Otro año más para engordar los anales de la peculiar Historia de la Humanidad. Termina el 2007, y como siempre, es hora de hacer balances de todo tipo y condición. Alimentando una vez más nuestra autocomplacencia, no tenemos la gallardía suficiente como para reconocer que, en general, como sociedad, el debe vuelve a superar al haber. Nos gusta regodearnos en lo bien hecho, aunque sea poco, y ocultar nuestras indecencias en el más profundo de los olvidos. No vaya a ser que un ataque de racionalidad transitoria fulmine nuestras almas y nos suma a todos en hondas depresiones. No, claro, eso no estaría bien.
Es mejor seguir como siempre. Terminar el 2007 brindando y comenzar el 2008 de borrachera. De éxito, claro. Y si cuando culminamos una etapa hacemos balance, en los albores de la otra queremos enternecernos mutuamente con toneladas de buenos deseos y decorosas intenciones. Sin atisbar los negros nubarrones que se ciernen sobre el horizonte. En definitiva, balances y proyectos pecan a la vez de excesivo éxito y optimismo. A título individual, por supuesto, cada uno responderá de sus propias cuentas. Annus magníficus o annus horribilis, cada uno estimará al 2007 según sus circunstancias. Yo, desde luego, y sin lugar a dudas, me identifico con el primer término. Y, como no tengo tendencia autodestructiva, deseo lo mismo para el 2008.
Aún así, sé que como sociedad hemos vuelto a fallar. Le he vuelto a fallar. Repaso el 2007 mentalmente, veo resúmenes de prensa, contemplo sus imágenes, escucho sus sonidos… y dan ganas de echarse a dormir y de no despertar jamás. Hibernar hasta que todo se arregle. Porque alguien tendrá que arreglar esto. ¿Dios? ¿La Naturaleza? ¿E.T.? No sé, da igual. Quien sea. Pero no el hombre. Ahora mismo no se puede ser optimista respecto a nosotros mismos. Quien lo sea, felicidades por su bonhomía y su “optimismo antropológico”, pero, con el respeto debido: ¿de verdad vive en este mundo?
Y si echamos una mirada a nuestro humilde terruño llamado España, las cosas llegan a desquiciar. Algunos han querido que el 2007 pasara a la historia como el de la recuperación del espíritu nacional, ensalzando trapos rojigualdos por las cuatro esquinas mientras el siniestro palomo franquista echaba de nuevo a volar por nuestras calles. La derecha se agarra a los extremos, habla de épocas “ap
acibles” y de que cualquier tiempo pasado fue mejor, antes de este injusto y “estalinista” paréntesis. “Que no tocaba”, dicen. Algunos revisionistas intoxican a millones de personas orquestando mentiras e inventando una nueva historia, o más bien repitiendo la misma que impusieron a punta de pistola durante cuarenta años. Sí, es verdad, a España no la conoce ni la madre que la parió, pero creo que en términos distintos a los que se pensaba por aquel entonces. Madrid se infesta de fascistas violentos y de antifascistas que lo son tanto o más. Gigantescos carteles inundan las paredes de las calles principales con retratos de fascistas bajo el lema “¡Presente!”. Hacía décadas que no proliferaban en tal medida semejantes oprobios, me dicen los lugareños. Impensables en cualquier otra democracia circundante. ¿A qué se espera para ilegalizar todo esto, penar todo esto? Sí, que empiecen pagando, por ejemplo, aquellos conspirativoparanoicos que todavía en 2007 quisieron tumbar al estado de derecho con sus viperinas lenguas.
La política es un desastre. La derechona se hace fuerte porque la izquierda no carbura. Ha perdido gas, se tira al centro. Busca ampliar mercado, como cuando una estrella de rock se traiciona a sí mismo y se “poperiza” para llenarse los bolsillos. La izquierda no tiene ideas ni proyectos. Ni preparación. Claro, ellos hicieron de la educación un barco sin rumbo fijo. La estropearon, y hoy tenemos las consecuencias. Pero da igual, lo importante es que los chavales (que no sean del 30% de fracasados) tengan un título de licenciado, aunque no sepan hacer la “o” con un canuto o no comprendan las instrucciones de unas zapatillas (sí, esta era la prueba de lectura del informe PISA). Y si puede hacerse funcionario y dar clase mejor que mejor. Pero antes de eso, lo mejor es organizar macrobotellones con la venia de algunos ayuntamientos. Somos el país de Europa (y en realidad del mundo, supongo) que más bares tiene por habitante. Y el que proporcionalmente más cocaína consume. ¡Arriba España!
Y de cara al 2008 las cosas irán a peor. Hay elecciones, no lo olvidemos. Aunque se compensarán con la Eurocopa y se nos olvidará todo. Por cierto, ¿estrenarán himno nuestros machotes? Ya se sabe, quien no lo cante con orgullo testiculino, nacional, unitario, familiar, cristiano y heterosexual, es sospechoso de ser un rojo infame. Fuera de España, las cosas también irán a peor. El mundo se desmorona, la Tierra dice basta. Pero da igual. La misma indeferencia que nos crean África, los Derechos Humanos… y todas esas cosas complicadas que dan tanto que pensar a los intelectuales. Sí, esos que nos aburren y que escriben en unas hojas que se llaman libros, o algo así.
También seguirá acrecentándose un fenómeno peligroso, desazonador y oprobioso. El número de personas que no hablan de política “porque no les interesa”, “les aburre” o “porque es lo de siempre”. No se mojan porque “no merece la pena” o “porque son todos iguales”. Esto es una plaga. La política es más que ZP o Rajoy, trasciende más allá. Es necesario el debate social, en los bares y en las tabernas, en las universidades y en las peluquerías. No se habla de la verdadera política porque supone reconocer los errores, las limitaciones y las penurias que tenemos como sociedad humana, y nadie quiere enfrentarse a la parte que le toca. Los grandes temas de nuestro tiempo están pasando desapercibidos a ojos de nuestras comunidades. Pagaremos por ello. Será tarde cuando queramos detenernos a analizar la cuestión y buscar posibles salidas.
¿Por qué siempre obviamos lo molesto? ¿Por qué siempre los buenos deseos y nunca los exámenes de conciencia? ¿Por qué somos tan escapistas? ¿De verdad somos tan simples? ¿Por qué no hablamos de las cosas? ¿Tanto molestan? ¿Es que sólo existen las felicitaciones y nunca las desaprobaciones? ¿Por qué, al hacer balance de lo que somos y hemos hecho, nos seguimos engañando a nosotros mismos? Queridos amigos, fieles lectores. Piensen en todo ello mientras lo pasan bien con sus familias y sus amigos. A las puertas del 2008, brinden por sus ustedes y los suyos. Sean humanos. Pero, por favor, reserven el intelecto suficiente como para saber que esto no es más que un espejismo. Que más allá de nuestra efímera y personal felicidad, el mundo se tuerce irremediablemente. Por lo menos, seamos inteligentes y no nos pasemos de listos antes de tiempo con inmejorables pensamientos para el 2008. La sociedad ya no funciona. Volverá a fallar.
A pesar de todo, amigos míos: FELICES FIESTAS.











