jueves, octubre 18, 2007

TENGO UNA PREGUNTA PARA USTED, SEÑOR CIUDADANO

El pasado martes, nuestra televisión pública volvía a apostar por el que ha resultado ser uno de los formatos que mejores índices de audiencia le ha otorgado durante los últimos tiempos y en el que un auditorio conformado por cien ciudadanos de a pie tienen la oportunidad de plantear sus preguntas, sin pacto previo, a los políticos que se prestan a tan televisivo examen. Hablamos, por supuesto, de Tengo una pregunta para usted. Después del popularizado anecdotario que dejaron las anteriores ediciones del programa, existían nuevas expectativas, similares, por qué no, a éstas: ¿quién meterá la pata por desconocer el precio del papel higiénico? ¿Cobrarán los invitados más o menos que Rajoy? ¿Qué “brillante” cuestión resaltará la prensa al día siguiente?

En realidad, el programa sirve solamente como escaparate televisivo para la campaña política de un candidato cualesquiera y como espectáculo voyeurista para los que están en casa, que creen que sus conciudadanos, en los que quieren verse reflejados y consideran aliados de su misma causa, serán capaces de poner contra las cuerdas a unos políticos sobradamente curtidos en aquello de evadir las preguntas que les resultan incómodas. Al final, en ningún caso el ciudadano que pregunta y el espectador que mira quedan satisfechos. Máxime cuando cualquiera de los políticos que por allí desfila controla perfectamente el contexto televisivo en el que se desarrolla el cuestionario y en el que por su parte el ciudadano común encuentra gran hostilidad e innumerable cantidad de desventajas, por lo que su bienintencionado conato de crítica y reflexión se reduce a una titubeante y fútil verborrea, inocua para el que recibe la pregunta.

Cierto es, entonces, que Gaspar Llamazares, Duran i Lleida y Carod-Rovira salieron, como sus predecesores en tal tesitura, moderadamente airados del encuentro. Si bien habríamos de subrayar algunos aspectos importantes del discurso de cada uno de ellos, como ya hicimos en artículos anteriores, esta vez aparcaremos este cometido para centrarnos en el papel ciudadano.

Dicen todas las encuestas que la ciudadanía española está muy descontenta con su “clase política” (horrenda denominación, por cierto). Las razones que se atribuyen para tal aseveración son de distinto cariz, pero suele sobresalir sobre todas ellas la que sigue: se alega que los políticos están alejados de los “intereses” de los ciudadanos, que no cuentan con el pueblo para la política. En esencia, que no se preocupan por sus “verdaderos” problemas o inquietudes. Aquí radicaría el interés del programa, pues los hombres y mujeres de la calle podrían, por primera vez, fiscalizar personalmente la labor de un político, plantearle sus dudas, cuestiones y reproches, y también aprovechar para reclamarle más atención hacia los asuntos “reales” que tanto les acucian. El grave problema, dramático en realidad, es que desaprovechan esta oportunidad que se les brinda.

Salta a la vista que, a pesar de lo que describen los sondeos, los ciudadanos españoles son absolutamente desconocedores de lo que les interesa, no siendo solamente los políticos los aquejados por semejante mal. Ante esto, caben distintas interpretaciones. Planteemos dos: o el ciudadano no se pregunta verdaderamente lo que le interesa, lo cual sería descorazonador para cualquier democracia, y por supuesto, absolutamente cínico por su parte teniendo en cuenta lo declarado en las encuestas; o bien el ciudadano, en España generalmente huérfano de una cultura solvente, no sabe distinguir de entre todos ellos cuáles son los fundamentales. Por tanto, hablamos de dejadez o de desconocimiento, cualquiera de las dos opciones nefastas y explicativas en sí mismas de por qué se ha devaluado la práctica política hasta el punto en el que nos hallamos, algo en lo que el ciudadano también ha tenido mucho que ver.

