miércoles, junio 24, 2009

A TORTAS POR EL GALLEGO: UNA GUERRA DE NECIOS

El Partido Popular de Galicia ha tirado de su mayoría absoluta en la cámara gallega para aprobar una moción que ha levantado ampollas. Se rediseña la Ley de Función Pública para eliminar el examen obligatorio de gallego para acceder a una plaza en la administración.

Las críticas nacionalistas (incluidas algunas que se esconden tras las siglas del PSOE), han cargado contra la medida, ofertando a la opinión pública todo un catálogo de improperios. Así han calificado BNG y PSOE la medida:
- como un "atentado"
- como una apertura a “un desembarco" de personas de fuera que "no conocen la lengua y la cultura" de la comunidad gallega
- como un "ataque al corazón de Galicia"
- como un "exterminio y atentado" al gallego
- como "el 18 de julio contra el gallego"
- como “una normativa que falsea la realidad".
- como “la primera vez que un gobierno aprueba una medida en contra del gallego en la historia de Galicia”

Y añaden, por si acaso, que “no van a participar de esta farsa”.

Ante tal muestrario de necedades, uno se pregunta cómo es posible que todavía alguien dude de que el bipartito mereciera la derrota electoral. Su política lingüística fue, y continúa siendo, de un sectarismo salvaje, sin precedentes en la región. A rebufo del modelo vasco y catalán, los nacionalistas trataron de imponer a la comunidad gallegohablante su particular estilo, una suerte de jerga sólo conocida y utilizada por ellos mismos. En un afán de diferenciar al máximo la sonoridad y ortografía del gallego respecto al castellano, implementaron una serie de cambios normativos ridículamente justificados etimológicamente. Forzaron artificialmente la transformación del gallego en una lengua más “particular”, más “propia”. Más enxebre, en definitiva. Aun sabiendo que el nuevo gallego, el oficial, poco tenía que ver con el que usa el común de los hablantes. Y todo esto, de un día para otro. Ellos, defensores a ultranza del idioma autóctono, no tuvieron reparos en prostituirlo y supeditarlo a sus intereses partidistas e ideológicos. Eso sí que fue “falsear la realidad”, eso sí era “una farsa”.

BNG y PSOE aprobaron el proyecto de las galescolas, infausta idea, como punta de lanza de su proyecto de hacerle la guerra al castellano o, si se prefiere, al bilingüismo. Las galescolas, al igual que las ikastolas vascas, no son más que el intento de eliminar de la cotidianidad del alumno gallego el primer idioma del estado, el único vertebrador. Y de ser, además, un vivero de simpatizantes ideológicos de los que el movimiento ya se servirá en un futuro.

Esa es la política lingüística de BNG y PSOE. Ese el verdadero “atentado”, tanto a los derechos constitucionales como al sentido común. Dicen que temen un “desembarco” de foráneos, lo cual sólo cabe interpretarse como un miedo al mestizaje de culturas, a la convivencia de ideas y sentimientos. Un tenebroso razonamiento, desde luego. Parece que mantener la región limpia de extraños parlantes de raras lenguas, les quita el sueño. Además de, por supuesto, tener claro que tales “extranjeros” son un hatajo de ignorantes, necios e indocumentados, incapaces de llegar a comprender “la lengua y la cultura gallega”, tan complejas e insondables para los no oriundos…

De nuevo, la “izquierda” vuelve a meter la pata. Sin duda por la cada vez más vasta ignorancia de sus líderes, que sólo funcionan con lemas prefabricados y demagogos. Resulta deplorable que nuestra izquierda haya adquirido las formas de nuestra terrible derecha. Y su discurso es irreconocible. ¿Cómo justificar así este tribalismo lingüístico? ¿Cómo mantener que es el mejor modelo de desarrollo? ¿De verdad es para la economía de la región la mejor de las apuestas? ¿Cuántas oportunidades perderá Galicia de prosperar este sistema idiomático? ¿Por qué tanta alergia al bilingüismo? ¿Es que tener una lengua propia se sube tanto a la cabeza que se pierde la perspectiva? ¿Es que nadie reflexiona más allá y es capaz de observar lo que ocurre cuando se talibaniza una cultura?

