Ha tenido que morir una persona para que en este país “de pandereta” se suscite un debate serio sobre la telemierda. Porque en España, ya se sabe, somos expertos en eso de actuar siempre a posteriori. Las neuronas no nos dan para más.
Alguien dirá que es imposible predecir una desgracia semejante a la del caso Svetlana, promovida en buena parte por los engaños y argucias que utilizan las televisiones comerciales españolas para engordar con basura sus programaciones. Métodos gansteriles patrocinados por los de siempre, Carlotti, Vasile y compañía, para entontecer y agilipollar a las masas, vendiéndoles morbo, riesgo y desgracias, siempre ajenas claro, óptimo todo esto para el voyeurismo irreflexivo. Pero no, tal punto no es cierto, claro que casos de estos son predecibles. De hecho, no hay nada nuevo. Ha pasado ya varias veces en España y otros países. Consúltese la hemeroteca cibernética para comprobarlo. Y seguirá ocurriendo de vez en cuando y de nuevo nos echaremos las manos a la cabeza. Es más, ¿no era a Antena 3 la que ya le ocurrió lo del caso Ana Orantes?
El presente artículo no aboga por analizar ningún caso concreto, ni por hablar de telebasura ni por atacar poderosamente a las televisiones. De todo ello se ha escrito más que suficiente en la última semana y de mayor calidad que lo aquí podamos añadir. El objeto de estas líneas es muy sencillo: la de hacer, simple y llanamente, una llamada a la responsabilidad. Porque es precisamente la escandalosa ausencia de ésta la que suele provocar todo tipo de catástrofes en cualquiera de los órdenes de la existencia humana, no sólo en las televisiones. Porque muchos actúan irresponsablemente, trayéndoles sin cuidado las consecuencias de su trabajo, opiniones o actuaciones. Eso es lo que pasa con los medios de comunicación de masas en general, que no alcanzan aún a entender cuál es su cometido y trascendencia. Ni siquiera comprenden que, en un mundo cada vez más complejo, sus errores e impericias ya no son tan aparentemente inocuos como se creía hasta ahora. Sus insensateces pueden salir caras.
Y hay medios de comunicación de masas que no son televisivos. Véase, por ejemplo, los libros. La literatura de una sociedad nos ayuda a comprenderla y, entre otras cosas, a intuir el grado de desarrollo moral e intelectual que la caracteriza y a reconstruir su propia historia. Y casi para predecir su futuro. Por tanto, se entiende que la literatura, el escribir libros, ha de ejercerse con responsabilidad y cordura. Pero algunos ya no lo entienden así. En la contraportada de El País del pasado 30 de noviembre, leemos una entrevista en la que la protagonista, una escritora de literatura infantil, dice, desvergonzadamente, lo que sigue (extracto de la entrevista):
(…) La Emperatriz de los Etéreos narra la peripecia de Aer y Bipa, un chico y una chica que viven en un mundo de hielo. En el viaje en busca del Palacio de la Emperatriz, los personajes van dejando de comer, de beber, quedando cada vez más delgados, más pálidos. “Si quieren relacionarlo con la anorexia, podrán hacerlo, pero tenía que ser así. Yo no soy una profesora. La gente supone que los autores de literatura infantil tenemos la obligación de educar, pero no, estamos para escribir nuestras historias, yo sólo planteo preguntas”.
Palabras irresponsables e indecentes, de las que sólo pueden derivarse dos razonamientos. Si la novela no tiene por qué educar al niño, entonces o lo deseduca, lo que suponemos que no pretende la bienintencionada susodicha, o simplemente la novela no es más que un puñado de palabras sin significado, pues cuando algo se escribe algo se quiere decir, y el discurso cuenta con un significado. Cualquiera de las dos opciones es mala. Una hace que la escritora sea detestable y la otra una mediocre incalificable. Una historia educa en un sentido o en otro, bondadoso o perverso, pero nunca puede estar vacía de significado. Esto último es algo absolutamente imposible. A no ser que, en lugar de una historia, el texto no sea más de una mera descripción de acciones, con lo cual ya no estaremos hablando de una historia, y por tanto el objeto y naturaleza de la obra ya es distinto. Así pues, los escritores son educadores, máxime cuando se trata de aquellos que tienen como público a los niños. Los que rechazan dicho estatus son irresponsables y egoístas, queriendo sólo hacerse ricos a base de explotar las inmaduras mentes infantiles. Como dice la escritorilla, ella está para “contar sus historias”, lo demás le importa un rábano. Ya se dice en la entrevista que va para la J. K. Rowling española.
La influencia de escritores, periodistas y comunicadores en general debería ser directamente proporcional a la carga de responsabilidad de la que se hacen cargo cuando aceptan su profesión. Porque tener influencia, y ejercerla sin responsabilidad, resulta ser un mero atentado al sentido común y un problema de orden social de gran envergadura, peligro en potencia. Acabamos de ver los posibles resultados durante estos días.










7 comentarios:
No estoy de acuerdo. El padre, la madre o mejor aún ambos a la vez han de cuidar de los hijos que para eso los han tenido.
Ahora bien, si no se preocupan de lo que leen, de leerlo o comentarlo con ellos, de hacerles ver la diferencia entre una novela y la realidad. Todos hemos leido "La isla del tesoro" y hemos soñado con ser piratas pero muy pocos lo han llegado a ser, en todo caso piratas de tierra firme, de recalificaciones y operaciones Malayas.
Es cierto, cada cual tiene que ser responsable. Pero cada palo tiene que aguantar su vela. Si no terminaremos como los usamericanos demandando a las cadenas de comida rápida por nuestro sobrepeso como si nos hubiesen obligado a engullir sus productos.
