martes, diciembre 22, 2009

EX PROFESO, DECLARADO 'BLOGDELDIA'

A este humilde blog le ha tocado hoy su particular lotería. Ha sido destacado por la bitácora Blogdeldia, que selecciona "a los mejores blogs de la blogosfera”.

Aunque aún me queda mucho trabajo para que este pequeño rincón cibernético sea digno de semejante etiqueta, agradezco a los editores de Blogdeldia que se hayan fijado en Ex Profeso. Ayudará a darlo a conocer.

Estamos a las puertas de la entrada número 100. Intentaré escribir algo especial.

Muchas gracias a todos por seguir ahí.

miércoles, diciembre 09, 2009

EL "CLIMAGATE": URDIENDO LA TRAMA NEGACIONISTA

Hasta hace sólo cinco minutos he estado valorando si hablar de este asunto merecía la pena o no. Y no crean, llevo varios días barruntando la idea, no les hablo de una breve y frugal cavilación. Mi cabeza comenzó a carburar sobre todo desde que, en un kiosko dutyfree del aeropuerto Barajas, me encontré de bruces con una revista de gran tirada (filial española de una publicación internacional) que, con una vistosísima portada, anunciaba toda una proeza: el cambio climático es mentira. La conspiración, al descubierto. No quise ojear mucho más. Pronto vi el tono y el fondo de la cuestión.

El más que presunto escándalo del “Climagate” ha tomado forma donde hoy en día se abonan toda clase de conspiraciones mundiales: en Internet. Y de ahí, y eso es lo preocupante de verdad, ha saltado a diversos foros, incluyendo los medios de comunicación de masas “tradicionales”. Y en la calle flotan algunas dudas sobre el cambio climático justo cuando menos falta hacen esas vacilaciones.

Los negacionistas son los clarísimos instigadores del "Climagate". Aunque, ciertam
ente, no debe sorprendernos que hayan salido ahora a la palestra con especial prominencia. Al fin y al cabo, qué mejor momento que éste para poner palos en las ruedas, justo al comenzar la Cumbre de Copenhague. En algún momento iban a llamar la atención.

Estos negacionistas extienden la idea de que no hay tal cambio climático, y que si lo hay, este se produce de manera natural, c
omo “otros que ha habido antes”, y que la acción humana no tiene nada que ver. Eso sí, evidencias para avalar tal tesis no se han aportado nunca. En todo caso, sólo un puñado de planteamientos pseudocientíficos no demostrables y defendidos minoritariamente.

Pero el titular es llamativo igualmente. Y confunde a la opinión pública. Detrás del negacionismo, encontramos casi siempre ideas ultraconservadoras, de inspiración neocon, y que poco o nada tienen que ver con la ciencia. Los negacionistas están al servicio de un status quo que defiende un modelo de vida mundial encastrado en la injusticia y la sobreexplotación. Tanto de seres humanos como de recursos naturales.

El negacionismo se está aprovechando de la desidia e inacción de la presente generación. Sus defensores hurgan en la idea de que no merece la pena cambiar nuestro acomodado estilo de vida. No hay que renunciar a nada, ni lastrar nuestro “progreso” y “crecimiento”. Porque, al final, esto no depende de nosotros. Es la Naturaleza la que ha decidido que ahora toca calentar el planeta, y ante ese providencial designio nada debemos hacer. Y estas proclamas, a oídos de nuestra escapista sociedad, suenan a música celestial

Pero la idea
es falsa, falaz. Desde luego, porque hay centenares y centenares de estudios desde hace varias décadas, empíricos y ajustados al modelo científico, que certifican que el cambio climático se está produciendo. Son miles de investigadores, de todas las ramas, nacionalidades e ideologías, los que han llegado a conclusiones idénticas. Es entonces inmensamente necio y pueril llegar a considerar que detrás de tal planetario consenso hay una gran conspiración. Porque, ¿qué mejor estrategia que la demagogia de la cábala cuando hay que deslegitimar un consenso?

Evidentemente, es innegable que hay matices entre los diversos estudios. Y como bien recuerdan los mejores científicos, el matiz y la duda son los motores de la ciencia (vaya, como en el periodismo… supuestamente). Pero esos matices no son, ni mucho menos, incoherentes entre sí. Ni empañan la conclusión final: el cambio climático existe, es verdad.