Los asistentes al programa plantearon cuestiones alejadas de sus “intereses reales”. Reproducían miméticamente lo difundido en la prensa, acusada también a menudo de aliarse con la “clase política” para alejar a la ciudadanía de sus temas de interés. Hablaron de memoria histórica, del “Plan Ibarretxe”, de las disensiones internas de los partidos, de lo tocante al estatuto de Cataluña… En definitiva, de todo aquello de lo que, supuestamente, están hastiados. ¿A qué se debe? Como ya hemos señalado, quizás no sepan a ciencia cierta lo que les interesa. Aunque hubo quien sí parecía tenerlo claro: ¿en qué Liga jugarían el Barcelona y el Espanyol si Cataluña se independiza de España? Dos personas, visiblemente preocupadas, plantearon dicha cuestión a Carod-Rovira, visiblemente molesto porque su discurso secesionista no alcanzase mayor trascendencia entre parte del auditorio.

En definitiva, la inmigración, las pensiones, los impuestos, los accidentes de trabajo, el paro, las infraestructuras, el transporte público nacional, la política exterior, la educación, la sanidad, la cultura… y mil cuestiones más quedaron fuera del cuestionario o formaron parte de él de manera testimonial e insuficiente. Nadie negará que estos sean los grandes temas que los ciudadanos dicen echar de menos en el discurso político, sin embargo, al tener la oportunidad de traerlos a colación, ya que los políticos no están por la labor, estas materias brillan incomprensiblemente por su ausencia.

Así pues, y a la vista de todo lo acaecido, Tengo Una Pregunta Para Usted, Señor Ciudadano: ¿qué es lo que le interesa, si es que le interesa algo?

2 comentarios:

Lord Brithuss dijo...

Querido mío:

La última vez que fui espectador del mencionado programa televisivo acabé - fuiste testigo - lanzando objetos enfurecido contra la pantalla, tanto por las repuestas del "profesional" de la política como por la hipotética preparación de los ciudadanos. Debo insistir en mi concepción de ciudadano, que se aproxima bastante a la que tenían los sabios de la época helenística clásica y de la que ya he hablado, no sé si en mi blog o en algún comenteario por ahí perdido. Resumiendo: que tienes más razón que un santo, como siempre. ¿Las razones? Échale un vistazo a la cabecera de tu propia página "MUY POCOS SABEN LO QUE QUIEREN Y MENOS AÚN LO QUE NECESITAN". Perdona por la extensión.

L.B.

PD: ¿Qué ocurre que no comenta en ésta excelsa página más que un servidor?

Aitor Lourido Rodríguez dijo...

Leal Brithuss:

en primer lugar, sabes que con tus valiosísimos comentarios tengo más que de sobra. En cualquier caso, esperemos que algunos recuperen sus conexiones a Internet y otros aterricen en la blogosfera después del parón de exámenes y la vuelta al curso a quien le haya correspondido.

En segundo lugar, aquí no hay límite de extensión para el comentario, faltaría más. Me ha sorprendido tu petición de clemencia a este respecto, jeje.

En tercer lugar, es la tercera vez que mis conciudadanos me decepcionan hondamente. Cierto que la TV les puede causar impresión. Aún así, ¿acaso otras veces no muestra el español medio una capacidad de extroversión muy superior, acudiendo a otros programa de Tv? Entonces, ¿por qué tantos nervios en Tengo una pregunta para usted? ¿No será que en otros foros televisivos lo que prima no es precisamente el cerebro, verdad?

Que una persona de clase media, de la edad que sea, pero sobre todo algunos jóvenes, no sea capaz de plantear una pregunta que tiene previamente repensada sin hacerlo con un mínimo de habilidad, tanto dialéctica como cognitivamente hablando, no es un problema exclusivamente achacable a los nervios (que juegan su papel, no lo niego), sino a las graves carencias culturales que ha sembrado el infame sistema educativo de nuestro decadente país.

Un cariñoso abrazo.