Y sin embargo, hay una imagen, entrevista a lo largo del fin de semana, que me importuna como una mosca cojonera y me impulsa a darle al teclado: El secretario de Transportes norteamericano, Ray LaHood, visitó España para conocer las bondades de la Alta Velocidad ferroviaria española y aprenderde ellas; José Blanco, con las comisuras de los labios a la altura de las sienes ante los agasajos de este “Mr. Marshall posmoderno”, acompañó al mandatario en un viaje Madrid-Zaragoza mientras intercambian detalles, confidencias y comentarios. Posteriormente, comparecencia conjunta de LaHood y Zapatero después de la visita del primero a La Moncloa, para conocer a los responsables empresariales del sector, cargos políticos del ministerio de Fomento y demás fauna. Más piropos y parabienes para el AVE, del que LaHood aseguró que “sólo tiene maravillas”.
En el momento en el que escribo esto faltan seis días para las elecciones europeas y por mi ventana, abierta para mitigar el calor, se cuela la desapasionada voz de un “coche anuncio”, de estos que llevan acoplados un altavoz en el techo. La monserga enlatada repite sin cesar: “Este partido se juega en Europa. Vota Partido Socialista”. Y he aquí la madre del cordero, que diría aquel. De la escueta información entrevista en el telediario, con LaHood, Blanco y Zapatero como protagonistas, hubo un pequeño detalle que me llamó la atención: los auténticos protagonistas de la visita no fueron los políticos, sino los intérpretes y los responsables del protocolo institucional, que no cesaron de parlotear. En la comparecencia posterior a la excursión y la visita presidencial de marras, tanto Blanco como Zapatero lucían un ominoso “pinganillo” de traducción simultánea. ¿Por qué? Porque nuestros políticos son incapaces de desenvolverse utilizando la lengua de la pérfida Albión. Más allá de jeloumaifren, verigüel y maiteilorisrich... el sonrojo más absoluto.
¿Acaso extraña el escaso – por no decir inexistente – interés del electorado por los comicios europeos? Los máximos responsables de los destinos de España no les van a la zaga. Una potencia europea seria debería contar con políticos, en primer lugar, del máximo nivel intelectual, académico y profesional, segundo, con fluidez cuasi bilingüe en idiomas como el inglés y el alemán como condición indispensable – en este caso no cuentan para nada el catalán, el euskera o el gallego, de nula aplicación extramuros –, siendo deseable aunque no exigible la soltura en terceras y cuartas lenguas. Y por último, aunque no menos importante, un máximo mandatario debe conocer en profundidad la realidad de los países que lo circundan, así como la de aquellos que integran la Unión Europea en la que pretende ocupar una posición eminente – más allá del idioma, claro está –. De otro modo es imposible saber cuál es tu posición en el mundo, sin estos mínimos exigibles no podemos ni acercarnos a algo parecido a la geoestrategia o meter baza en política internacional. No creo que algo así lo vean estos ojitos, que se han de comer los gusanos. Al menos no en España. Aquí, las elecciones europeas no son más que un instrumento, un medio para alcanzar un fin: el desgaste del oponente político con las miras puestas únicamente en devenires domésticos. Aunque, eso sí, el AVE es la pera.
Fdo. Bertuccio
El Faro de Alejandría









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