jueves, octubre 01, 2009

LA DICTADURA SILENCIOSA

Hace unas semanas, se me encargó recoger las declaraciones de una mando intermedio del Gobierno de España. Lo que comúnmente en la profesión se llama “hacer un canutazo”. Traducido para los legos: una pequeña entrevista, no más de 4 ó 5 preguntas (si hay suerte y tiempo), directas, al grano, casi siempre de pie, abordando a la persona a la salida de una reunión de trabajo, o en un impasse cualquiera, en el que, “amable y desinteresadamente”, atiende al periodista. Tales entrevistas express sirven para, luego, coger unos segundos de las declaraciones obtenidas e introducirlas, casi siempre, dentro de una noticia. Trabajo fácil, aparentemente. Pero sólo aparentemente.

Y no porque escoger y plantear las preguntas sea un trabajo extraordinariamente sesudo para el plumilla de turno, en este caso, un servidor. Sino porque, obtener la respuesta, precisamente, a lo que se pregunta, resulta muchas veces una tarea frustrante, cansina, y casi siempre imposible. El político es el pr
ofesional de la no-respuesta o de la evasión constante, de la huída hacia delante. Su objetivo es no contestar, y si no puede, al menos intenta pasar de puntillas por el asunto planteado, sin hacer ruido, que casi parezca que no ha contestado. Que su respuesta sea tan insulsa e insípida que no sea material periodístico aprovechable.

El caso es que la entrevistada es una perfecta cumplidora del perfil del político contemporáneo, posmoderno diríamos. Sirve para un roto, pero también para un descosido. Es de esas mujeres “discretas”, tímidas y poco habladoras, con nula capacidad oratoria y con la respuesta aprendida de antemano desde hace un rato. Y que, aún sabiendo del apremi
o del periodista, y de que son las 20.30h de la tarde, pasa diez minutos maquillándose antes de salir en la tele (tal cosa nos transmitió su jefe de prensa –otro día, prometido, escribiré sobre tales sujetos y sobre los gabinetes que dirigen, no me lo invento). Y aclaro antes de seguir: no interprete el lector que tal descripción es machista, porque no lo es. Me remito a la realidad. Y conste también que muchísimos políticos varones son también discretos, tímidos, poco habladores, con nula capacidad oratoria y con la respuesta aprendida de antemano. Y que también se maquillan para salir guapos en la tele, por supuesto. Por tanto, que la protagonista de esta historia sea mujer es sólo una casualidad. Pero quien se sienta incómodo, que ponga en su lugar, imaginariamente, a un hombre. Porque el resultado será el mismo.

Sigo. Una vez dispuesta la entrevistada, el periodista pregunta. Y no eran preguntas brillantes, en absoluto. Sólo resultonas, con afán de obtener cuanto antes la información en forma de dato o de opinión, según se diera el caso. Pero peores fueron las dos primeras respuestas, mediocres y estandarizadas. Absolutamente previsibles. Pero la tercera era la última y cuestión principal. Tal era: “¿er
an suficientes los policías?” Tres veces, tres, tuvo el periodista que preguntar. Para obtener, tres veces también, faltaría más, la misma respuesta: “Eran los que se acordaron”. Aún ahora dan ganas de volver a preguntar: “¿pero, ese número de policías que se acordó, era suficiente? ¿Sí, o No?” Y ya sabe el querido lector la respuesta que obtendríamos por cuarta vez…

El periodista, tan demonizado a veces, y con razón, por hacer mal su trabajo, casi siempre está indefenso ante tal demostración de caradura dialéctica. Es bastante común creer que uno no plantea las preguntas bien, o que le falta agresividad, o simplemente un puntito de experiencia extra para ejercer
mejor su papel de “sacacorchos”. Pero esa es una idea que ya hace tiempo que he descartado. El mal es extendido. La pena es que sólo lo conocemos quienes lo sufrimos, y muy pocas veces explicamos a la opinión pública que sus políticos se niegan, rotunda y salvajemente, a rendir cuentas por un trabajo por el que se le paga jugosamente todos los meses, y cuya labor, además, y en teoría, no es precisamente intrascendente. El ciudadano cree muchas veces que la prensa está tan aliada con los partidos políticos (es verdad en muchos casos, pero no en todos) que, directamente, las preguntas incómodas no existen. O que muchos periodistas sólo se limitan a recoger la palabrería partidista del vocero político de turno (aunque esto a veces es más común de lo que debería, también es verdad…).