Estoy de acuerdo con aitor, la televisión es una mierda, yo no veo la tele, si acaso los deportes, futbol, ciclismo, baloncesto, atletismo... y el festival de jazz de san sebastian, pero esas cosas las echan en la 2 asique, como es un mundo aparte, se puede decir que vivo exento de de tv...
Lo de la educación es un tema escabroso, la educación la dan los padres o tutores, no obstante hay mucha gente que va a tener influencia tambien en nuestro comportamiento, lo bueno es que si tenemos una buena base vamos a saber lo que nos están enseñando. Todos vimos Songoku y aqui seguimos sin zurrarnos, bueno... mas o menos jejeje
Pero entiendo a Aitor perfectamente, el comentario de la escritora no tiene perdón, es cobarde y desalmado. Debe ser consciente de su influencia y aceptarla.
Unha aperta!
¡Ole!
Me ha encantado leer esta entrada.
Miedo a la responsabilidad por una parte y "mercenarios" de lo más inmoral por otra.
"Huir de la responsabilidad" sólo les es posible a los incapaces o locos...
Es muy cómodo definirnos como no responsables ni de lo que decimos ni de lo que hacemos. Pero eso es imposible siempre somos responsables para bien o para mal.
Somos responsables y nuestra responsabilidad puede ser negligente o diligente pero nunca hay irresponsabilidad (mucho menos para educadores, profesores, abogados, fiscales, médicos...).
Yo diría más los propietarios y gestores de la telemierda son conscientes y bien responsables de lo que dicen y de lo que hacen. Creo yo (o quiero creer) que en algún momento todas estas prácticas planificadas y negligentes pasaran a ser consideradas como crímenes contra la humanidad o crimines de lesa humanidad.
Un saludo.
sisgu: creo que deberías releer el artículo. me da la sensación de que no los has entendido bien. por supuesto que los padres son parte fundamental de la educación de un niño y son los primeros responsables de él. Eso nadie lo pone en duda. Pero el niño está expuesto a otros agentes de socialización, entre ellos los medios de comunicación de masas en sus diferentes formas: tele, libros, cine... El peso de estos factores es muy inferior al de los padres, pero no por ello son irrelevantes. Por eso, el que en ellos trabaja, el que de ellos se sirve para transmitir ideas, mensajes y valores, tiene que ser exquisitamente responsable de lo que hace. Negar esto es "escurrir el bulto", ser egoísta y un auténtico iletrado.
jesús: coincido contigo. tus aportaciones complementan perfectamente lo que acabo de decir. Creo que tienes razón, así que poco más te tengo que decir. Gracias por comentar de nuevo, eres un fiel seguidor.
juan a. pérez: gracias por tus amables palabras. veo que estamos en consonancia y me alegra saberlo. sobre lo de la telemierda "con premeditación y alevosía", pues claro que es así. Es lo que quieren y es lo que dan. Les da mucho dinero por diversas razones. Y no ven más allá, ni lo intentes. Por cierto, bienvenido a Ex Profeso.
gracias a los tres por participar.
saludos
Hola Aitor
Tu entrada me parece recomendable para ser leída por mucha gente. Yo hace tiempo que apagué el televisor o sólo lo utilizo para ver las noticias, salvo algunas excepciones. Es cierto lo que dices sobre la responsabilidad de los profesionales, la falta de una ética y lo que no se ve que huele también mal y muy mal (que muchos medios de comunicación tienen intereses políticos y económicos y pretenden teledirigir).
Discrepo de la parte final. Yo que me dedico a la enseñanza intento ser lo más responsable que puedo sabiéndome profundamente imperfecto y tengo clara mi responsabilidad, y esto no tiene nada que ver con el arte que me parece que es un espacio de libertad. Creo que es confundir un poco el asunto, aunque no he leído la obra a la que te refieres. La anorexia tiene raíces mucho más profundas que su posible difusión. Entraríamos en terrenos difíciles de dilucidar, creo.
Saludos
Estoy totalmente de acuerdo con lo dicho en el artículo publicado, creo que puede matizarse en algunos casos, pero en general suscribo lo que dice. Es penoso encender la televisión, menos la 2, canal que me devuelve la fe en lo que la televisión podría llegar a ser, vamos, que imposible no es. Como dice Antonio Gasset, una cadena que por sus índices de audiencia se posiciona como la mejor de todas, ja, que razón tiene.
Estoy en especial desacuerdo con Sisgu por varias razones. Me parece superficial considerar que, por ejemplo, La isla del tesoro hable sólo de piratas, así como La guerra de las galaxias no habla de extraterrestres raros y espadas láser o Alicia en al país de las maravillas de peripecias alocadas dentro de los sueños de una niña... todas estas historias transmiten valores y conceptos de gran importancia, y de forma muy clara además: la amistad, el valor, la honestidad, el mal contra el bien, lo absurdo, el cuestionamiento de la autoridad... No son simples ocurrencias y provocan un efecto en aquellos que las ven o las leen, por lo tanto tienen una responsabilidad, otra cosa es que no la suman. Además la frase de "cada palo que aguante su vela" me inquieta y me molesta especialmente. Es parecida a esa que se escucha a veces cuando se habla de África por ejemplo: "mejor ellos que yo". No sé que se quiere decir con esta frase ni con la otra. Me parece una manera rápida y fácil de quitarse la responsabilidad de encima y de apología del egoísmo, excusa la falta de empatía y de humanidad.
Hola Aitor
Pasaba a seguir el hilo del debate. Aprovecho para desearte unos felices días de amistad estos que vienen.
Un saludo
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