martes, julio 14, 2009

EL PAPEL DEL PERIODISTA

Qué gran duda: ¿debemos dar a la gente lo quiere, o tenemos que dar a la gente lo que debemos darle? ¿Nos comportamos como el padre que corrige a su hijo a pesar de que éste no le recompense con sus mejores simpatías, o como el otro padre que consiente a su hijo lo que proceda con tal de que las cosas le resulten más llevaderas y fáciles? ¿Colaboramos con el pan y el circo, u optamos por derrocarlo?

Pero, un momento. Otra gran duda: ¿por qué dudamos precisamente de esto? ¿Es que acaso no deberíamos tener tales disyuntivas claramente resueltas? ¿Por qué las esencias mismas del periodismo se tambalean sin razón? ¿Proceden estas preguntas a estas alturas?

Si la gente no quiere que hagamos periodismo, tendrían dos opciones. Una, dejar de vernos/leernos/escucharnos, lo que supondría que podría vivir sin nosotros tranquilamente y satisfacer sus necesidades “informativas”, del tipo que sean, por su cuenta. O dos, que demande (si puede) un cambio de modelo periodístico más acorde con sus intereses. De las dos opciones, la mejor para el supervivencia del verdadero periodismo, en principio, sería la primera, pues, a pesar de contar con menos proyección, permitiría mantener su naturaleza intacta. La segunda, resultaría una claudicación, una cesión, ante unos intereses ciudadanos por la actualidad totalmente inconstantes, insondables y, a veces, intratables. Los periodistas harían mero seguidismo en función de las modas, de lo que le interesa a las masas, renunciando a una de sus máximas fundamentales: apostar por el interés público (“que no es lo mismo que lo que al público le interesa”, decía uno de mis antiguos profesores) y por la pluralidad temática. Algo que, respondiendo solamente a las demandas ciudadanas, es imposible de cumplir. Por cierto, a renglón seguido, preguntémonos: ¿quién demonios es el “ciudadano medio”, el “ciudadano común”, ese que siempre debemos tener en mente? ¿De verdad podemos hablar de semejante estandarización de la audiencia? ¿Es que a todo el mundo le interesa lo mismo? ¿O es que nos resulta más fácil que a todos les interese lo mismo?

Aquellos que propugnan un periodismo más “pegado a la calle”, “más cercano”, en el que el “ciudadano común” se vea “identificado”, no acaban de explicar cuál es el baremo, medio o vía para conocer cuáles son los verdaderos intereses de la audiencia. Y más allá de poder testarlos en la propia calle, en conversaciones de peluquería o taberna, no existe la certeza objetiva de cuáles son. Y los niveles de audiencia, en general, son un instrumento pobre y con serias dudas sobre su eficacia, a pesar de lo que digan los expertos. Pero, y aunque de verdad existan modos de obtener los verdaderos temas de interés de nuestros seguidores, al final llegaríamos a la conclusión de siempre: a la gente le interesa lo que le entretiene, si no, no quiere saber nada. A la gente le interesa lo fácil de digerir, lo difícil, lo desecha. A la gente le interesa lo que va con sus esquemas, lo que no, lo rechaza. A la gente le interesa lo que tiene cerca de casa, si no, lo descarta. Haciendo exclusivamente periodismo “de calle”, la mirada periodística adolecería de una miopía incurable.