Lo que no es verdad es que no exista consenso científico en el asunto capital: que la mano del hombre está detrás del fenómeno. Hace tiempo que se reconoce al ser humano como uno de los culpables. Otra cosa es alcanzar un acuerdo en la cifra que tase nuestra parte de responsabilidad (si es que eso tiene sentido): ¿el cambio climático es al 100% causado por el hombre? ¿O quizá un 80% o un 60%? Y menos, ¿es posible? Esta es la presente discusión, y no otra.

Porque está inapelablemente demostrado (y comprobado por nuestros propios ojos), que el clima mundial está transformándose. Se nota en pequeñas cosas, no hace falta ser experto. Y sobre todo, se ha notado su espectacular aceleración. En 30 años, algunas partes del mundo se han transformado por completo. El cambio climático se produce a un ritmo que no se corresponde con un proceso de causas exclusivamente naturales. Nosotros hemos acelerado el ritmo del calentamiento global con nuestros residuos.

Y aún en el casi imposible escenario de que finalmente se estipule que el ser humano no tiene tanta responsabilidad como se intuía, las ideas negacionistas siguen siendo estúpidas. ¿Acaso por el mero hecho de no ser nosotros los responsables directos del cambio climático debemos obviar lo que ocurre? ¿Seguimos sobreexplontando la Tierra, quizá con más “razón” que nunca? ¿Es esa la coartada? Es absurdo y egoísta. Porque, sea como fuere, si el cambio climático se nos echa encima, tengamos mucha o poca culpa, las consecuencias que sufriremos serán exactamente las mismas. La pasividad propuesta por el negacionismo no nos vale. Aunque sea sólo por mero instinto de supervivencia.

Es probable que cada día haya más negacionistas. El perverso sistema de vida que nos hemos dado tiene sus propios mecanismos de supervivencia y las resistencias están aflorando. Y va a resultar más complicado de lo aparente rebatir el discurso del negacionismo. Hemos comprobado otras muchas veces que, a pesar de los datos y de los argumentos que pueda aportar la razón, siempre es difícil aplacar a la demagogia. Y a veces, ni se consigue. Sobre todo cuando la masa escéptica es la mayoritaria… y termina por alinearse con la postura fácil.

martes, diciembre 01, 2009

CATHERINE ASHTON Y LA PRENSA MACHISTA

Revolución en la UE. Seguramente más cosmética que de fondo, pero con cambios de cierto relieve mediático, al fin y al cabo.

Dos nuevas caras: Van Rompuy y Catherine Ashton. Él será el primer presidente del Consejo Europeo de largo mandato. Ella toma el relevo de Javier Solana y liderará la Política Exterior y de Seguridad Común de los 27, además de ser la nueva Vicepresidenta de la Comisión Europea.

Ambos, dice casi toda la prensa europea, son dos “actores secundarios”, “gente de segunda fila”. Son, según más de un sesudo analista, los típicos “políticos grises” y con “falta de experiencia” para desempeñar sus nuevas labores. Y ya se sabe: palabra de experto, cátedra indiscutible.

De estas veladas y diplomáticas descalificaciones no ha podido escapar ninguno de los dos nuevos jerarcas de la Unión. En este campo, es verdad, no ha habido distinciones. Pero sí las ha habido, en cambio, en otro aspecto. Y aquí los deslustres no han sido precisamente velados ni diplomáticos, como los anteriores. Y se han dirigido en exclusiva hacia Catherine Ashton. O sea, a ella. Es decir, hacia la mujer. En esencia: el machismo irredento vuelve a aflorar. Y con fuerza inusitada. Y encima, para nuestra propia vergüenza, asoma la cabeza en la prensa española.

La lectura de un artículo publicado en portada (ahí estuvo casi un día entero) por elmundo.es, pocas horas después del nombramiento de Ashton, y titulado “La ministra fea”, firmado por María Ramírez, provoca, como mínimo, terribles sonrojos. La “crónica” es un auténtico desgarro mental.

En ella leemos lo que sigue:

Después de todo, eso que llamamos carisma tiene que ver con la personalidad, pero también con un aspecto agradable, suave o peculiar.(...)


Barack Obama, Tony Blair, Felipe González, José Sócrates o John Kennedy probablemente no hubieran alcanzado el liderazgo sin algún gancho exterior, y eso explica el atento cuidado a su imagen (...)


