Más allá del aspecto racial –al que no resto ni un ápice de importancia– está la significación plenamente política. ¿Es Obama presidente por su color, únicamente? Sería una temeridad pensarlo, en mi humilde opinión. Creo que echando un vistazo a su biografía y trayectoria reciente, como bien ha apuntado Aitor Lourido, se disipan muchas dudas.
El presidente electo ha vivido, al menos unos años, fuera de Estados Unidos y “ha visto mundo”, su mezcla racial es también cultural, alejándolo un poco del endémico mal norteamericano de
l ombliguismo. Barack Obama ha leído el Corán, tiene una sólida y prestigiosa formación en derecho y economía y ha sido un convencido y activo militante de movimientos sociales y pro derechos civiles. Conoce de cerca las relaciones internacionales y es consciente de su importancia. A ello hay que sumar su indudable carisma y su admirable dominio de la palabra. Constatando algunos de estos hechos, aún siendo cautelosos para no caer en la loa fácil, hay que reconocer que posee las herramientas necesarias para marcar diferencias y hacerse un hueco en la historia. Hacerlo mejor que el presidente saliente no es nada difícil, por otra parte.Es cierto que no todo juega a su favor. Su juventud, en una sociedad y una clase política que valora en extremo la experiencia, puede ser un handicap. Del mismo modo, la herencia de George W. Bush no es nada cómoda –deben disculparme este manido “lu
gar común”–. Los retos a los que se enfrenta la Casa Blanca son muchos, ingratos, muy urgentes y de alcance global. Habrá que analizar con lupa el proceso de edificación del equipo de gobierno que acompañará al nuevo presidente, así como la orientación que dará a su política exterior, lo que definirá a fuego el papel que jugarán los Estados Unidos a medio plazo, en un momento como el actual, delicado en muchos aspectos. Es cierto que el terremoto Obama ha sacudido un país hasta sus cimientos pero, una vez superado el impacto racial y desprovisto de su capa carismática, habrá que sopesar lo que realmente importa, que es la política. Y, antes de terminar, una reflexión... un apunte un tanto agorero, quizás. Se han establecido últimamente arriesgados –y creo que inapropiados– paralelismos entre Obama y eminentes figuras históricas, como el citado Martin Luther King o John Fitzgerald Kennedy. Ambos personajes murieron asesinados.Fdo: Bertuccio
EL FARO DE ALEJANDRÍA









2 comentarios:
gracias, querido Bertuccio, por seguir alimentando este humilde blog con tus magníficas disertaciones.
no tengo gran cosa que añadir a tu discurso. sólo que las últimas líneas son verdaderamente inquientantes. hace un par de semanas, o tres quizá, Timothy Garthon Ash escribía en su artículo dominical de El País precisamente sobre ello. Aseguraba que es algo que está en la mente de todos pero que muy pocos se atreven a decir en alto... A las pocas horas, detenían a dos pirados que decían tener un plan par matar a Obama y a decenas de niños negros en un colegio.
Este verano, ha habido algún que otro caso similar.
En cualquier caso, amigos, dudo que al señor Obama le falte seguridad. Y más siendo quién es y lo que significa a partir de ahora.
Y las medidas de seguridad han cambiado. Desde JFK, nadie ha ido ya en coche descapotable dándose un paseo por ninguna parte. Y desde luego, desde lo de L. King, este tipo de "emblemas" sociales llevan protección... Antes no la tenían tanto... ¿cuestión de raza?
En tiempos de crisis necesitamos respirar esperanza.
Que bien expresado está en el artículo el símboloo que representa el Presidente electo de Estados Unidos. Sin duda, en un mundo globalizado, qué tan importante son los símbolos.
¿Cuál es la esperanza que nos ofrece este más que probable cambio para las políticas internacionales?. La esperanza es empezar a devolver la credibilidad al uso de la razón, a la Ilustración, moralmente perdida, que prometió liberarnos, desde los principios, de todos los miedos y, que, en realidad, nos ha llevado a la barbarie. Sí, mi amigo Bertuccio. Las barbaries de la guerras mundiales, guerra fría y las miserias con las que convivimos hoy mirando a otro lado.
Un episodio dramático de nuestra historia contemporánea en el que fue protagonista el Presidente Kennedy, que nombras en tu brillante artículo, durante la guerra fría, fue la crisis de los misiles de Cuba, en octubre de 1962. Episodio resuelto por la voluntad de pocos y el miedo de la lógica aplastante de la mayoría; nos van a aniquilar, ataquemos primero. Con mucha suerte no se aniquiló el mundo. Cuan enferma está la racionalidad humana. Al año siguiente, si no me equivoco, muere asesinado Kennedy bajo las sospechas de la conspiración.
Esperemos que Obama mire al mundo sin temores, que es lo que garantiza hacer un buen uso de la razón.
Un abrazo amigo.
Sabes quien soy.
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