lunes, agosto 03, 2009

ENTREVISTA A ROMÁN GUBERN

Ex Profeso comparte esta vez con sus lectores una pieza periodística de interesante contenido. Una entrevista, firmada por César Brito (amigo, colega de oficio y fiel seguidor de este sitio, al que ya hemos leído en alguna que otra ocasión), a Román Gubern, catedrático emérito en Comunicación Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona. En ella, se deslizan sugerentes y sabrosas conclusiones acerca del papel jugado por nuestro cine a la hora de conformar nuestro imaginario colectivo, de dar plasticidad, color y formas a nuestra particular y compleja historia. El grueso de la conversación pivota sobre la Guerra Civil: ¿Le han dado los cineastas excesivo protagonismo? ¿Es un filón todavía por explotar, o está agotado? ¿Es la televisión la heredera de esa temática? Las respuestas y opiniones de Gubern, a continuación.

____________________________________________________________________

Román Gubern: «La Guerra

Civil está impresa en nuestro

mapa genético»


Durante el tardofranquismo y la Transición, ¿trató el cine de recuperar el protagonismo hurtado por la historia de los vencedores de la guerra?

Hubo películas que intentaron romper con los corsés y las convenciones triunfalistas del franquismo como ganador de la guerra. Carlos Saura, con La prima Angélica (1973), Premio Especial del Jurado en Cannes, provoca una conmoción cuando la película se estrena en España. El tardofranquismo, como todo final de régimen, fue una época de descomposición y confusión y la censura llegó a permitir su proyección, en plena apertura, con Pío Cabanillas en el Ministerio de Información. Podemos observar cómo el bueno era una víctima del franquismo y el malo un falangista, al que se ridiculizaba. Provocó indignación en los sectores más duros del Régimen y los medios de comunicación afines. Incluso hubo asaltos en algunos cines. Era síntoma de que el franquismo se desmoronaba.


La censura despertó el ingenio de los cineastas. Los directores de hoy no tienen que luchar contra ella. ¿Es algo que no favorece al cine actual?

Es una cuestión muy pertinente. Como guionista, puedo decirle que también a mí me tocó sortear la censura y, cuando la tienes encima, es cierto que agudizas el ingenio. Esto no implica un elogio hacia la censura, que es mala per se y no debe permitirse jamás, pero es verdad que gente como Saura o García Berlanga hicieron de la restricción una virtud, utilizando formas elípticas de narrar, alegorías, metáforas y demás subterfugios. No deseo, en modo alguno, que la censura vuelva, pero es cierto que hoy en día se perciben menos estímulos. Hay una permisividad total y, ante este panorama, muchos directores se abandonan a lo más fácil.


Durante mucho tiempo se acusó al cine español de utilizar la Guerra Civil como tema recurrente ante su falta de ideas. ¿Qué opinión le merecen estas críticas?

Pues, debo decir que esto no es verdad. Desde la muerte de Franco se habrán hecho, como mucho, y grosso modo, unas 50 películas sobre este tema. Teniendo en cuenta que han pasado poco más de 30 años desde la muerte del dictador, no creo que sean tantas. Es cierto que, al existir una gran insistencia en el tema durante los ocho o diez primeros años tras el franquismo, se creó en la industria la idea, el tabú, de que la gente estaba cansada de la Guerra Civil. Esto no es cierto. La Vaquilla (1985), de García Berlanga, se convirtió en la película más vista del cine español en el momento de su estreno, algo que también sucede con Ay Carmela (1990), de Saura. Es verdad que se creó esta especie de eslogan o imagen fija; pero, si se hace una buena película sobre el tema, la gente la recibirá bien. En todo caso, existe un filón temático de tragedias, de crueldades, de dramas familiares y personales....


Es una tesis que se ve respaldada por el éxito de series televisivas ambientadas en aquella época...

Sí, como el caso de Cuéntame cómo paso, o Amar en tiempos revueltos. En el primer caso, el éxito llega incluso a países de América Latina, donde también se ve y es muy seguida en determinados círculos intelectuales. Esto indica que el tema no está desgastado, que la gente lo continúa siguiendo con interés. Para la gente de mi generación, se trata de un trauma fundacional; pero para cualquier joven también es un referente, para saber de dónde venimos. Nos guste o no, somos hijos de aquello y, por tanto, a cualquier persona consciente, debería interesarle.


¿Es una carga que nos acompañará siempre, que debemos aceptar y comprender?

Metafóricamente hablando, está en nuestro mapa genético. Fue una guerra fratricida tremenda que preludió la Segunda Guerra Mundial, un anuncio de lo que vendría. Es un conflicto emblemático del siglo XX. Evidentemente, el impacto se irá atenuando progresivamente por razones biológicas, pero aún vive mucha gente, entre ellos yo mismo, para la que la Guerra Civil forma parte de la biografía personal, por tanto es difícil desligarse de ello.


¿Puede el cine ofrecer una imagen objetiva de aquellos años?

La objetividad es una palabra muy relativa. Recientemente, afirmé que la objetividad es una aspiración mítica: hay que aspirar a conseguirla, sabiendo que nunca se llegará a ella. El cine hecho durante la guerra y el franquismo era tan sesgado, tan extremadamente tendencioso que, inevitablemente, el cine posterior tendió hacia el extremo contrario, también parcialmente, dando voz a los vencidos. Es cierto que, al serenarse las pasiones, 70 años después, la visión es más cercana a la realidad, aunque aún existen hijos y nietos de todo aquello. Quedan «asignaturas pendientes», por emplear un término de José Luis Garci, aunque lo normal es que los ardores tiendan a calmarse y el debate se traslade progresivamente al ámbito académico y socialmente se normalice. El cine de ahora trata otros temas y problemas, porque aquella guerra no forma parte de su «volcán emocional».


¿Qué opina de la televisión actual?

Vive un problema muy serio. El nacimiento de la TDT, que implica la expansión de los canales, ha coincidido con una crisis económica y la limitación de pastel publicitario, que no afecta a seis o siete canales que hacen las veces de teletienda. La consecuencia la observamos ya: se ha autorizado una ley para permitir la fusión de canales. Por un lado, se nos dice que viene el «maná», una abundancia de canales, la panacea, aunque la realidad es que el traje viene pequeño, que no existen contenidos ni negocio para todos. Esperemos a la nueva Ley Audiovisual y a ver las reglas que impone en los mercados. Existe un exceso de oferta, generalmente banal. Vivimos lo que el investigador Herbert Schiller, hace años, denominó «una gran variedad de lo mismo», medido por el rasero de la mediocridad.


¿Y del género documental en España?

Existe una gran cantidad de producciones, debido a las facilidades que ofrece la tecnología y el abaratamiento de los costes. Hay un gran volumen de oferta, que se ha traducido en una deslegitimación industrial del género, a causa de la abundancia, que equivale a banalidad en muchas ocasiones.

El Escorial, Madrid, 28 de Julio de 2009.

(© Foto original: Nacho Calonge, cortesía de Verano Complutense)