El otro día se nos “cayó” del Telediario la siguiente información: el Banco Santander anuncia que este año volverá a tener unos beneficios de 8.900 millones de euros, un botín muy similar al del año pasado. Y eso, con crisis y todo. En total, echando cuentas, hablamos aproximadamente de unos 18.000 millones de euros en sus dos últimos ejercicios. Y recalco: son beneficios, no meros ingresos.Pero la noticia ha pasado de puntillas por los medios de comunicación. No sé si ha sido por un ataque de vergüenza ajena por parte de los editores, en cualquier caso trivial e innecesario, o porque los periodistas no hemos sabido contextualizar el dato. A veces, determinadas cantidades resultan difícilmente mensurables para el 99’99% de los mortales. Porque, hablándose de los beneficios de un banco, uno ya no sabe si eso es “mucho o poco”. Pero para eso están las comparaciones más mundanas, pedagógicas, mucho más comprensibles. Así, para saber que los beneficios del Santander son escandalosamente onerosos (no pierdan de vista la cuenta: 18.000 millones en dos años), baste repasar la cifra del “imprescindible ajuste” que se ha ingeniado nuestro Gobierno para reducir el déficit público: 15.000 millones antes de que termine el 2011.
Es decir, los beneficios del Banco Santander (sólo del Santander…) superan con creces a los tijeretazos que el Gobierno le ha dado a la partida del gasto social. Ya sólo los beneficios del banco en este último ejercicio (los anunciados 8.900 millones) superan, y mucho, a los 5.000 millones que “debe” ahorrar el estado antes de que termine este 2010.
Atención: la congelación de las pensiones se cifra, dice el Gobierno, en 1.500 millones. Es decir, Don Emilio podría pagar de su bolsillo la subida de las pensiones, y aún le sobraría una fortuna.
Les invito a que rebusquen informaciones sobre la cuenta de resultados de los grandes bancos desde el año 2008, año oficial del inicio “la crisis”. Y miren, concretamente, los de los bancos españoles. Y luego, entenderán lo terriblemente obsceno que resulta comprobar que mientras el sector público se ve “obligado” a recortar las pensiones y los salarios, echando cuentas “dolorosas”, los bancos tienen una agenda completamente distinta, y dibujan desde sus oficinas escenarios futuros rebosantes de opulencia, lucro y poder desmesurado. Y nadie dice nada. ¿Tendrá algo que ver lo bien que se lleva nuestro Presidente con Don Emilio?
Resulta aberrante, inmoral, que medio mundo baile al compás marcado por los planes de los banqueros y las “instituciones” que los representan. El FMI, el BM, el BCE, la Fed… O las agencias de calificación, como Moody’s, Ficht o S&P, son instrumentos al servicio de los bancos. Exclusivamente. Juegan con sus reglas, y casi todos sus directivos provienen del sector financiero, en el que antes se han hecho multimillonarios. Y al que luego regresan para seguir ganando más y más.
Ese contubernio de siglas es el que dicta las normas, sentencia a países, o impone recortes aquí o allá. Todo porque así lo exigen Los Mercados. Ese mastodóntico eufemismo en el que, anónimamente, se esconden quienes, con nombre y apellidos, controlan la riqueza y la influencia mundiales. Esos sacrosantos Mercados no son más que unos cuantos centenares de empresas, multimillonarias, que llevan décadas amasando fortunas inexorablemente, con crisis o sin ellas. Miren quiénes son los protagonistas del IBEX-35, del CAC 40, del DAX, del NASDAQ… Los protagonistas de Los Mercados son quienes ahí operan. Sus dueños, no precisamente filantrópicos mecenas, son Los Mercados. No se equivoquen: ni ustedes ni yo estamos en ese “juego”. Las medidas que se anuncian por el bien de Los Mercados no le incluyen a usted. Aunque supongo que ya se habrá dado cuenta.
Recientemente pude ver el retrato que Oliver Stone hizo de Wall Street (1987), y en el que un solvente Michael Douglas interpreta a Gordon Gekko, un especulador sin escrúpulos, uno de aquellos “tiburones” financieros que por entonces, y exactamente igual que ahora, participaban del auténtico Monopoly mundial de los años 80. De hecho, él dice, con razón, que todo es un “juego”. “Yo no creo nada, sólo poseo”, espeta en un extraordinario diálogo, en el que anticipa lo que, ahora, en 2010, es nuestra inenarrable condena: “No serás tan tonto como para creer que esto es una democracia, ¿verdad? ¿Estás loco? Esto es el mercado libre”.
Y así, estos días muchos se echan las manos a la cabeza cuando se percatan de que el gobierno ya no es del pueblo, sino de Los Mercados. Que la soberanía económica no pertenece a un estado, sino a un oligopolio internacional sediento de fortunas. Y lo peor, es que hemos hecho las reglas del “juego” tan a su medida que ahora parece que son inmutables.
Ya hace años que se debate sobre la necesidad de que la democracia y la política le recuperen el terreno a la economía. Si el gobierno mundial continúa regido por la regla del beneficio y la codicia particulares, es bien sabido que las crisis se sucederán cada vez con más frecuencia y mordacidad. Conviene que empecemos a ponerle puertas al campo, aunque a algunos les parezca imposible. La tasa Tobin o un impuesto a los beneficios de los bancos serían un buen comienzo. Pero auguro que los políticos no querrán quedar mal con sus amigos.









4 comentarios:
En mi opinion, los bancos valoran al alza los beneficios de cara a los accionistas. pero creo que la realidad actual es otra, se están cargando de activos inmobiliarios que en la mayoria de los casos valen un tercio menos que hace dos años.
Y por otro lado estan sosteniendo a constructoras-inmobilierias, de las que son mayoritarios en el accionariado, renegociando continuamente sus deudas para evitar su quiebra, cuando sus activos reales seguramente no cubren la deuda.
Es probable que SAN y BBVA se salven de la quema por su rentabilidad en el exterior, pero ya veremos los beneficios de los prosimos años.
Hola Helio:
Pues no veo nada claro lo que argumentas, compañero. Los bancos hacen dinero a espuertas, sin medida. Se garantizaron sus pingües beneficios con las fusiones que se dieron en los 90. Nuestros campeones nacionales no maquillan sus resultados masivamente, creo yo. Simplemente son los que son porque ganan mucho dinero.
Respecto a la bolsa inmobiliaria que atesoran, es mucho mayor la de las cajas que la de los bancos. Entre otras cosas, porque las cajas han dado (y dan) más hipotecas. Por tanto, son ellas las que se han quedado con más pisos de impagos, y son ellas, en todo caso, las que podrían tener sus cifras patrimoniales hinchadas.
Y no te preocupes, los beneficios de los grandes bancos no desaparecerán en los próximos años. Al revés, más bien.
Pero el tiempo nos dirá quién tiene la razón.
Un saludo.
Aitor, creo que esta conexión tan sencilla, poner los beneficios del Santander de un par de años al lado de tantos pequeños o grandes sufrimientos de tanta gente, me ha llegado mucho más emocionalmente (que es una forma crucial de estar en el mundo) que todos los análisis sesudos que he leído. Decía Lorca que poesía era la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio. Quizá periodismo sea unir dos ideas, palabras o datos que debían estar juntos, y crear con ello algo así como una claridad.
Un saludo,
Emilio Luque
Muchas gracias, Emilio. Tu comentario es tremendamente amable... no lo merezco.
Fue un placer conocerte. Quizá en el futuro volvamos a colaborar.
Un abrazo!
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