
Fue el propio John Reith el que imprimió a la BBC su filosofía de servicio público y que, a día de hoy, permanece intacta. De origen escocés e ingeniero de profesión, Reith tenía clara la que debía ser la vocación del medio de comunicación que dirigía: informar, educar y entretener. Conocía Reith la importancia estratégica que comportaba un buen servicio de radiodifusión público: la formación de una mejor opinión pública.
En uno de sus últimos y más celebrados libros, Medios de comunicación y poder en una sociedad democrática, James Curran, diserta sobre las ideas que John Reith inculcaba y desarrollaba desde la propia Corporación. Una de ellas, y quizás la base de todas las demás, abogaba por que el colectivo social culturalmente formado fuera el que conformara la dirección efectiva de los “mass media”, sobre todo en aquellos de naturaleza pública, como era el caso de la BBC. De aquí surgen las primeras acusaciones de paternalismo a las que nos referimos en la introducción. Pero Reith lo tenía claro. Así definía, por ejemplo, el verdadero papel que debería reservarse para la radio: “como una cuerda de escalada cultural, y los locutores, como guías de montaña que ayudaban a los oyentes a ascender a las alturas de los logros culturales”.
En su estudio, el propio Curran acusa a Reith de elitismo, paternalismo y de desconexión respecto a los gustos de la audiencia. Estas mismas críticas arreciaron durante los primeros años del mandato de Reith. Unas críticas probablemente injustas. Curran se refiere así al Director General (citado en Seymour-Ure, Colin, 1996): “Reith domination was massive, totalitarian and idiosyncratic, and for many decades the traditions of BBC seemed to flor directly from his personality”. En uno de sus propios trabajos Curran explica, en distintos pasajes, sin ocultar a veces su asombro, los métodos de Reith: “su proselitismo cultural llevó a que ciertos programas regulares se programaran a horas distintas para mantener atentos a los oyentes y evitar una escucha ociosa. También se impuso un tiempo de silencio para que los oyentes tuvieran ocasión de recomponerse y prepararse para la siguiente delicia auditiva. En las programaciones se concedía mayor peso a todo cuanto fuera serio e instructivo”. Resulta pavoroso el contraste si tratamos de establecer analogías entre la radio actual (la española, por ejemplo) y la desplegada por la emisora británica desde sus primeros años. El intento de Reith merece un encendido aplauso, pues formar a la audiencia, hacer ciudadanos mejores, más preparados, con una superior apertura de miras y un horizonte experiencial y cultural de mayor calado, ¿no es acaso el principal objetivo de un medio de titularidad pública? Cuando el nivel de crítica alcanzó niveles superiores, el propio Reith se defendió afirmando que “muy pocos saben lo que quieren y menos aún lo que necesitan”. Escueta pero significativa sentencia del pensamiento de Reith. Pero, como señalamos líneas atrás, la Segunda Guerra Mundial impuso cambios estratégicos en la BBC. Sin el mandato de Reith, dimitido poco antes de comenzar la conflagración, comenzó a concederse mayor peso al entretenimiento, los concursos, la música pop y melódica y la primera ficción. Todo ello, según observan algunos, para elevar la moral de la tropa y de la ciudadanía (así lo cree también Curran). Lo comercial y lo “popular” desplazó a lo cultural. Como reconoce Curran, citando a otros autores, “la gente seguía siendo ignorante, pero estaba distraída”.
Sin embargo, una vez terminado el belicoso episodio, la filosofía de preguerra de la BBC, auspiciada por Reith, volvió a su cauce. En 1948 se pusieron en marcha las Reith Lectures, que han continuado año tras año, sin interrupción, hasta la actualidad. Cada temporada, una importante figura de las letras o de las ciencias, era invitada para emitir una serie de conferencias sobre el tema que esta misma propusiese. El éxito de audiencia fue constatándose año tras año. Instructivas e interesantes lecciones que ayudaban a los británicos, no sólo a olvidar los horrores de la pasada guerra, sino a mejorar su instrucción y entendimiento sobre el mundo que les rodeaba. A continuación, y a título meramente ilustrativo, exponemos la serie completa de conferencias dictadas desde 1948. Repárese no sólo en los autores, sino también en las materias a tratar, y relaciónense con el año en cuestión: http://en.wikipedia.org/wiki/Reith_Lectures
Mientras los británicos disfrutaban de la sapiencia de sus mejores pensadores y científicos, en España los oyentes toleraban doctrinantes radionovelas, charlas religiosas y programas nocturnos de “consultas” cotidianas.
A pesar de las existentes connivencias entre BBC y gobierno británico durante la guerra y primera parte de la posguerra (y más teniendo en cuenta que John Reith fue ministro de Propaganda), la pretensión educativa de la BBC no rebajó su intensidad. Y no era necesario, como pudo demostrarse sobradamente, que la programación educativo-reflexiva que pretendía la BBC abusase de la “lecture” para conseguir sus fines. La televisión, absolutamente integrada ya entre la masa popular en los 50, colaboraba a su manera con los objetivos culturales de la cadena. Así, en la primera mitad de la década, se elaboraron grandes adaptaciones literarias para la pequeña pantalla. Una de ellas, de éxito extraordinario, fue la novela de George Orwell 1984. Una espectacular y honda reflexión acerca de la naturaleza humana y del futuro de las sociedades occidentales. Una contrautopía que dio mucho de que hablar.
El entretenimiento acompañado del enriquecimiento cultural se convertiría en la tónica general de la BBC, empeño que continúa en la actualidad. Los grandes documentales históricos, a veces en tomando forma de drama documental, cosechan éxitos internacionales espectaculares. Lo que viene a demostrar que la BBC ha dado con la fórmula mágica: el entretenimiento de calidad e instructivo es posible, además de exitoso y rentable.
Hoy en día, y a pesar de la competencia comercial a la que se enfrenta la BBC (el sector televisivo se liberalizó en el Reino Unido en 1955 y el radiofónico en 1973), la Corporación sigue siendo la referencia cultural de la audiencia británica, tanto en radio como en televisión. Incluso con reconocimientos oficiales al respecto. Así, en 1962, el Pilkington Committee, emitió un informe en el que se criticaba muy duramente a la cadena televisiva privada ITV por configurar una programación de poca calidad. A la vez, se felicitaba a la BBC por todo lo contrario, premiándose su buen hacer con la puesta en marcha de un segundo canal, la BBC2, puesto en funcionamiento en 1964. Las autoridades británicas quisieron, con este gesto, ratificar lo que sigue: la calidad es imprescindible. Acto público ejemplar, que ojalá se diera más a menudo en otros países, empezando por el nuestro.
La Carta Real, a la que ya hemos hecho referencia, se revisa cada diez años. La última revisión, que entraba en vigor el pasado 1 de enero, sigue incidiendo en los ideales de la Corporación. El más importante: “provides public value in all its major activities” (proveer de interés público a todas sus grandes actividades).
Extracto del estudio: British Broadcasting Corporation. Un modelo y una filosofía que funcionan, por Aitor Lourido








