Fidel Castro se jubila. Acaban casi cincuenta años de mano dura, de férreo mandato del Comandante y Camarada Fidel. Medio siglo de restricción de libertades, de totalitarismo. De muerte. Con la retirada de Castro también se volatilizan, de nuevo, unos ideales, una utopía socialista que pretendía ser ortodoxa con el modelo marxista. La revolución cubana, encallada desde hace décadas, pierde a su líder, débil y envejecido. Era cuestión de tiempo.
Castro ha sido referente ideológico más allá de las fronteras de su humilde isla. Más incluso en Europa que en su lado del Atlántico. En el viejo continente, generaciones completas de idealistas de izquierda radical han secundado sus ideas y formas de gobierno. Su abandono puede que sea interpretado por muchos como una muerte anticipada. Más de un crespón negro se ve ya, figuradamente, entre los camaradas europeos. Que Fidel tire la toalla es desesperanzador. Hoy, la autoproclamada izquierda comprometida, llora su pérdida.
Es evidente que el dictador pasará a la Historia. Que le absolverá, como él mismo dijo hace tiempo. En realidad, no está tan claro. Aunque seguramente habrá que esperar bastante tiempo antes de conocer el veredicto de tan estricta jueza, pues Fidel Castro no es un personaje fácil de juzgar. Quizá nunca alcancemos una conclusión convincente. Fidel, que alimentó la tensión durante la Guerra Fría, tensando la cuerda hasta el límite; que levantó sarpullidos en las conciencias occidentales con sus discursos en la ONU; que sirve de inspiración, casi de deidad, para el “socialismo del siglo XXI”; que peleó por su pueblo ante otro tirano, buscando mayor justicia. Su trayectoria vital y política es extraordinariamente compleja, por lo que los juicios precipitados (y más aún cuando todavía será decisivo para una presunta transición en el país caribeño) suelen ser propios de aquellos que, cegados por la idolatría o el odio, según el caso, poco tendrán que aportar a la hora de la verdad: democratizar Cuba. Ahora toca entenderse a los moderados de cada parte. El “búnker” castrista y los más intransigentes de los exiliados no harán más que poner piedras en el camino. El futuro hay que construirlo entre todos. Tienen que comprenderlo. En cualquier caso, y esto conviene también tenerlo presente, es probable que la transición a la democracia se paralice, incluso, durante años.
Es el momento de que los cubanos repiensen su propia historia y observen lo que Castro les ha legado, que podría resumirse en tres cosas. Una certeza: que los príncipes maquiavélicos siempre caen. Una realidad: que el comunismo o socialismo de estado es una quimera, una entelequia, una ensoñación alejada de lo que la naturaleza humana puede alcanzar. Una verdad: que la “revolución” sin renovación (vocablo anatemizado por los “camaradas” más de izquierdas) no sirve de nada. Las renovaciones perduran, porque son razonables, sopesadas, incluyentes y nacidas con vocación de durabilidad. Las revoluciones, en cambio, provocan cismas repentinos. Pueden ser auténticos huracanes de justicia social y la esencia misma del compromiso popular, pero son limitadas en tanto en cuanto no enraízan sus logros.
Así pues, el cambio en Cuba llega ahora, con cincuenta años de retraso. Se retomará el trabajo que Castro no hizo en medio siglo. Su revolución incompleta quedará avergonzada por los logros de unos renovadores que ahora empiezan su trabajo. La revolución ha muerto por no renovarse, tendrán que reconocerlo. Como también hay que reconocer que, en estos momentos, las tutelas extranjeras no son necesarias ni beneficiosas. Ni Estados Unidos ni la Unión Europea deben involucrase. O por lo menos, no más allá de lo que deseen los propios cubanos. “Occidente” debe guardarse sus influencias si no son para impulsar un proceso de negociación justo. Otro tipo de negocios sobre la mesa malograrían un hipotético proceso de democratización. Ya no caben, a estas alturas, las alianzas o mediaciones interesadas.
1 comentarios:
"Una realidad: que el comunismo o socialismo de estado es una quimera, una entelequia, una ensoñación alejada de lo que la naturaleza humana puede alcanzar".
Totalmente de acuerdo. Como en El viaje del profesor Caritat, el comunismo es un sueño que llevado a la realidad da lugar a algunas de las situaciones más injustas que a los hombres pueden acontecerles. Soy de la opinión que una dictadura de izquierdas viene siendo tan brutal como una de derechas lo que pasa es que tiene mejor prensa, lo cual es incomprensible.
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