Hoy en día, es políticamente incorrecto apostar por un periodismo clásico. Ese que era mucho más activo, que seleccionaba o tamizaba la realidad y se la servía, con mayor o menor acierto y vistosidad, a los ciudadanos. Era un intento, sí, de divulgar, de hacer pedagogía, en cierto modo. Sin las ataduras de las demandas ciudadanas. Muchos creen que ese modelo es poco menos que clasista, paternalista. Incluso alguno se atrevería a calificarlo de fascista. Sin embargo, echando la vista atrás, el nivel periodístico (en cualquier formato) de hace décadas respecto al de ahora no tiene comparación posible. La profundidad de tratamiento era colosal tomando como referencia la de hoy en día. Un abismo nos separa. Ahora, todo es epidérmico. Huimos de lo complejo. Da pavor pensar que ese “ciudadano medio” cambie de canal o que sea tan ignorante como para no entender nada de nuestro mensaje. Ese pensamiento pesa como una losa, nos está lastrando cada día más. Y no hay visos de cambio, de recuperar el oficio. Nos estamos rindiendo antes de intentarlo, muchas veces aduciendo que otros lo probaron y el resultado fue poco menos que desastroso. Cuando a veces no es verdad, todo depende de la vara de medir.

Hoy en día, hemos olvidado el papel educativo y formador del periodismo. Hoy existe una injustificada obcecación por “reflejar” la realidad del ciudadano. En absoluto se hace el esfuerzo por mostrarle otras realidades que le resulten “ajenas”. O por explicarle el interés objetivo que aflora tras un acontecimiento alejado de sus coordenadas espacio-temporales. Todo por no caer en ese denostado paternalismo, un estúpido complejo. Porque, en realidad, muchas veces, como decía el inefable John Reith, es la propia gente la que no sabe lo que le interesa o necesita. Y muchos miran a los medios de masas buscando alguna respuesta, alguna opinión o reflexión razonable para llenar sus propios vacíos… A veces, sí, el ciudadano confía en el medio para saber, para conocer, y no sólo acude al mando a distancia buscando solamente evasión o entretenimiento fácil y grosero. Esa parte de la audiencia, grande o pequeña, da igual, es directamente ninguneada. Existe la convicción entre los principales mandamases de los medios de comunicación de que esa porción de ciudadanos no resulta rentable. Cuando, ciertamente, un periodista de verdad debería saber que es precisamente esa parte de la audiencia la más sensible, la más jugosa y la más agradecida. La que mejor valora nuestro trabajo. Es un error prescindir de esa audiencia.

Los periodistas más “modernos” apuestan, directamente, por el espectáculo. Cada vez más informaciones periodísticas están camufladas tras una pátina de entretenimiento. El infotainment (infausto concepto) prolifera sin aparente remisión. Periódicos, telediarios, radios o páginas web equiparan ya, parece que sin dudas, la presentación de un futbolista con la masacre de cientos de personas en China. Estos titulares comparten espacio y visibilidad, sin diferencias de rango. Audiovisualmente, se dedica el mismo tiempo a la anécdota, por ser divertida o morbosa, que a la información de peso, si es que la hay. Y sí, hacemos creer al ciudadano que es igual de importante la presentación del futbolista que una de las masacres más importantes desde Tiannanmen. No les ayudamos a distinguir, porque hemos perdido la perspectiva. El ciudadano cree que si los medios organizan y ordenan así el espacio informativo, es porque existe justificación para ello. Y la vez, cuando los medios nos acostumbramos a que la audiencia consuma la información de esa manera, creemos que es porque así la quieren recibir. Una peligrosa espiral. Sobre todo para aquellos periodistas que, desgraciadamente, no tienen claro cuál es su verdadero y esencial papel.

Sí, el papel del periodista. Al final, eso es lo que está cambiando. Nos estamos convirtiendo en contadores de chistes, de anécdotas, de frikadas… Como bien dice un amigo mío, “nos convertimos en contadores de historietas de ascensor”.