La riqueza lingüística es uno de los mayores tesoros de un país. Y debe mantenerse y cuidarse. Pero nunca colocándola por encima de los derechos y las obligaciones de los ciudadanos, o del interés general. El gallego y el español son cooficiales en Galicia, por supuesto. Y así debe ser. Pero, o se tiende al equilibrio, o la preponderancia artificial de cualquiera de ellos, por una u otras razones, sería un triste y vergonzante episodio. En ese sentido, la propuesta del PP podrá ser más o menos discutible ateniéndonos a tal reflexión, pero resultan inaceptables las brutalidades dialécticas vertidas por sus adversarios políticos que, lejos de proponer alternativas viables para una comunidad en la que necesariamente los hablantes de dos lenguas deben entenderse, se afanan en alimentar, como otras muchas veces (y ya cansa, oiga), un victimismo decimonónico auténticamente deleznable.

martes, junio 02, 2009

PERO QUÉ HIJO DE PUTA

La situación es bastante sencilla, frecuente y tan antigua como el propio ser humano, por desgracia: veo algo que me gusta y que no tengo, o algo que se me antoja necesario, inalcanzable, vendible o canjeable y sin más... lo cojo. Me lo llevo. No es mío, pero lo robo, lo hurto, lo afano – por ser políticamente correctos utilicen el eufemismo que prefieran – y dejo al legítimo propietario con cara de tonto y con un cabreo de tres pares. Hay infinidad de modalidades y variantes, desde el castizo y clásico carterismo o robo al descuido hasta el desfalco de altos vuelos, todo sofisticación, pasando por el consabido “déjamelo que te lo devuelvo mañana” y si te he visto no me acuerdo – material para otro texto igual de extenso que este, quizás –. Hay quien haría del mangante de pro, el callejero de toda la vida, un retrato lastimero y romanticón: que si la necesidad, que si la universidad de la calle, la picaresca, las infancias hurtadas, el “arte” de birlar y demás mandanga. No señores, no. El que roba, sea cual fuere la modalidad, cuantía y naturaleza de lo robado es un tremendo hijo de puta. De las motivaciones, eximentes y casuística particular ya se encargan – o al menos deberían – las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y nuestro anquilosado sistema judicial y penitenciario. Dulcificar o falsear la realidad es un error. Y les cuento un caso que me toca de cerca, a ver si así entienden mejor lo que les digo.


Noche de viernes en una zona bien de Madrid – Chueca, para más señas –. Restaurante bien de la zona bien. Pareja de novios que eligen una mesa de dos para cenar algo. Apenas pasados los entrantes, él – periodista de profesión y queridísimo amigo de servidor – extiende la mano para rescatar algo de su bolso – bandolera o reportero para las fashion victims – y no lo encuentra. No es que no encuentre lo que buscaba, es que el bolso no está. Esfumado, desaparecido, birlado, en definitiva. Nudo en el estómago, palidez facial, búsqueda desesperada en el suelo y aledaños de la mesa, inquisidoras preguntas a los vecinos comensales y responsables del restaurante. Resultado: encogimiento de hombros, cabreo y pesadumbre. Cena a tomar por saco y disgusto de los gordos. Punto pelota.


La víctima empezó a utilizar este útil complemento – el reportero – gracias a mis insistentes sugerencias y, tras descubrir sus bondades, se convirtió en una extensión de sí mismo de manera definitiva. Por ello, me fastidia aún más si cabe el desagradable incidente. Me pongo en su lugar y, como diría él mismo, “el hígado me canta La Traviata”. El hijo de puta de turno... Perdón... El mangante de turno tirará de cartera y de móvil – del propio bolso si el diseño y el color son de su agrado – y a otra cosa mariposa. Lo que el cabrón no sabe – ni maldita falta que hace, ¡qué coño! – es que en ese bolso, como en el mío propio, van el cuaderno de notas y la agenda de un periodista. Además del dinero, la documentación y el teléfono, un indeseable se ha llevado sin permiso sus herramientas de trabajo. A eso hay que sumar la sensación de impotencia, de profanación de la intimidad, el cambiar la cerradura de casa, las gestiones, el papeleo y las ganas irrefrenables de pillar al cabrón y reventarle la cabeza a patadas. Ni necesidad, ni crisis, ni hostias. Quien no se dedique a esto no sabe lo importante que es y lo que cuesta – en tiempo y en esfuerzo – forjar una agenda de contactos y tener siempre a mano tus anotaciones, reflexiones, borradores... Por eso, lo único que queda es el derecho al pataleo y mi solidaridad con la víctima. Eso y que, si existe algo así como la justicia poética, al responsable se le caigan las manos a cachos. Por hijo de puta.


