo, se acaban celebrando…


martes, febrero 05, 2008

INCREÍBLE, PERO CIERTO

Normalmente, aprovecho este espacio, amablemente cedido por un periodista joven – aunque de pura raza – para plasmar mis pensamientos y textos sobre diversos temas, cuya idoneidad y acierto no me corresponde valorar. No obstante, hoy acudo a su rincón para que sirva de “amplificador” de una estremecedora reflexión que pude leer el domingo, 3 de Febrero en el Diario El País. Su autor es Constantino Chao Mata, quien, desde Betanzos (La Coruña), lanzaba esta breve aunque lapidaria frase en la sección de Cartas al Director: “Comprendí que debía jubilarme cuando mis alumnos de 4º de la ESO me dijeron a las claras que ni entendían ni les gustaba la poesía de Antonio Machado”. Podría – aunque no lo haré, pues no es necesario – añadir algo más, aunque don Constantino ya ha dicho más que suficiente. Es nuestro turno para rumiar sus palabras y exprimirles todo el significado, decidiendo, después, si no es hora ya de hacer algo al respecto.

Fdo. Bertuccio
El Faro de Alejandría

lunes, febrero 04, 2008

LAS REBAJAS

Terminan las rebajas de enero, esas en las que la fiebre consumista revienta cualquier termómetro, sin importar “cuestas” ni “ipecés”. Aprovechen, aprovechen, que esto es un chollo. Una pena que ya se haya terminado el mes.

Pero no se preocupen ustedes, queridos consumidores, que este año estamos de suerte. Coincide que en este 2008 también hay rebajas en febrero. Sí, las de la política. Y no crean ustedes que éstas son menores, al contrario. Sólo se producen cada cuatro años, por lo que las ofertas son inmejorables. Presten atención, que su bolsillo lo agradecerá:

Supresión del impuesto de patrimonio. Sí, oyen bien, nadie lo pagará si ganan los sociatas. Independientemente de que tenga usted solamente su piso familiar y un par de fincas heredadas, o sea usted el mayor terrateniente de Extremadura o Andalucía. Supresión universal, que para eso somos socialistas. Viva la progresividad fiscal y la justicia social, oyes. Ah, y los peperos también se apuntan a este plan.

Supresión de tramos de IRPF y rebaja de tipo máximo: Dicen los peperos que eso de pagar tanto impuesto no ayuda a la economía, así que, ¡zas!, tiempo de rebajas. Sobre todo para los que más tienen. La hacienda pública retiene ahora a los ricos el 43% de su sueldo. El PP hace un guiño a los ricachones y prometen que sólo pagaran el 40%. Es más, de cinco tramos, el pago del IRPF pasaría a ser solamente de tres. Úsease, que estos también se pasan la progresividad fiscal por... ahí. Vamos, que es probable que muchos de los asalariados más modestos, es decir, el grueso de la población contribuyente, paguen más. Conviene mantener a los pudientes en calma, no vaya a ser que usen sus influencias en contra de uno.

Exención de IRPF a millones de ciudadanos. El PP promete que ¡18 millones de españoles! no pagarán impuestos sobre la renta. El PSOE se plantea algo similar. Vaya, ¿resulta que en esto están de acuerdo? O sea, que siguen sin creer en eso de la progresividad fiscal. En lugar de que cada uno pague lo que le corresponda, aunque sea bien poco, los partidos creen que acostumbrar a los ciudadanos a no pagar impuestos es algo positivo. Sí, para llenar las urnas de papelitos con sus siglas. ¿Pero no quedamos en que el Estado somos todos? ¿No era el PP el que sudaba patriotismo por los cuatro costados? ¿Y esta propuesta vende patriotismo para los ciudadanos? ¿No es patriótico pagar impuestos? Sigamos así, hagamos pensar a casi medio país que aquí todo es gratis.

Menos impuestos para las mujeres trabajadoras. El PP, que vociferó en contra de la discriminación positiva, de las cuotas y demás, ahora se hace “progre” y se sube al carro de la perspectiva de género. Pero claro, como siempre, no entienden eso de que todo el mundo no es igual. El PP rebajará la presión fiscal de forma universal a todas las mujeres trabajadoras, independientemente de su estatus económico. Una magistrada del Tribunal Supremo, una profesora universitaria o una ministra se beneficiará de esta medida de igual manera que una madre de familia que está contratada de trabajadora de la limpieza en el Metro de Barcelona. Además, seamos serios, ¿se puede saber en qué ayuda al Estado que las mujeres paguen menos? ¿No será mejor acabar con la brecha salarial que sufren las mujeres, que a igual puesto y labores que sus compañeros varones, cobran un 30% menos?

Devolución de 400 euros de la Declaración de la Renta. Y a todos los españoles, independientemente de sus ingresos. Que viva el socialismo. No somos todos iguales, pues eso, todos iguales. Dice el gobierno que al haber superávit presupuestario se puede devolver dinero a los ciudadanos. En total, según ZP, se devolverán 5.000 millones de euros a los españoles, la cuarta parte del monto sobrante de este último ejercicio. Es el primer gobierno que reparte “dividendos”. El gobierno se siente generoso y reparte pasta, en lugar de invertirla. Creen los gobernantes que los ciudadanos mejorarán sustancialmente su vida con 400 euros más en sus cuentas corrientes. A eso se le llama optimismo. Porque claro, invertir esos 5.000 millones en infraestructuras, escuelas, hospitales, investigación o lo que sea, da menos réditos a corto plazo. Réditos electorales, claro.

