Los demócratas de este país no se merecen que en el seno de su sistema parlamentario exista un partido de derecha radical, de corte manifiestamente extremista y antisocial, que intoxique con su banal y deleznable discurso la vida política y social española. Hablamos de un partido que estratégica y conscientemente ha adoptado una postura dialéctica e ideológica que raya lo delictivo, coqueteando demasiado con los modos y maneras de la derecha fascista que gobernó España hasta hace treinta años. El Partido Popular, la formación política en cuestión, se aleja cada vez más del centrismo moderado, la única postura que dota de posibilidades reales de ganar unas elecciones a los conservadores de este país.
En primer lugar, el Partido Popular debería condenar solemne, inequívoca y fervientemente a la vil dictadura franquista para poder considerársele un partido democráticamente íntegro. Las posibilidades que se le han brindado para ello no han sido pocas. Sin embargo, a todas ellas ha respondido negativamente con la misma energía que se le demanda para hacer todo lo contrario. Semejante actitud resulta inconcebible. Ni siquiera reúnen el “valor” suficiente como para condenar el golpe de estado del 18 de julio, detonante último de la guerra civil, y que resultó ser un inaceptable atentado contra la legalidad y legitimidad del gobierno republicano. Se refieren a él con una colección de eufemismos impropia de un verdadero demócrata, denominando a tal funesto día como el “pronunciamiento” o “alzamiento”. Tal postura puede recibir preocupantes interpretaciones: que los dirigentes del Partido Popular hacen propia la herencia franquista, hermanando sus planteamientos con los del Caudillo, no creyendo en absoluto en la esencia del sistema democrático y que, en realidad, no concuerda con sus más íntimos planteamientos romper con el ominoso pasado de esa fanática y autoritaria derecha. Ha sido el propio PP el que no se ha molestado nunca en desmentir estas consideraciones, por lo que debemos, por ende, tener presente a quién tenemos enfrente y de qué pasta está hecho.
La derecha de España forma parte del sistema democrático gracias a la comprensión, solidaridad, apertura de miras y responsabilidad que demostró tener la izquierda y el centrismo españoles durante
La radicalización de la postura política del Partido Popular es plenamente distinguible desde el año 2000, en el que lograron la mayoría absoluta para gobernar España sin ataduras. Olvidaron el pacto, el diálogo y el entendimiento como actitudes inexcusables para cualquier Gobierno. El Partido Popular adoptó una postura de suficiencia y unilateralidad intolerables. Afortunadamente, fue su pernicioso ego y pésima gestión, y la incalificable relación de mentiras y tergiversaciones de sus últimos dos años de mandato lo que desbancaron a la derecha de
que con la lucha anti ETA, ha denigrado al sistema judicial español, otorgando validez a los desvaríos conspiranoicos prefabricados por sus esbirros mediáticos y ha dado pábulo a las declaraciones de una colección de delincuentes comunes. El dantesco espectáculo político protagonizado por Rajoy y sus hábiles asesores ha degenerado hasta límites insospechados. Y lo peor de todo es que no existen síntomas de un cambio de rumbo inminente. Son los mismos que acusaban hace semanas al PSOE de tener la patente de la corrupción política en España, y que ahora han quedado en evidencia. Los mismos que manipulan a la opinión pública con vídeos que relatan hechos inexistentes; los mismos que, en materia de inmigración, mantienen un discurso incoherente; los mismos que, en el máximo ejercicio de deslealtad a las instituciones, tratan de ser aprendices del caso Watergate y que, en otras ocasiones, insultan abiertamente al Gobierno. Aquí, capítulo aparte merecería el eje mediático que sostiene a todo este discurso, haciéndolo si cabe más extremista, intolerante y dialécticamente violento. Esto supone solamente un ínfima muestra del grado de indecencia que guarda el discurso “político” del Partido Popular.
El resultado evidente de todo ello es el constante enrarecimiento del ambiente. El mayor peligro que se corre actualmente supone la asunción de normalidad del actual contexto político por parte de aquel segmento de la sociedad que se siente más alejado o escéptico respecto a éste. Hemos de evitar que esto ocurra, pues ello no favorecería en nada a la salud democrática de nuestro país. Los ciudadanos han de saber que la irrespetuosidad manifiesta del PP por el propio Parlamento, utilizando dentro de él lenguaje y formas tabernarias (¿se acuerdan de Rafael Hernando queriendo agredir a Rubalcaba?), no forma parte de la normalidad política. En definitiva, si el PP no se compromete con las formas plenamente democráticas, mostrando más respeto en el Parlamento y por