Son, la cara de Europa, si su función es representarla, algo tendrá que ver el aspecto. La ausencia de belleza exterior no es excluyente para llegar a la cumbre, pero sí requiere unas cuantas dosis más de belleza o fuerza interior que la compense.(...)


Pero, probablemente, ya se habría encontrado un brillo en la mirada o un gesto agradable en la baronesa si lo realmente feo no fuera su currículo (...)


Es una broma!,repetían indignados los periodistas británicos, que de pronto ayer deseaban que Javier Solana se quedara en el puesto. Es cierto que el ex ministro español hubiera necesitado una buena hidratante hace unos años y un asesor de estilismo, pero para qué negar, que sus sonrisas y su sabiduría se echarán de menos. (...)

La rebosante brillantez de tales sentencias no merece mucho más allá comentario por nuestra parte. Estamos seguros de que ellas mismas se auto descalifican. Pero, recordaremos, eso sí, porque no es un detalle menor, que quien firma semejante barbarie es una mujer. Y el peor machismo, el más peligroso y dañino, es el ejercido por las propias mujeres.

La sombra machista continúa ensombreciendo los méritos de las mujeres políticas. Recordarán los lectores de Ex Profeso otras historias similares. En su día, contamos lo que aguantó Ségolène Royal al convertirse en la nueva líder del Partido Socialista francés. Y nos hicimos eco de algún desagradable capítulo en la carrera política de Angela Merkel. Pero cuántas cosas más suceden a diario y no se cuentan…

Pero, por repartir críticas, bien podemos decir que el movimiento feminista radical tampoco está haciendo ningún favor a los que, más sosegada y pragmáticamente, promueven los avances de las mujeres. Incluso parece que ese “hembrismo” contamina los discursos de quienes, en principio, deben huir de radicalismos inútiles. A las pocas horas de conocerse el nombramiento de Ashton, escuchamos al Presidente de nuestro Gobierno decir que “habría sido injusto no elegir a una mujer”.

La afirmación supura ignorancia. Lo verdaderamente injusto (y un terrible paso atrás) hubiera sido escoger para el puesto a una mujer por el mero hecho de serlo. Eso ni siquiera es discriminación positiva, es implantar un sistema de cuotas que pisotea el concepto de meritocracia. Es algo que va en contra del interés general, y por tanto, también en contra de las mujeres. Aunque, en realidad, tampoco sorprende que sea Rodríguez Zapatero el que acuñe tales sentencias. Al fin y al cabo, él ha sido el primer Presidente de nuestra democracia en hacer equipos paritarios a golpe de imposición.

Al final, episodios como el de “Lady” Ashton (por cierto, el tratamiento de Lady también es machista) sólo sirven para atestiguar lo peor: que la prensa aún es muy carca y que la política sigue sufriendo ceguera. Vaya cuadro… a estas alturas.

miércoles, noviembre 18, 2009

NUEVA ENCUESTA: ¿Qué opinas de que se haya pagado un rescate por el "Alakrana"?

Para contestar, acude a la parte derecha del blog. En la parte de arriba del menú están las cuatro opciones de respuesta.

Si quieres matizar tu opinión, o hacer cualquier otra reflexión sobre este u otro asunto, puedes dejar tu comentario en esta misma entrada.

Gracias por tu tiempo.

Archivo de encuestas anteriores

martes, noviembre 17, 2009

CRÓNICA DE UNA INJUSTICIA. SÓLO DE UNA...

Hace algunas semanas, realizando un reportaje sobre los refugiados medioambientales, conocí a Serigne, un joven senegalés. Y enseguida me di cuenta de que esa entrevista me iba a dejar mucho poso. No sólo para el reportaje, cuyo testimonio le dio vida y rostro humano. Sino porque, toda su historia, todo su relato, tuviera que ver directamente o no con el contenido de la información, era de muchos kilates.

Cuando (sobre)vivía en Senegal, Serigne era pescador, como casi todos los jóvenes nacidos en la costa de su país. La pesca allí sigue métodos tradicionales, y es absolutamente artesanal. Así ha sido durante generaciones.

Hasta la suya. Me contó Serigne que, en cuestión de un puñado de años, se fueron quedando sin pescado. El caladero ya no daba de sí. Estaba esquilmado. Y los culpables, me dijo con toda la razón, son los buques de pesca europeos. Entre ellos, los españoles. Esos barcos de pesca industrial han arrasado los bancos de peces. Sin miramientos. Con voracidad.