Pero, insisto, no siempre el periodista tiene la culpa, sino que topa con un sistema defensivo (tolerado muchas veces, incomprensiblemente, por la propia prensa) que protege al politicucho de turno. Y él, claro, encantado de parapetarse detrás. Y lo grave es que tal sistema, observo con pánico, se está reforzando. Ya no es que haya una trinchera que el periodista debe saltar. Sino que hay ya una muralla, bien alta y con contrafuertes, con foso delante, con almenas y con
gente disparándote flechas envenenadas desde lo alto. Que se le pregunten a mi buen compañero, y mejor periodista aún, que sufrió un episodio, hace unos meses, que nos dejó helados a todos.

Pero no hace falta llegar a semejantes extremos. Hay otras modalidades “defensivas” bastante innovadoras. Ahora el clásico (eso sí que es viejo…)
“no comment”, ante una pregunta poco favorable, es insuficiente. Ahora, los políticos tienen la moda de responder a otra pregunta que, imaginariamente, su “yo periodista” les ha dictado mentalmente. Y es a ese amigo invisible, créanme, a quien responden. Miren si no a Rajoy respondiendo que “en Valencia apoyan el proyecto Madrid 2016” cuando una periodista le preguntó sobre “el caso Gürtel”. O miren a González-Pons hablando de “la subida de impuestos” cuando la pregunta era para recoger su opinión sobre “los tránsfugas que le dieron al PP la alcaldía de Denia”.

A veces, en un ataque de vergüenza, quiero imaginar, los políticos deben de considerar que ese sistema evasivo no les deja muy bien parados. Por eso, han optado por, directamente, evitar que se les pregunte. Pero, y he aquí el gran negocio, sin renunciar a colocar su mensaje en los medios. Así, han nacido los videocomunicados, que remiten ya sin vergüenza alguna
a las redacciones. Ya hemos visto a ministros, Presidentes de Comunidades Autónomas, secretarias de organización de partidos políticos etc. etc. salir en vídeos, editados por los propios partidos, y hablando (haciendo teatro, mejor dicho), en una supuesta rueda de prensa (que no existe, no es tal cosa), en la que miran hacia los dos lados para dirigirse a un supuesto grupo de personas que le están escuchando (que no existe tampoco). Y si organizar semejante circo no es factible, entonces convocan una rueda de prensa sin preguntas. Eso que se llama una declaración institucional. Y ya para ser más modernos que nadie, los políticos usan “las nuevas tecnologías”, “emulando a Obama”, para hacerse, de vez en cuando, una suerte de videoblog en la que los “actores políticos” pueden aparecer paseando por la playa, relajadamente, pero a la vez “difundiendo su mensaje”.

Todo esto debería estar prohibido. Pero no lo está. Y los políticos se encuentran cada vez más cómodos en este perverso y desigual sistema. Pero lo peor de todo, es que la prensa está (mal)viviendo con todos esos materiales, con los que el poder, interesadamente, le está alimentado. Y, muy desgraciadamente, cunde entre la profesión periodística esa infausta idea de “mejor no morder la mano que te da de comer”. La dependencia de la prensa de esos materiales es cada vez mayor: hay mono. La mordaza es terrible. Y, si lo pensamos bien, no nos estamos haciendo ningún favor. Ni a nosotros, ni a la democracia. De la que, yo sigo creyendo, somos nosotros más garantes que nadie.

2 comentarios:

enigmas PRESS / Gandica dijo...

(Nota fuera de contexto:
Hola Aitor.
Te he enviado un gmail y mensaje privado por Blogesfera para que estés pendiente. Asunto relacionado con blogs.
Saludos desde Venezuela)

Falete dijo...

Como siempre, una reflexión fascinante. El año pasado, cuando la niñatilla Bibiana Aído estrenaba la plataforma lila desde la que profesar su ''Igualdad'', allá en su ministerio, y versando la rueda de prensa sobre la Ley del Aborto, tuve el honor de preguntarle si no era mejor combatir el fraude de las clínicas abortistas a reformar la Ley del Aborto, que tenía pleno consenso en la sociedad.
Ella me contestó que ''no era una reforma, sino una nueva Ley...'' y entonces volvió a explicar lo mismo que había explicado antes de iniciarse el turno de preguntas. Tuve la inmensa suerte de tener dúplica, y esta vez fui al grano: ¿combatirá el fraude? ''Por supuesto, eso ya se hace''. Con la sonrisita correspondiente.

Ahora llego a la redacción y la única entrada de audio que tengo es la de la señora ministra. Sólo me queda maldecir aquel complemento directo: ''eso ya se hace''.

En realidad, esto no es más que una dictadura silenciosa, como bien has dicho. Los canutazos, además, los marcan los políticos y sus secretarios de prensa. Eso es lo que hace Soraya con Intereconomía.

España es un valle de lágrimas (inundado) cuyo barco-arca está hundido y con él, todos los ciudadanos. Un abrazo