Fdo. Bertuccio
El Faro de Alejandría

lunes, junio 01, 2009

MAITEILORISRICH

Entre vapores calurosos, aunque deseando la llegada del estío a pesar de todo, me debato entre varios temas sobre los que escribir. No sé si reflexionar sobre la fama que fagocita personas hasta destruirlas,en referencia al caso de la infortunada Susan Boyle quien, tras hacerse planetariamente famosa en 24horas, gracias al programa “Britain's got talent” y al YouTube, quedó en segundo puesto del concurso televisivo y tuvo que ser ingresada en un psiquiátrico al sufrir una crisis; quizás debería hablar de grandezas hechas añicos, pensando en el fútbol y en un Betis en segunda división, o en el proceso de madurez que todo ser humano experimenta con el paso de los años, relacionándolo con la controvertida Ley del Aborto que el Gobierno pretende modificar.

Y sin embargo, hay una imagen, entrevista a lo largo del fin de semana, que me importuna como una mosca cojonera y me impulsa a darle al teclado: El secretario de Transportes norteamericano, Ray LaHood, visitó España para conocer las bondades de la Alta Velocidad ferroviaria española y aprenderde ellas; José Blanco, con las comisuras de los labios a la altura de las sienes ante los agasajos de este “Mr. Marshall posmoderno”, acompañó al mandatario en un viaje Madrid-Zaragoza mientras intercambian detalles, confidencias y comentarios. Posteriormente, comparecencia conjunta de LaHood y Zapatero después de la visita del primero a La Moncloa, para conocer a los responsables empresariales del sector, cargos políticos del ministerio de Fomento y demás fauna. Más piropos y parabienes para el AVE, del que LaHood aseguró que “sólo tiene maravillas”.

En el momento en el que escribo esto faltan seis días para las elecciones europeas y por mi ventana, abierta para mitigar el calor, se cuela la desapasionada voz de un “coche anuncio”, de estos que llevan acoplados un altavoz en el techo. La monserga enlatada repite sin cesar: “Este partido se juega en Europa. Vota Partido Socialista”. Y he aquí la madre del cordero, que diría aquel. De la escueta información entrevista en el telediario, con LaHood, Blanco y Zapatero como protagonistas, hubo un pequeño detalle que me llamó la atención: los auténticos protagonistas de la visita no fueron los políticos, sino los intérpretes y los responsables del protocolo institucional, que no cesaron de parlotear. En la comparecencia posterior a la excursión y la visita presidencial de marras, tanto Blanco como Zapatero lucían un ominoso “pinganillo” de traducción simultánea. ¿Por qué? Porque nuestros políticos son incapaces de desenvolverse utilizando la lengua de la pérfida Albión. Más allá de jeloumaifren, verigüel y maiteilorisrich... el sonrojo más absoluto.

¿Acaso extraña el escaso – por no decir inexistente – interés del electorado por los comicios europeos? Los máximos responsables de los destinos de España no les van a la zaga. Una potencia europea seria debería contar con políticos, en primer lugar, del máximo nivel intelectual, académico y profesional, segundo, con fluidez cuasi bilingüe en idiomas como el inglés y el alemán como condición indispensable – en este caso no cuentan para nada el catalán, el euskera o el gallego, de nula aplicación extramuros –, siendo deseable aunque no exigible la soltura en terceras y cuartas lenguas. Y por último, aunque no menos importante, un máximo mandatario debe conocer en profundidad la realidad de los países que lo circundan, así como la de aquellos que integran la Unión Europea en la que pretende ocupar una posición eminente – más allá del idioma, claro está –. De otro modo es imposible saber cuál es tu posición en el mundo, sin estos mínimos exigibles no podemos ni acercarnos a algo parecido a la geoestrategia o meter baza en política internacional. No creo que algo así lo vean estos ojitos, que se han de comer los gusanos. Al menos no en España. Aquí, las elecciones europeas no son más que un instrumento, un medio para alcanzar un fin: el desgaste del oponente político con las miras puestas únicamente en devenires domésticos. Aunque, eso sí, el AVE es la pera.

