viernes, marzo 23, 2007

INVESTIGANDO CONSPIRACIONES: ¿UNA METÁFORA DEL 11-M?

Comenzando por esta operación de rebusca en los intestinos informativos, se les proporcionaba a los agentes, antes de lanzarse con entusiasmo y olfato de perdiguero al trabajo de campo, una base inmediata de investigación a puerta cerrada, de cuyo tenor, páginas atrás, tuvimos la oportunidad de adelantar un breve aunque clarificador ejemplo, frases simples, corrientes, como las que siguen, En general no suelo votar, pero hoy me ha dado por ahí, A ver si esto sirve para algo que merezca la pena, Tanto va el cántaro a la fuente, que allí se deja el asa, El otro día también voté, pero sólo pude salir de casa a partir de las cuatro, Esto es como la lotería, casi siempre cae en blanco, A pesar de todo, hay que persistir, La esperanza es como la sal, no alimenta pero da sabor al pan, durante horas y horas estas y otras frases igualmente inocuas, igualmente neutras, igualmente inocentes de culpa, fueron desmenuzadas hasta la última sílaba, desgranadas, vueltas del revés, majadas en el almirez de las preguntas, Explíqueme qué cántaro es ése, Por qué el asa se suelta en la fuente y no durante el camino o en casa, Si no solía votar, por qué ha votado esta vez, Si la esperanza es como la sal, qué cree que debería hacerse para que la sal sea como la esperanza, Cómo resolverla la diferencia de color entre la esperanza, que es verde, y la sal, que es blanca, Cree realmente que la papeleta de voto es igual que un billete de lotería, Qué pretendía decir cuando usó la palabra blanco, y otra vez, Qué cántaro es ése, Fue a la fuente porque tenía sed, o para encontrarse con alguien, El asa del cántaro es símbolo de qué, Cuando pone sal en la comida está pensando que le pone esperanza, Por qué viste una camisa blanca, finalmente, qué cántaro es ése, un cántaro real, o un cántaro metafórico, Y el barro, qué color tenia, era negro o rojo, Era liso, o tenía adornos, Tenía incrustaciones de cuarzo, Sabe qué es el cuarzo, Le ha tocado algún premio en la lotería, Por qué en las primeras elecciones sólo salió de casa a partir de las cuatro, cuando no llovía desde hacia más de dos horas, Quién es la mujer que está con usted en esta imagen, De qué se ríen con tanto gusto, No le parece que un acto tan importante como el de votar debería merecerle a todo elector con sentido de responsabilidad una expresión grave, seria, concentrada, o considera que la democracia da ganas de reír, tal vez piense que da ganas de llorar, Qué le parece, de reír o de llorar, Hábleme nuevamente del cántaro, Dígame por qué no ha pensado en volver a pegarle el asa, existen pegamentos específicos, Significaría esa duda que a usted también le falta un asa, Cuál, Le gusta el tiempo que le ha tocado vivir, o habría preferido vivir en otro, Volvamos a la sal y la esperanza, qué cantidad de cada una será conveniente para no hacer incomible lo que se espera, Se siente cansado, Se quiere ir a casa, No tenga prisa, las prisas son pésimas consejeras, una persona no piensa bien la respuesta que va a dar y las consecuencias pueden ser las peores, No, no está perdido, vaya idea, por lo visto todavía no ha comprendido que aquí las personas no se pierden, se encuentran, Esté tranquilo, no es una amenaza, sólo estamos diciéndole que no tenga prisa, nada más. Llegando a este punto, arrinconada y rendida la presa, se le hacia la pregunta fatal, Ahora me va a decir cómo ha votado y a quién ha votado, es decir a qué partido ha votado.