Estamos perdiendo el rumbo y el juicio. Hemos perdido los papeles.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Aitor
vaya por delante que te asiste la razón en todo lo que dices. Y quizá debería no enviarte un mensaje que, probablemente, te descorazone todavía más... pero, como sabes, tus reflexiones no son el eje de ningún "mandamás" como tú dices, como mucho le roban el sueño a algún mando intermedio, preocupado, como tú, por el papel del periodista y del periodismo. Después de una tesis sobre el periodismo de servicio (concepto tan desconocido como confuso y equívoco) puedo asegurarte que los rumbos de nuestra profesión empezaron a cambiar en los 80 en EEUU (USA Today) y, simplemente, estás viendo cómo se impone ese "periodismo" en nuestro país (¡afortunadamente a esto también llegamos tarde!). A la gente le interesa lo útil, lo que puede "utilizar". Punto. Es así, aunque no nos guste. Y ya no pintamos nada en la sociedad. Dejé mi profesión por ese motivo hace unos años (y no me importaría dejar la actual, prestigiosa ella y no mal pagada, pero igual de mal enfocada por dedicarme a algo que, al menos, sea verdad... ya sabes de qué hablo).
Me da lástima leerte. Te entiendo tanto y lo he pensado tantas veces que me apena saber que te encuentras "ahí".
Creo, además, que no te digo nada nuevo. En clase eras igual, te quejabas de lo mismo y no entendías que no hubiera rastro de lógica profesional en muchas materias. Por si te sirve de algo yo he aprendido despues de muchos años de "morros" que, simplemente, lo que pasa en nuestra profesión es un reflejo de lo que pasa en nuestra sociedad. El ámbito de lo privado le ha ganado terreno al ámbito de lo público. Y los medios están por la labor de hacer pública la información sobre el ámbito de lo privado (y no me refiero sólo a la prensa del cuore. Al menos es un universo propio consus propias cabeceras. Me refiero a esos reportajes taaaaan interesantes sobre cómo instalar un grifo o solucionar un crisis de pareja). Nuestro interlocutor ya no es el ciudadano. Es el individuo. En mi humilide opinión, ahí tienes la clave de lo que está pasando... La pregunta es ¿a quién le interesa que a nosotros nos interese más leer en un periódico cómo instalar un grifo que leer las claves de lo que está ocurriendo en China?
MARÍA G.

Aitor Lourido dijo...

Hola María:

gracias por participar. tu comentario complementa y completa muy bien lo que yo quería decir. Creo que das en el clavo cuando dices aquello de que nos dirigimos más a un individuo que a un ciudadano... Efectivamente, creo que es así. El CIUDADANO, ese concepto, ya no guarda el significado que tenía. El ciudadano, dicen los buenos filósofos contemporáneos, es como un "atomo": individual, frío, independiente... Y por ende, añaden, las sociedades son un "agregado de átomos", sin más. De ahí que la conciencia, la crítica y la participación social se vaya perdiendo... NO hay sociedad, solo una acumulación de individuos. Y eso afecta a nuestro trabajo de forma que todavía no acabamos de medir bien... Intuimos que así nos irá mal... Pero creo que aún no sabemos lo mal que nos irá...

Estoy pesimista últimamente sobre cómo evolucionará el periodismo... Pero bueno, habrá que intentar al menos que alguien siga sujetando el timón... para seguir en el rumbo más o menos correcto.

EL otro día volví a ver "Leones por corderos", de R. Redford. Y siempre levanta el ánimo coño.

Siempre hay que intentarlo, Luego, ya veremos...

Falete dijo...

Hola Aitor, acabo de conocer al Emperador César y en estos instantes me adentro con el 'triunvirato', con tu permiso. Soy un estudiante de Periodismo que quiere llegar a Roma, y es verdad que ''todos los caminos conducen a Roma'', pero los muy mamones de la élite se aprovechan de esa idea e infestan de bandidos esas infinitas vias a la capital.
César y yo hemos acudido a una conferencia sobre Mariano José de Larra en el Escorial (cursos de la complutense) y nos hemos llevado un alegrón mutuo por encontrarnos en este camino a Roma. Hemos podido departir de los inacabables fracasos de España y de lo quenos espera. Espero participar en vuestros coloquios virtuales. La profundidad es mi alimento. Saludos.