Fdo. Bertuccio
El Faro de Alejandría

domingo, abril 19, 2009

DOS VERDADES INDISCUTIBLES SOBRE EL PERIODISMO

Mientras escribo estas líneas, estoy en la redacción esta mañana de Domingo, en la que en el minutado del TD-1 (15.00h) no aparece nada más que tres informaciones de ámbito internacional. Y poco más hay previsto.
Podría disponer aquí una lista de temas internacionales que merecería la pena contar hoy a la gente... Pero supongo que no ganaría nada. Como mucho, a lo mejor, cabrearme un poco más.
El caso es que tengo todo el tiempo del mundo para el periódico con calma, como cualquier otro domingo en mi casa... Y leo el artículo del siempre certero e inspirador Timothy Garton Ash, en el suplemento "Domingo", de El País. Y, oh casualidad, parece que hoy me ha leído el pensamiento:

"(...) la prensa comercial en Occidente, que está atravesando
una de esas "tempestades de destrucción creativa".
(...) los medios dominantes en Occidente tienden a aferrarse
a unas cuantas noticias
que les resultan familiares e interesantes.
(...) Quienes editan y seleccionan las noticias se limitan a
seguir las normas de su negocio, que se rige por el mercado. Lo morboso vende. Un periódico que critica es un periódico que vende. Las buenas noticias no interesan.
(...) la tendencia es (...) menos noticias internacionales en
los periódicos y los canales de televisión nacionales, que son los que lee y ve la mayoría de la gente. También aquí el motivo es sobre todo económico. Hacer información internacional es caro. A medida que caen los ingresos por publicidad, las delegaciones en el extranjero van cerrando.
(...) En el mundo interconectado de hoy (...) es preciso
conocer las realidades sociales y las historias humanas individuales que
constituyen la esencia de una corresponsalía en el extranjero. Si recibimos ese bien público en menor cantidad precisamente ahora que lo necesitamos más, los resultados no serán sólo deprimentes. Podrían ser claramente peligrosos.
(...) Lo que corre peligro es el contacto diario, general y casual con las noticias del mundo que se produce cuando uno hojea el periódico mientras desayuna.
(...) No sirve de nada lamentarse por las glorias pasadas de una edad de oro -probablemente mítica- de los corresponsales en el extranjero. Se trata de descubrir cómo explotar hoy las tremendas posibilidades de los nuevos medios para que más gente pueda entrar en contacto más tiempo con noticias internacionales fiables e interesantes. De ello dependerá algo más que el futuro del periodismo".
Para enmarcar, no diré más.
Y continuando con mi pausada lectura matutina, topo también con el descorazonador artículo de la Defensora del Lector de El País. Sus dos últimos párrafos, creo, complementan perfectamente lo dispuesto en las líneas de Ash. Aquí las dejo:

"(...) la cultura de la gratuidad se extiende de la mano de Internet, lo que puede acabar afectando también a la calidad. ¿De verdad puede alguien creer que una información fiable, independiente y veraz no tiene coste?
El periodismo de calidad es cada vez más caro, porque exige escribir desde el lugar de los hechos, investigar y no conformarse con las versiones de parte; exige más tiempo, más recursos y mayor cualificación profesional. Si el lector no paga por la información, ¿quién lo hará?, ¿a cambio de qué?
Un modelo de información totalmente gratuita por Internet supondría un cambio de modelo. El periodismo pasaría a depender totalmente de los anunciantes. El actual equilibrio se invertiría. Si la publicidad se
convierte en el principal o el único sostén de la información, los medios pueden perder su independencia (...).
Amigos, estamos viendo cómo el periodismo agoniza, aparentemente, sin remedio.Pero lo peor no es eso.
Lo peor es que no estamos moviendo un solo dedo para evitarlo. Somos testigos, sino cómplices, de un asesinato silencioso.

miércoles, abril 01, 2009

SORPRESA, SORPRESA...

La caída de la cúpula y la intervención pública de la Caja de Castilla la Mancha (CCM) deja un rastro de sorpresa e incredulidad en buena parte de la opinión pública.