[Ensayo sobre la lucidez, José Saramago]

martes, marzo 13, 2007

EL PARTIDO DE LA INFAMIA

Más de dos millones de personas de bien, normales y militantes del sentido común se manifestaron el pasado sábado en la capital de España según la Comunidad de Madrid y el Partido Popular (sus datos siempre, por supuesto, profusos y explicativos, así lo avalan). Los populares, últimamente embriagados por el olor del asfalto y seducidos, como nunca antes lo habían estado, por el agradable tacto de la pancarta, se citaban por enésima vez para, desde el centrismo más centrado del punto central, elevar sus disconformidades políticas respecto a la actitud irrespetuosa, radical y mercantilista del Gobierno en lo tocante a las medidas que se refieren a la lucha anti ETA. El éxito de la convocatoria “rebasó todas las expectativas”, según el clarividente Secretario General del Partido Popular, Ángel Acebes, algo que el magnánimo aparato mediático afín se apresuraba estos días a ensalzar, considerando esta marcha como “la más importante de la historia de la democracia”. Qué desgracia, pues, para los que se perdieron la función. Los liberales y los demócratas más acérrimos de nuestro país salían a la calle para, como proclamó “solemnemente” su carismático líder, Mariano Rajoy, “defender a la nación española”.

Si bien, tal versión de los acontecimientos, sostenida fanáticamente por la ultraderecha de nuestro país, resulta absolutamente infame. El Partido Popular, definitivamente deslegitimado para participar en la democracia, agita a sus masas, enardeciéndolas debidamente con consignas rayanas a lo delictivo y con las mentiras más mayúsculas, para tratar de inestabilizar lo máximo posible al Estado de Derecho. Esto no deja de ser, por supuesto, el resultado de una enorme carencia existente en el seno del propio partido: un programa político que pudiera prestarles alguna esperanza de volver a la Moncloa. Ante semejante insuficiencia, la ultraderecha ha optado por el discurso tabernario, de la injuria y de la calumnia, para derribar por las malas al que, por el momento, ha sido el Gobierno de la historia de España que menos veces ha tenido que lamentar los execrables actos terroristas de ETA y que, como señalan las estadísticas, más detenciones ha llevado a cabo. La práctica del insulto y la descalificación, la única oposición que sabe practicar la derecha, ha calado hondo entre los votantes populares, sumándose con entusiasmo a tal divertimento. Sobrados ejemplos de ello se han difundido en los medios de comunicación en los últimos tiempos.

Las mentiras vertidas en las últimas semanas, que caldeaban el ambiente de cara a la masiva manifestación, han sido un cúmulo de despropósitos de imposible mensura. Convendría aclarar, por si a alguno de los cientos de miles de jubilados que acudieron engañados y manipulados a la convocatoria en auxilio de la patria todavía conservan un mínimo de raciocinio y capacidad de escucha, que el Gobierno de su, de repente, idolatrada nación, no ha excarcelado a de Juana Chaos ni puesto en libertad a ningún terrorista de ETA. Como tampoco ha habido acercamiento ni reagrupación de presos. Y por supuesto, nadie del actual Gobierno ha perdonado a de Juana sus veinticinco asesinatos y le ha librado de cumplir condena por ello. Nada de esto es cierto, por mucho que la oposición no se haya cansado de repetirlo hasta el hastío. De Juana Chaos ya cumplió condena por esos veinticinco asesinatos, aun siendo su descargo (dieciocho años) paupérrimo en comparación con sus crímenes. Pero el Gobierno no tiene la culpa de los beneficios penitenciarios que le reporta, todavía hoy, algunas cláusulas del trasnochado Código Penal de 1973. Por otra parte, el proceso judicial abierto sobre el terrorista por las amenazas vertidas sobre algunos funcionarios de prisiones, y sobre el que ya hay sentencia firme, no da pie a la colección de disparates y temeridades esputadas por los exaltados ultraderechistas populares. La huelga de hambre puesta en marcha por de Juana Chaos ha servido de arma arrojadiza, más que al propio interesado, al propio Partido Popular para verter sobre el Gobierno todo tipo de comentarios irregulares. Las condiciones infrahumanas del preso obligaban al Estado de Derecho a no permitir su muerte (legal y éticamente). Los Tribunales primero, e Instituciones Penitenciarias (dependiente del Ejecutivo) después, decidieron mantener al reo con vida en un hospital, pues en una celda los cuidados hubieran sido imposibles. Pero el reo siguió y sigue cumpliendo condena. Por supuesto, todo ajustado a la Ley. Como ajustado al ordenamiento jurídico es la posibilidad de que el preso cumpla el resto de su condena bajo arresto domiciliario. Independientemente de las críticas exclusivamente políticas que pudieran manifestarse en contra de esto último (acercamiento a San Sebastián, desde Madrid, y condena domiciliaria), algunas de ellas totalmente razonables y acertadas, el Gobierno, bajo ningún concepto, ha excarcelado ni puesto en libertad a de Juana Chaos, extremo éste alimentado burdamente por el Partido Popular entre sus bases y vomitado sin cesar por sus simpatizantes. Por supuesto, ante este asunto, el PP presentaba su inteligente solución: dejarlo morir. Como decía una ciudadana (toda una señorona, claro está), refiriéndose al gran gurú, José María Aznar: “él no le habría dado el caldo”. Sin embargo, fue el Partido Popular quien rebajó la condena a de Juana Chaos por escribir un libro que enaltece al terrorismo. Y fue el Partido Popular quien, en su inmensa generosidad, acercó a presos etarras al País Vasco durante el secuestro de Ortega Lara, presente en la manifestación. Y por lo que parece, como muchas víctimas de la AVT, con una grave afección amnésica.