Serigne, con un discurso muy pausado, tranquilo, más propio de un analista cualquiera que de una víctima, me narró cómo, aun con todo en contra, él y los suyos intentaron luchar por su modo de vida. Sabían que, a medida que los peces escaseaban, más lejos de la costa había que ir a pescar. Y, por tanto, mayor heroicidad requería el oficio. Porque no es fácil, ni nada conveniente, irse muy lejos con cayucos de madera infraequipados con unos viejísimos motores fueraborda. Eso, si las barcas no funcionan, simplemente, a remo.


Aún así, los intrépidos pescadores, como Serigne, se lanzaban a jugarse la vida todos los días. A intentar competir con los grandes buques occidentales. Algunos llegaban a empeñar todo lo que tenían para equipar sus cayucos con motores más potentes. Aún así, claro está, derrota total frente al expoliador.

Así que, sin pesca, dos opciones: reciclarse profesionalmente, como decimos nosotros en los países “modernos”, o marcharse. Serigne, me decía, intentó optar por lo primero. Aunque veía, casi a diario, cómo sus vecinos se subían a una patera para llegar a Europa y buscar trabajo. Pero él se resistió durante bastante tiempo. Era consciente de que esa opción era “un suicidio”.

Pero al final, se embarcó.

Eran 94 personas en una balsa. Apenas comida, apenas agua. Su guía, inútil en el mar, un GPS casi sin batería. Ocho días flotando…

Pero llegan a Tenerife. Quién sabe si acompañados de esos amables titulares que alguna parte de nuestra mentecata prensa les dedica: “Nueva oleada de sin papeles”; “Continúa la llegada masiva de pateras”; “100 ilegales más llegan……”, etc. etc. Como marca el protocolo, son detenidos. Y se tramita su orden de expulsión, que como casi siempre se queda en nada.

Definitivamente, como otros muchos, se queda aquí, en España. Paradójicamente, intenta ganarse una segunda oportunidad en la misma Europa que ha expoliado los caladeros de su país, robándole su modo de vida. Pero me dice que muy pronto él y sus compañeros se dan cuenta de que Europa, de paraíso laboral, tiene poco. Y de buena gente, debe de andar justa. Cuenta que sufrió todo tipo de abusos. Le contrataban ilegalmente durante un mes y no le pagaban, por ejemplo. Y eso, más de una vez. Y amargamente maldecía su suerte: “¿Qué iba a hacer, si no tengo los papeles? No puedo ni poner una denuncia…”. Porque encima, si lo intenta, el que va al calabozo es él, y no el verdadero delicuente.

Ahora Serigne es uno de esos manteros que “trafica con la propiedad intelectual de los artistas”. Esos que vemos echar a correr con el saco a cuestas cuando la policía se acerca a ellos “cumpliendo su deber”. Serigne es uno de esos “negros de mierda que vienen a quitarnos el trabajo”. Serigne me concede la entrevista a escondidas, en un patio cerrado, porque si no: “la policía, si nos ve, me va a detener otra vez”. Serigne es un esclavo del siglo XXI, que vive en un piso con otra decena de africanos. A Serigne, durante los últimos 37 años, no le hemos dejado vivir.

Aún así, gracias a una ONG, está estudiando. Y demuestra, doy fe, una capacidad reflexiva y oratoria a años luz de la del vulgar español, ese que a veces le denigra. Su mirada es inteligente. Serigne no es ningún inconsciente. Y menos, ignorante.

Por eso, cuando le pregunté por su familia (mujer, hijos, hermanos, padres, tíos, primos… El concepto de familia allí, en África, “es más amplio”, me dijo), le vi categórico:

“No quiero que vengan. No quiero que pasen por lo que yo estoy pasando aquí”.

Y se me heló la sangre.

martes, noviembre 10, 2009

¿ME PONE CUARTO Y MITAD DE TALENTO, POR FAVOR?