No se esperaba que un episodio así llegara a constatarse, porque durante los últimos meses Gobierno, oposición y diversos expertos internacionales sólo han tenido, en general, buenas palabras hacia nuestro sistema financiero. Cúantas y cuántas veces hemos escuchado al profesor Solbes hablar de que nuestro ecosistema bancario gozaba de fortaleza y salud incomparables. Algo que Zapataro también ha repetido incansablemente, sobre todo en foros internacionales (recuerden aquel discurso en la ONU hace unos meses). Y cuántas y cuántas veces los principales banqueros de nuestros país han avalado estos planteamientos...

Pero hete aquí que alguna que otra entidad no iba tan bien como decían, impostadamente, sus números oficiales. Y el descalabro se produce, prácticamente, de un día para otro... Ante tal panorama, existen dos opciones: o nuestras instituciones de control (incluyendo al Gobierno y al Banco de España) no conocen en absoluto la verdadera realidad económica de nuestros bancos y cajas, o bien, que casi es peor, conocen sus puntos oscuros pero prefieren callarlos. Suponemos que, quizá, en un piadoso ejercicio de evitarle perder el sueño a los humildes ahorradores. Pero esta última alternativa se antoja ciertamente lúgubre: ¿no se engaña así a los ciudadanos?

El caso de CCM, dicen muchos, se veía venir. Pero nadie lo anunció, siquiera subrepticiamente, en público. Aunque Zapatero y Solbes han reconocido que sabían desde hace tiempo que CCM podría albergar "un riesgo de tener un problema en un plazo determinado". Como siempre que habla de economía, nuestro Presidente da una lección de rigor y concreción. Pero, obviando este detalle, aún así, si algo se intuía: ¿es la mejor opción tapar el problema? Y si además, tal y como se ha aclarado repetidamente estos días, CCM es perfectamente segura y que la intervención sólo tiene "una importancia relativa", ¿por qué no adelantarse a la repentina intervención pública y explicar, precisamente, que no hay motivo de preocupación? Nuestro Gobierno e instituciones, como otras muchas veces, actúan y luego explican (recuerden el caso Kosovo). Parecen no comprender las ventajas de implementar, al menos de vez en cuando, el modelo contrario de proceder.

La suspensión de pagos (o concurso de acreedores, como ahora dicen) de Martinsa-Fadesa también "apareció" abruptamente. Cabe preguntarse si "sorpresas" como ésta o la de CCM se repetirán en los próximos meses. El Gobierno tiene preparado desde hace tiempo un fondo de miles millones para comprar los activos tóxicos de nuestros bancos, si los hubiera. ¿Habrá que tirar de este fondo? ¿Habrá que aumentarlo?

De momento, parece que no. Y no conviene extender la idea de que nuestro sistema financiero tiene vías de agua, por pequeñas que sean. Generar confianza, como dice Zapatero recurrentemente, es fundamental para salir del bache. Pero estas "sorpresas" con las que los españoles se desayunan de cuando en vez restan mucha credibilidad al discurso oficial. Tengamos fe en que todo irá bien, sí. Pero el Banco de España ya ha dicho que no se descartan más intervenciones... O sea, que sí que hace falta "sanear"... Habrá que estar bien atentos... A ver si la próxima no nos pilla de "sorpresa"...

viernes, marzo 27, 2009

Y TÚ, ¿NO ERES ANTIBOLONIA?

Suele pasarle a la juventud española que, de un día para otro, se le hincha la vena y se erige como punta de lanza de las reivindicaciones sociales. Pero este repentino cambio de actitud, que va de la pasividad más absoluta a la revuelta callejera, suele tener, a corto plazo, fecha de caducidad. Y los resortes que la activan son muchas veces variopintos y legítimamente discutibles.

Un perfecto ejemplo para ilustrar esta afirmación es el autodenominado movimiento antibolonia. Ha germinado sin saber muy bien por qué y sus bases ideológicas son tremendamente difusas, amén de haber surgido atropellada e improvisadamente ante la acuciante presión de un calendario irrevocable, cuya fecha tope para la implantación del EEES es el año 2010.

Resulta curioso cómo es precisamente ahora, y no antes, cuando se produce el grueso de las manifestaciones antibolonia, nacen las plataformas opositoras y se promueven las consultas democráticas para conocer la opinión que sobre el proceso tiene el estudiantado. El documento base que puso en marcha Bolonia se firmó en 1999. En una década, los estudiantes han vivido absolutamente ajenos a él. En parte por su poca divulgación, competencia de las administraciones, pero sobre todo por el poco interés que los universitarios suelen desplegar por su propio periplo académico. España, ya se sabe, no puede presumir de una sociedad universitaria especialmente despierta y proactiva. Más bien de todo lo contrario.

