martes, diciembre 01, 2009

CATHERINE ASHTON Y LA PRENSA MACHISTA

Revolución en la UE. Seguramente más cosmética que de fondo, pero con cambios de cierto relieve mediático, al fin y al cabo.

Dos nuevas caras: Van Rompuy y Catherine Ashton. Él será el primer presidente del Consejo Europeo de largo mandato. Ella toma el relevo de Javier Solana y liderará la Política Exterior y de Seguridad Común de los 27, además de ser la nueva Vicepresidenta de la Comisión Europea.

Ambos, dice casi toda la prensa europea, son dos “actores secundarios”, “gente de segunda fila”. Son, según más de un sesudo analista, los típicos “políticos grises” y con “falta de experiencia” para desempeñar sus nuevas labores. Y ya se sabe: palabra de experto, cátedra indiscutible.

De estas veladas y diplomáticas descalificaciones no ha podido escapar ninguno de los dos nuevos jerarcas de la Unión. En este campo, es verdad, no ha habido distinciones. Pero sí las ha habido, en cambio, en otro aspecto. Y aquí los deslustres no han sido precisamente velados ni diplomáticos, como los anteriores. Y se han dirigido en exclusiva hacia Catherine Ashton. O sea, a ella. Es decir, hacia la mujer. En esencia: el machismo irredento vuelve a aflorar. Y con fuerza inusitada. Y encima, para nuestra propia vergüenza, asoma la cabeza en la prensa española.

La lectura de un artículo publicado en portada (ahí estuvo casi un día entero) por elmundo.es, pocas horas después del nombramiento de Ashton, y titulado “La ministra fea”, firmado por María Ramírez, provoca, como mínimo, terribles sonrojos. La “crónica” es un auténtico desgarro mental.

En ella leemos lo que sigue:

Después de todo, eso que llamamos carisma tiene que ver con la personalidad, pero también con un aspecto agradable, suave o peculiar.(...)


Barack Obama, Tony Blair, Felipe González, José Sócrates o John Kennedy probablemente no hubieran alcanzado el liderazgo sin algún gancho exterior, y eso explica el atento cuidado a su imagen (...)


Son, la cara de Europa, si su función es representarla, algo tendrá que ver el aspecto. La ausencia de belleza exterior no es excluyente para llegar a la cumbre, pero sí requiere unas cuantas dosis más de belleza o fuerza interior que la compense.(...)


Pero, probablemente, ya se habría encontrado un brillo en la mirada o un gesto agradable en la baronesa si lo realmente feo no fuera su currículo (...)


Es una broma!,repetían indignados los periodistas británicos, que de pronto ayer deseaban que Javier Solana se quedara en el puesto. Es cierto que el ex ministro español hubiera necesitado una buena hidratante hace unos años y un asesor de estilismo, pero para qué negar, que sus sonrisas y su sabiduría se echarán de menos. (...)

La rebosante brillantez de tales sentencias no merece mucho más allá comentario por nuestra parte. Estamos seguros de que ellas mismas se auto descalifican. Pero, recordaremos, eso sí, porque no es un detalle menor, que quien firma semejante barbarie es una mujer. Y el peor machismo, el más peligroso y dañino, es el ejercido por las propias mujeres.

La sombra machista continúa ensombreciendo los méritos de las mujeres políticas. Recordarán los lectores de Ex Profeso otras historias similares. En su día, contamos lo que aguantó Ségolène Royal al convertirse en la nueva líder del Partido Socialista francés. Y nos hicimos eco de algún desagradable capítulo en la carrera política de Angela Merkel. Pero cuántas cosas más suceden a diario y no se cuentan…

Pero, por repartir críticas, bien podemos decir que el movimiento feminista radical tampoco está haciendo ningún favor a los que, más sosegada y pragmáticamente, promueven los avances de las mujeres. Incluso parece que ese “hembrismo” contamina los discursos de quienes, en principio, deben huir de radicalismos inútiles. A las pocas horas de conocerse el nombramiento de Ashton, escuchamos al Presidente de nuestro Gobierno decir que “habría sido injusto no elegir a una mujer”.

La afirmación supura ignorancia. Lo verdaderamente injusto (y un terrible paso atrás) hubiera sido escoger para el puesto a una mujer por el mero hecho de serlo. Eso ni siquiera es discriminación positiva, es implantar un sistema de cuotas que pisotea el concepto de meritocracia. Es algo que va en contra del interés general, y por tanto, también en contra de las mujeres. Aunque, en realidad, tampoco sorprende que sea Rodríguez Zapatero el que acuñe tales sentencias. Al fin y al cabo, él ha sido el primer Presidente de nuestra democracia en hacer equipos paritarios a golpe de imposición.

Al final, episodios como el de “Lady” Ashton (por cierto, el tratamiento de Lady también es machista) sólo sirven para atestiguar lo peor: que la prensa aún es muy carca y que la política sigue sufriendo ceguera. Vaya cuadro… a estas alturas.