Recientemente, por uno de esos azares que deparan el calendario y el destino, hemos asistido a la desaparición, casi simultánea, de tres personalidades destacadas del mundo de la cultura: José Luis López Vázquez, Francisco Ayala y Claude Lévi-Strauss. En apenas tres días nos hemos quedado sin un grande de las tablas y el celuloide nacional, sin uno de los escritores más importantes del panorama literario en castellano, último de la denominada Generación del 27, y sin uno de los pensadores e investigadores más relevantes del siglo XX, padre de la Antropología moderna – que se dice pronto –.

Por fortuna, los tres han fallecido dejando a sus espaldas dilatadísimas trayectorias vitales y profesionales en sus respectivas disciplinas; la muerte les ha sorprendido, imagino, con relativa serenidad y como cruel aunque inevitable consecuencia de la despiadada ley que impone la Naturaleza. Evidentemente, cada uno de ellos ha tenido en vida seguidores y detractores, afrontaría críticas y elogios con mayor o menor fortuna. A partir de ahora,
sus obras hablarán por ellos y, como dicta el refranero, el tiempo pondrá a cada quien en su lugar. No pretendo ofrecer aquí un obituario, ya que otros más y mejor preparados que yo se han encargado de ello en días pasados. Sí quisiera, sin embargo, enlazar el triste acontecimiento con alguna que otra reflexión.

Debido a la proximidad en el tiempo de los fallecimientos, ha quedado más patente de lo habitual el hecho de que
asistimos al ocaso de una prolífica y talentosa generación, cuyos éxitos serán difícilmente igualables en el futuro. Y ésta es, quizás, la clave del asunto. Al dolor por la pérdida humana y personal, se une un incómodo sentimiento de vacío al comprobar que no existe relevo generacional posible que trate de rellenar, siquiera una parte del hueco que queda tras la partida de personajes de esta envergadura. Como es lógico, los logros actuales no adquirirán toda su dimensión hasta dentro de varios años.; aún no tenemos la perspectiva apropiada para sopesarlos. No obstante, viendo las condiciones en las que se está desarrollando esa generación – a la que yo mismo pertenezco – y las trazas de la que la sigue, no hay muchas razones para ser optimista.

Puestos a etiquetar – nefasta moda, por cierto –, abogaría por denominar a los hijos del
baby boom de los 70 como la Generación del Desencanto. La mía es una generación pletórica de energía, fuerza y talento a la que, a edad temprana, se le abrió la puerta del futuro, de la prosperidad y el éxito. Con la efervescencia propia de la juventud, tratamos de asir todo aquello a lo que se supone que teníamos derecho, procuramos igualar y superar a nuestros modelos, esos que alcanzaron su plenitud a inicios y mediados del siglo XX. Era el nuestro el reino de la oportunidad y la posibilidad, con unos referentes morales y profesionales bastante definidos, con independencia de cuál fuera nuestra área de interés.

Y en algún momento, el escenario cambió.
Las puertas antaño abiertas, hoy se cierran a cal y canto. La ilusión es sustituida sistemáticamente por el miedo y la desesperanza y, lejos de procurar utilizar el talento que poseemos – que no es poco – para prosperar, nos limitamos a sobrevivir, con el horizonte del futuro ubicado apenas unas semanas o meses delante de nuestra vista. Los años pasan, la efervescencia juvenil se transforma en conformismo y, como guinda de este descorazonador pastel, asistimos a la natural desaparición de nuestros referentes, tal y como hemos comprobado en días pasados. El caldo de cultivo para nuestro desarrollo no es nada propicio. Y no trataré de realizar vaticinios sobre las generaciones venideras, pues no tengo afán de futurólogo.

No se trata tan sólo de un negro panorama laboral o un entorno de crisis económica – ese término que, de tan manoseado, ha perdido todo significado para muchos –. Considero innegable el
progresivo y acelerado declive al que asistimos, manifestado en áreas tan dispares como la política, la economía, la educación y la fijación de uno los valores no negociables, unas líneas maestras que deben conformar el armazón de nuestra sociedad con vistas al futuro. Además, muchos observamos con desesperación cómo las esferas de la creación artística, la cultura, el pensamiento y la reflexión soportan constantes muestras de menosprecio y ninguneo; la falta de atención que parecemos mostrar hacia otro de los pilares esenciales de nuestra sociedad es alarmante. Nos limitamos a arañar la superficie sin profundizar ni analizar absolutamente nada. Y la combinación de una juventud desencantada y sin un futuro claro con una sociedad carente por completo de referentes y base cultural – entendiendo la Cultura en su sentido más amplio, más allá de subvenciones y medidas cortoplacistas para salir del paso –, puede configurar un peligroso explosivo, cuyo instante de detonación es incierto, aunque posea una capacidad de devastación difícilmente medible. A la generación responsable de reconducir la situación le están arrancando a zarpazos las ganas de actuar, mientras el tiempo pasa, ajeno a todo. Quizás sólo quede recurrir a la política del avestruz, escondiendo la cabeza. Cuando en el futuro nos rasguemos las vestiduras, convendrá saber qué hemos hecho mal. Aunque sea tarde.