Por ello, no extraña que el movimiento antibolonia haya tardado tanto en reflexionar sobre el futuro de la universidad española. Porque en el fondo, no le preocupa seriamente. Más bien, este movimiento opositor, que tanto ruido ha metido en los últimos meses, está secuestrado ideológicamente por movimientos de izquierda radical, de corte anarquista y antisistema, que han utilizado la oposición a Bolonia como un mero pretexto para recuperar cierta resonancia social. Baste escuchar o leer algunas de las reivindicaciones que tales grupos hacen públicas, a veces durante la ocupación ilegal de edificios públicos, método recurrente de los antibolonia para llamar la atención mediática.

Además de plantear una oposición barullera, tardía e improvisada, la falta de conocimiento sobre la materia y la deslavazada argumentación de sus líderes de opinión, ensalzan la sinrazón del movimiento antibolonia. Toneladas de demagogia y simplezas lo rebajan a lo caricaturesco. Esgrimen el secuestro de la universidad por parte de las voraces empresas privadas, afirmando contundentemente la desaparición del modelo público y gratuito. Sin más matices, tal sentencia es una perogrullada de grueso calibre. A un debate serio, profundo y universitario sobre un asunto de esta magnitud no se puede acudir con argumentos de brocha gorda. Si no se quiere, claro, quedar en evidencia.

La universidad española lleva décadas lastrada por un grave problema de financiación. Entre otras cosas, porque los alumnos pagan unas tasas bajísimas en comparación con otros países vecinos. Y porque, además, su modelo de desarrollo se ha demostrado insostenible, tratando de mantener prácticamente un campus universitario por provincia. La falta de fondos es acuciante y la calidad de la enseñanza sigue cayendo. Además, resulta ciertamente inconcebible que en España, tan sólo el 2,8% de las empresas colabore con la universidad, según datos del Consejo de Estado. A todas luces, no parece un porcentaje razonable si se pretende que España aproveche los, a día de hoy, pocos talentos que guarda en sus academias.

Bolonia es una oportunidad para reconducir la situación, y no un perverso plan cuyo fin es acabar con la universidad. Presumiblemente, Bolonia, bien aplicado (la cuestión es si en España se aplicará bien...), traerá más beneficios que desventajas. Más recursos puede ser sinónimo de saneamiento y de más calidad. Tocará dirimir, en todo caso, en qué (y por qué) gastar el dinero. Ese debate admitirá todo tipo de posturas, evidentemente. Pero antes de llegar a ese punto, no podemos sentar cátedra proclamando estentóreamente la invalidez de Bolonia.

Además, Bolonia introducirá interesantes cambios en el modelo pedagógico y de trabajo del alumnado. Primará, en teoría, el trabajo personal y el nivel de implicación de cada universitario, de tal forma que, de alguna manera, se promueve un sistema basado en la meritocracia, y no en la ley del mínimo esfuerzo, ahora imperante en un sistema que homogeneiza extremadamente a los estudiantes. En esa misma línea, el nuevo sistema alentará a la especialización de cada alumno, instándole a la realización de un máster. También se reduce la carga teórico-magistral de las licenciaturas (luego, "grados") y facilita la libre circulación de los estudiantes por todas las universidades europeas (homologando sus títulos en todos los países), ambas cosas tradicionales reivindicaciones del alumnado. En suma, pocos argumentos se encuentran para negar, a bote pronto, las bondades de Bolonia. Y menos cuando los argumentos esgrimidos son, de nuevo, verdaderamente torpes y endebles, como que los estudiantes tendrán "mucho trabajo" (odiosa idea para el universitario medio español, recuerden lo de la ley del mínimo esfuerzo).

Los estudiantes salen a la calle a protestar. Incluso, protagonizan, como hace tiempo que no ocurría, alguna buena tángana con la policía, en la que no falta la sangre. La pregunta es si tanto escándalo, moretones y carreras callejeras valen la pena cuando seguramente la mayor parte de ellos no se han sentado a repensar Bolonia. Muchos confiesan que no conocen apenas nada del proyecto, y sólo se guían por las consignas prefabricadas, vacías de contenido. Convendría invitarles a que practicaran el sano ejercicio de la lectura y se documentaran un poco. Aunque en realidad, tal actitud ni siquiera se fomenta en el día a día de la universidad española.