Aitor Lourido dijo...

bienvenido a Ex Profeso, falete:

ayer mismo César me comentó vuestro encuentro. Me alegra que hayas topado con él, es un buen anfitrión para introducirte en nuestro particular Contubernio que, si bien modesto y sin aspiraciones concretas de ningún tipo, nos sirve de vía de escape y de enclave para debatir, despotricar y/o renovar ánimos...

Me pasaré por tu blog.

Un abrazo, encantado.

Raul dijo...

Hola Aitor, creo que realmente eres la persona que estoy buscando, que puede echarme una mano en este momento de cacao mental profesionalmente hablando. Has hecho el Máster de TVE y yo estoy en una tesitura similar, ¿debo hacerlo o no? Tengo 23 años, he estudiado Periodismo en la Complu y he estado en varias Teles. Necesito tu ayuda. Si lees esto y pueder agregarme al mesenger me harías un gran favor. Eso significaría que Internet tiene sentido.

Mis datos:
Raúl García Serra
rgarciaserra@gmail.com (email)
rulihacker@hotmail.com (mesenger)

Gracias de antemano.

pabloherreros dijo...

Hola, Aitor! Qué ilusión que nos conectásemos a través de Leti!

Por fin he publicado el post que me inspiraste tú con este. Lo tenéis aquí: http://comunicacionsellamaeljuego.com/2009/08/01/sexo-salvaje-en-una-piscina-publica/

Un saludo!

Aitor Lourido dijo...

bienvenido a Ex Profeso, Pablo:

leeré tu artículo con devoción. Y me alegra saber que mis humildes peroratas inspiran a alguien...

espero que sigamos colaborando.

un abrazo.

comescoltiveig dijo...

Hola, Aitor. Hoy he entrado en el blog por primera vez y quiero felicitarte por su contenido. Este post me ha parecido muy interesante, especialmente tus reflexiones sobre el "verdadero periodismo". Sólo un apunte: cuando pasé en clase uno de los capítulos de Lou Grant, mis alumnos de Secundaria no entendían nada (¿cómo podían trabajar esos periodistas sin ordenador, ni móvil, ni internet, ni...?) pero lo que más les costó comprender era qué diferencia había entre "el interés público" y "lo que al público le interesa", reflexión que hacía uno de los personajes (creo que la joven periodista Billie) aunque seguramente no con estas mismas palabras. Me dio la impresión que las nuevas generaciones ya no se plantean estas distinciones y que, para ellos, las "Noticias" no empiezan con el TD sino con esos programas que van justo antes (al mediodía y por la noche) y que les entretienen más (infotainment!). Enhorabuena por el blog, y sigue adelante con tus reflexiones. Valen la pena. Tomeu.

Aitor Lourido dijo...

Hola Tomeu, bienvenido a Ex Profeso:

Gracias por tus palabras, me halagan mucho. Sin embargo, me desazonan algunas de tus palabras, de mal agüero: si de verdad nuestras nuevas generaciones no son capaces de comprender, de aprehender, la diferencia entre "interés público" y "lo que al público le interesa", tenemos un muy, pero que muy serio problema. O mejor dicho, varios.

Uno, que se confirma que la "calidad" de la audiencia seguirá cayendo en picado. Algo terrible.

Dos, que quizá algunos de esos chicos acaben siendo "periodistas". Máquinas hacedoras de "infotainment". Lo fácil, lo "guay". Lo "moderno" y entretenido. Lo epidérmico. También terrible.

Y tres (por parar aquí), que sumando los dos problemas anteriores, a priori inevitables, seguirán alimentando la espueral que mata a mi oficio: audiencias simples - contenidos simples - periodistas simples... Qué pena.

Sin embargo, yo siempre estaré al pie del cañón para tratar de evitarlo. Y si, además, me encuentro por el camino con gente como tú, pues la esperanza cunde más.

Sigue esforzándote por tus alumnos. Sigue intentándolo. Sigue contándoles estas cosas, hazles pensar. Te invito a no rendirte.

Porque si no....

en fin...

Un abrazo, y vuelve por Ex Profeso cuando quieras.