En suma, el mercado persa que se organiza durante esta fechas desalenta a cualquier demócrata de verdad. Se admiten varias interpretaciones. Por ejemplo, que los políticos piensen que todos los ciudadanos somos imbéciles, sin convicciones ideológicas o que nos cobijamos bajo el sol que más caliente. O donde lluevan más billetes, si no está despejado. No todos los ciudadanos son iguales, afortunadamente. Aunque, quién sabe, y esta es otra de las perspectivas posibles, el problema puede que esté en nuestra “clase política”, inmadura, inepta e inculta. ¿Pretenden ganar adeptos repartiendo aguinaldos navideños de última hora? Demagogos, vástagos de la mediocridad, ¿no os da vergüenza?

Es el momento de los ciudadanos responsables. Votemos con sentido, con lucidez, como diría Saramago. Quizás no sea posible, por esta vez, castigar a todos por igual, pero se lo merecerían. Atentos a la campaña, que se atisba vergonzante.

domingo, enero 27, 2008

YO, PERIODISTA

Sigo obsesionado con la trascendencia de mi profesión. Hace pocos meses amagué con una declaración más formal que sentimental de lo que consideraba era necesario para ser un periodista íntegro, honesto y útil. En esencia, abogaba por la reflexión sosegada y la maceración de ideas como recetas de trabajo del buen periodista. Alejarse de la rumorología y de la superficialidad argumental, obviar tópicos y mitos absurdos, en fin, huir de toda simpleza, suponen la primera letra del abecé. La segunda, quedaba apuntada en un artículo no muy posterior, que si bien no tocaba exclusivamente al periodismo, sí que fue el motor de susodicho artículo: la responsabilidad. La profesión periodística requiere de una diligencia tanto práctica como moral inenarrable. Así pues, reflexión primero y responsabilidad después. O al revés. No creo que aquí influya el orden de los factores.

Pero en realidad, creo que no es suficiente. Cualquier bienpensante supondría que aquel que cumpliera con lo arriba dispuesto estaría en condiciones de ejercer el periodismo con garantías de éxito y calidad. Sin embargo, esto no es así. Hace falta un tercer factor que se antoja ineludible para que los anteriores cobren validez. ¿Hablamos de tener un buen bagaje de conocimientos? En realidad no, pues eso se supone incluido en la capacidad de reflexión como condición necesaria para ejercerla. ¿Nos referimos, pues, a la inteligencia y riqueza de valores del ejerciente? Tampoco, pues el individuo responsable esto ostentará necesariamente. Lo que completa el abecé es la vocación. Sin esto, el resto queda irremediablemente invalidado. Vocación entendida sin cortapisas, aquí no sólo hablamos de querer ser periodista desde que uno comienza a hacer caligrafía. Eso ocurre con cualquier oficio imaginable. La verdadera vocación, en realidad, no es querer dedicarse a algo, sino ser algo. No hace mucho que di con la sutil diferencia. Y todo a raíz de conocer a más colegas de profesión, en ejercicio o en formación. En el fondo, la eterna pregunta que se plantea a los pequeños es la correcta: ¿qué quieres ser de mayor? Jamás se pregunta: ¿a que te gustaría dedicarte cuando crezcas? Lo de “¿a qué te dedicas?” surge después, en el mundo adulto.

Es harto difícil explicarlo, por lo que me conformo con plantearlo: nunca será lo mismo dedicarse al periodismo que ser periodista. En el mundo de hoy, abundan los primeros, y los segundos se extinguen. Y no es fácil distinguirlos, pues aparentemente hacen el mismo trabajo. Incluso a veces la calidad de los trabajos es pareja. Pero la labor con vocación tiene un extra: cree en su capacidad de cambiar los esquemas del lector, y cree que si los cambia en uno comenzará una reacción en cadena con grandes expectativas de mejorar la sociedad que le rodea. ¿Romántico y utópico? Sí, claro, casi demente. ¡Pero ay de aquél que no crea en ello y se dedique al periodismo…! ¡Maldígole! Mejor que se dedique a zurcir calcetines. En esta profesión debería salvaguardarse el ideal de cambio hacia una sociedad mejor. El periodismo, aunque muchos ya no lo crean, es el motor primero de ese cambio. Y es por eso precisamente por lo que quienes lo ejercen han de mostrarse reflexivos, responsables y vocacionales.

Me consta que hay mucho mediocre que dice “llevar el periodismo dentro”, y cosas por el estilo, y que estoy seguro de que suscribiría enteramente este artículo. Pero también sé que no tiene ni idea de lo que aquí se habla. Basta escarbar un poco para comprobarlo, doy sincera fe de ello. A veces sueño que reúno la suficiente mala leche como para espetarles, vehemente y tajantemente, con rabia: ¡Tú no eres periodista!