Fdo:
Bertuccio
El Faro de Alejandría

jueves, octubre 15, 2009

HABLEMOS DE CAMBIO CLIMÁTICO: BLOG ACTION DAY 2009

Hoy es el Blog Action Day. Un día en el que los bloggers de todo el mundo se unen para reflexionar sobre un mismo tema. Afortunadamente, trascendente y de alcance internacional. Que para escribir perogrulladas y necedades ya está el resto del año y toneladas de inútiles blogs-basura.

En una sociedad cada vez más conectada, con gran facilidad de acceso a ingentes cantidades de información de calidad, este tipo de efemérides cada vez deberían pasar menos desapercibidas. Una ciudadanía mental y políticamente responsable, moderna y con presencia en la Red, puede y debe participar en tales debates. Por eso, desde Ex Profeso nos hemos sumado a la iniciativa.

En esta edición, el Blog Action Day está dedicado a uno de los grandes temas de nuestro tiempo: el cambio climático. Porque la degeneración del planeta es evidente, empírica: se ve, se huele, se toca. Y aún así, no hacemos nada. Es como si estuviéramos ensimismados ante la cuenta atrás de un reloj, esperando a que llegue a cero, y sabiendo lo que pasará cuando eso ocurra. Y aún así, sí, no hacemos nada. Dejamos el tiempo pasar…

Seamos honestos, casi nadie de nosotros hace lo suficiente por el medio ambiente. Lo que, es verdad, a estas alturas ya debería repugnarnos. Pero, seguramente, peor es no ser consciente del calado del problema. En este crucial asunto, la ignorancia, real o simulada, casi resulta más dañina. Porque para promover una movilización cualquiera, perentoria en este caso, es condición sine qua non conocer de primera mano el hecho motriz que merece que ésta se desencadene. Hace falta, pues, mucha pedagogía. Como en ocasiones encontramos, magistralmente, en el cine.

Hace pocas semanas cumplí con algo pendiente: ver el largometraje Tierra.

Me quedé fascinado, porque es un documental realmente vibrante. La calidad de sus imágenes roza lo sublime: enternecen y conmueven cualquier conciencia, por escéptica que ésta sea. Y guarda en su guión una gran virtud: sin necesidad de cargar las tintas sobre quiénes tienen o no la culpa del creciente desastre, sin necesidad de señalarnos a todos como los grandes devoradores de la diversidad de nuestro planeta, y sin necesidad de abrumar al espectador con una inabordable riada de argumentos científicos, muchos incompresibles, la película da, certeramente, en el clavo. Uno termina sacando las necesarias conclusiones sin la presencia en pantalla de mayores artificios.

En ningún momento de la cinta aparece representado, directa o indirectamente, el ser humano. El protagonismo absoluto es para esos otros seres que conviven con nosotros, con quienes compartimos el planeta, y a quienes, eso sí queda claro, estamos haciendo la vida imposible. Tierra nos abre los ojos. Nos enseña una realidad paralela a la nuestra, que existía ya mucho antes de que nosotros, los humanos, nos creyéramos seres extra naturales, superiores. Al margen.

Es evidente que otras películas de género similar han recibido mayor pleitesía, recibiendo premios ciertamente obscenos. Y sin embargo ésta, Tierra, emociona como ninguna otra. Y, seguramente, sea más efectiva en su mensaje. Pues si siempre encontraremos quienes rebatan los argumentos de Una verdad incómoda, seguramente nunca toparemos con detractores de lo expuesto en Tierra.

La película, a fin de cuentas, tiene un objetivo fundamental: que nos demos cuenta de esas maravillas, grandes y pequeñas, que vamos a perder por culpa de nuestra egoísta y miope actitud. Tierra es, realmente, pedagogía de la buena.