Así pues, la manifestación, tal y como se había planteado (“no más cesiones a ETA”), no tenía razón de ser. Eso sí, volvió a dejar imágenes verdaderamente desagradables. La rojigualda tiñó de nuevo las calles de Madrid, atronadas luego por un poderoso ¡Viva España! bramado por Rajoy para cerrar su altisonante perorata para júbilo de sus ignorantes súbditos, embutidos en banderas formato sábana (quién sabe si es ésta su verdadera utilidad) y tocados con todo tipo de patrióticos complementos y detalles prêt à porter. Pero lo verdaderamente triste y vergonzante pasó por la utilización de la canción del grupo Jarcha, Libertad sin ira, y del lazo azul, en su día ideado por Gesto por la Paz, símbolos hasta ahora compartidos y alejados de la confrontación , pero que al Partido Popular parece no importarle prostituir si con ellos se satisfacen sus intereses partidistas. Como colofón al indigno acto, la imagen de Rajoy que acompaña a estas líneas, firme para escuchar el himno nacional (otra vez más), no precisa de añadiduras.

Su mismo protagonista tuvo la flaqueza moral de acudir, al día siguiente, a la inauguración del monumento en memoria de las víctimas del atentado del 11 de marzo del 2004. El Partido Popular, que considera a los afectados del 11-M de segunda categoría, y que, durante meses, ha intentado sembrar la duda sobre la labor judicial, no debería haber manchado el acto con su presencia. El Partido Popular, dirigentes y afiliados, ex portavoces y ex presidentes, periodistas adoctrinados y demás colectivos simpatizantes, han suscrito, todos ellos, en relación con el 11-M, las mayores infamias de las que la democracia española ha sido nunca presente. Baste repasar la hemeroteca para abundar en ello. Aún así, y para recordar la postura del Partido Popular respecto al 11-M, y pocos días antes de la inauguración del monumento, Miguel Ángel Rodríguez, ex portavoz de uno de los Gobiernos de Jose María Aznar, perteneciente ahora a la cúpula dirigente de la FAES, reclamaba saber, en un programa de televisión, “qué grupo terrorista puso a Zapatero en la Moncloa”. ¿Alguien del Partido Popular ha sancionado estas palabras?

El problema que la democracia española tiene con el Partido Popular se acrecienta cada día que pasa. Y es que, cuando un partido decide, voluntariamente, abandonar la política democrática, el discurso, el argumento, para dedicarse al bombardeo, totalmente maniqueo, de mensajes cargados de manipulación y demagogia, la salud de cualquier democracia se tambalea. Y las soluciones son complicadas. Solamente un castigo electoral ejemplar podría provocar el cisma necesario dentro del Partido Popular para que se suavizaran los planteamientos y, sobre todo, las formas. De lo contrario, la corriente más extremista de los populares podría verse reforzada y la estrategia implementada durante estos últimos tres años sobrevalorada. Pero mientras tal crisis y posterior revolución del PP no se produzca, nuestro sistema democrático, todavía adolescente, reconozcámoslo, seguirá sufriendo agudamente de una acritud prácticamente insoportable.