Claro está, Bolonia aún tiene muchas cosas por concretar y por decidir. Como por ejemplo, cómo podrán acceder a los másteres aquellos que tengan menos recursos económicos: ¿aumentarán las becas? Tampoco está claro que en España se vean los primeros resultados a corto plazo. Todo apunta a que el profesorado, también terriblemente acomodado en el actual sistema, no es el más preparado para adaptarse los cambios introducidos por el EEES. Incluso los plazos, a día de hoy, se antojan poco realistas para completar debidamente la adaptación. Apenas 138 títulos se han amoldado de los 2.000 que deben hacerlo.

En cualquier caso, y sin perder de vista estas reservas, el movimiento antibolonia no debe hacernos perder la perspectiva. Y seguramente se disuelva por sí solo, como otra moda pasajera cualquiera. La pena es que los jóvenes universitarios españoles no tengan la suficiente capacidad de autocrítica para zafarse de ellas. O lo que es lo mismo: poder pensar por sí mismos y no ser manipulados. Y dejémosles una pregunta en el aire: si tienen dudas sobre Bolonia, ¿por qué no ser alterbolonia, en lugar de ser, sistemáticamente, antibolonia?

martes, marzo 24, 2009

LA ENVIDIA DE AGUSTINA DE ARAGÓN

Aún a sabiendas de que me excedo en atribuciones, pues este tipo de temas no se tratan en Ex Profeso, me permito abusar de la amistad y la permisividad de su propietario para hacer un par de recomendaciones que considero interesantes, para el público en general y para aquellos que han elegido el periodismo como forma de vida, en particular.

En uno de esos buceos a tontas y a locas por la red, he descubierto recientemente un espléndido programa en RNE1 que, con el nombre de “Siluetas” y bajo la dirección de Manuel Ventero, recupera el género de la entrevista en el más amplio y hermoso sentido del término, dedicándole tiempo y trabajo a la vida y milagros de una serie de personajes que bien merecen una hora de charla pausada. Desde Ian Gibson, Juan Antonio Marina o Verónica Forqué hasta Eduard y Elsa Punset pasando por Josto Maffeo o Juan Luis Arsuaga, por citar sólo unos ejemplos. Muchas de estas perlas radiofónicas pueden escucharse y descargarse gracias al servicio de Podcast del programa, accesible en este enlace.

Aunque todas las entrevistas son dignas de elogio, quisiera detenerme y recomendar especialmente la dedicada a la periodista Pilar Narvión. Aquellos lectores que peinen canas la recordarán como una de las primeras mujeres en destacar en la profesión, sobre todo en la crónica parlamentaria durante la transición española, aunque este sea sólo uno de los múltiples componentes de una exitosa carrera en el desaparecido diario Pueblo, como cronista, columnista, corresponsal en Roma y en París y, finalmente, como subdirectora. El excelente trabajo de Manuel Ventero nos acerca a la vida de esta alcañizana de armas tomar que, a pesar de los achaques de la edad y la salud, conserva intacto todo su empuje y su carisma, su instinto periodístico y su lucidez. Pueden escuchar y descargar el programa aquí.

Gracias a un prodigioso y feliz efecto dominó, esta entrevista me descubrió la biografía que, sobre esta portentosa mujer elaboró el tambien periodista Juan Carlos Soriano gracias a una serie de charlas “en corto” con Doña Pilar, a quien le une una estrecha amistad. Se trata de un espléndido testimonio de nuestra historia reciente relatado, además, por una de sus más destacadas protagonistas. La entrevista en RNE y el libro, que también recomiendo vivamente, son dos oportunidades inestimables para comprobar cómo son y cómo se comportan aquellos que realmente marcan la diferencia, además de la excusa perfecta para pasar un rato realmente agradable.

Ficha bibliográfica:
Tïtulo: Pilar Narvión: andanzas de una periodista perezosa (conversaciones con Juan Carlos Soriano)
Autor: Juan Carlos Soriano
Editorial: Ediciones Tirwal (Teruel)
Año: 2008
Edición: 1º
ISBN: 978-84-612-2072-4
Fdo: Bertuccio
El Faro de Alejandría