miércoles, marzo 07, 2007

LA REBELIÓN DE LOS VIEJOS

Éste es el llamativo título de una miniserie documental (de repente, un género de moda) de tres capítulos de duración producida por la segunda cadena (ZDF) de la televisión pública alemana. En ella, se sitúa al espectador en el año 2028, mostrándole en qué ha derivado el sistema de garantías sociales alemán y, más en concreto, el trato dispensado al colectivo demográfico de mayor edad. Más de un germano se ha quedado patidifuso al contemplar lo expuesto en pantalla: guetos y campos de concentración poblados por centenares de ancianos desahuciados, inservibles, abandonados a su suerte; comandos terroristas de viejos rebeldes antisistema, que asaltan farmacias, secuestran a millonarios, trafican y trabajan clandestinamente para poder sobrevivir etc.

Claro está, la desazón y la indignación entre la opinión pública alemana se ha repartido a partes iguales, provocando una extraordinaria polémica y encendidos debates. Los más crédulos se llevan las manos a la cabeza, asustados, pensando en la que se les viene encima. Los más escépticos, como siempre, consideran que no va más allá de un documental de ficción y que no vale más que lo que da de sí el correveidile que genera. Los agraviados consideran la cinta un ejercicio intolerable de demagogia y una colección de elucubraciones desbordantes de sinsentido. Efectivamente, es probable que el documental contenga dosis de todas las teorías planteadas, sin embargo, quizás convenga advertir a los seguidores de esta última que, con los datos en la mano, su postura es la menos sostenible de todas.




El envejecimiento de la población mundial es plausible. Y absolutamente escandaloso y alarmante si repasamos los datos de los países desarrollados. Para el año 2050, todos los estudios accesibles afirman que más de nueve mil millones de personas poblarán el planeta, de los cuales faltará poco para que un tercio sean mayores de 60 años. Por primera vez en la historia, dice la ONU, en sus ya clásicos estudios (revisados cada dos años) World Population Prospects, el porcentaje de personas mayores será superior al de las jóvenes. Las consecuencias de tal tendencia son fácilmente reconocibles. Hace unos meses, la Unión Europea advertía a los estados miembros acerca del peligro de quiebra de los sistemas públicos de garantías sociales debido al envejecimiento de la población. Y ponían una fecha, curiosamente, el año 2050. Pero las alarmas saltan mucho antes en otros países y en materias muy concretas. En España, por ejemplo, acaba de publicarse que el sistema de pensiones será deficitario en el año 2011.

Y el problema no hace más que crecer en sus magnitudes y, a la vez, en sus paradojas. El estado de bienestar alcanzado por algunos países ha traído consigo una mejora sustancial de la calidad de vida, de la sanidad y de la educación. Además, los avances científicos, aplicados a cualquier ámbito imaginable, provocan el alargamiento de la existencia, aumentando los índices de esperanza de vida. Así pues, inevitablemente, cada vez son más los ancianos a los que cuidar y proteger. Lo cual, sin ninguna duda, bien merece nuestra congratulación. Sin embargo, esto parece haberse transformado en un problema de proporciones que se atisban, para algunos, catastróficas. El aumento de las personas “improductivas” y el descenso de las potencialmente activas (descenso de la natalidad) suponen serios contratiempos para las economías: el descenso de los cotizantes y el aumento de los dependientes provocará el colapso.

Las noticias y advertencias lanzadas desde hace dos décadas respecto al problema del envejecimiento de la especie se pierden todavía en el limbo de los anecdotarios o, en su defecto, son interpretadas como desvaríos pseudocientíficos de un puñado de apocalípticos. Mas soslayar el problema no hará que éste desaparezca. La rebelión de los viejos, más que como un mero ejercicio de fabulación, puede entenderse como una reflexión (más o menos aderezada de amarillismo) que pone en solfa los huidizos planteamientos de una sociedad que tiende, por inercia, a oscurecer aquello que la perturba o incomoda.