Ha muerto el periodista español Juan Antonio Cebrián, una tragedia para los que todavía creemos en la nobleza de esta profesión. Con sólo 41 años, un fulminante infarto ha sesgado su vida.Cebrián era célebre por sus programas radiofónicos de divulgación histórica y cultural, en los que cabían, por ejemplo, sus magistrales "Pasajes de la Historia", absolutamente sublimes. Promulgó también como nadie todo lo relacionado con la ciencia y la literatura, y las tertulias de las Cuatros Ces (conformadas por él mismo y sus compañeros Carlos Canales, Jesús Callejo y Bruno Cardeñosa) resultaban extraordinariamente didácticas. Cebrián divulgaba cultura, saber. En realidad, conseguía lo que pretende el buen periodista: hacía que sus oyentes, cuando se levantaban a la mañana siguiente después de haber consumido parte de la madrugada en escuchar su magnífico programa, fueran mejores ciudadanos, más íntegros y formados.
Por tanto, Cebrián no sólo era un divulgador de "fenómenos paranormales", como así lo califica la agencia EFE en su teletipo, que puede leerse ahora mismo, por ejemplo, en la edición digital de El País. Rebajar así el irrepetible trabajo de un profesional de la talla de Cebrián resulta insultante e intolerable. Roza la infamia.
Con La rosa de los vientos, su programa más longevo (había comenzado hace escasas semanas su 11ª temporada en antena) Cebrián deja un legado y una interesante lección. Respecto a lo primero, Cebrián pasa a la Historia como el hacedor de uno de los mejores programas radiofónicos de la última década en España. Sobre lo segundo, deja taxativa prueba de lo que algunos mediocres se esfuerzan en no reconocer: la radio es, fundamentalmente, palabra, discurso, ideas negro sobre blanco, sin necesidad de más fútiles artificios . No importaba cuanto tiempo hablara sin pausa, no importaban los efectos de sonido, ni importaban tampoco, en absoluto, las dramatizaciones. La historia y el periodismo son palabra, que no se olvide nunca. Sin necesidad de una voz prodigiosa, solamente con la ayuda de agradables cortinas musicales (siempre oportunamente escogidas) y armado con un buen texto, la radio sonaba con elegancia y rigor, además de borbotear amenidad.
Juan Antonio Cebrián fue de los pocos en dar con la fórmula mágica: informar, formar y entretener. A pesar de estar buena parte de su carrera marginado en la madrugada (donde suelen encontrarse los mejores programas), contaba con toda una legión de fidelísimos seguidores entre los que, por supuesto, se incluye el que esto escribe. Ahora, la incertidumbre acecha: ¿seguirá el programa? ¿podrá alguien sustituirlo? ¿quedaremos los amantes de la buena radio desamparados?
Ex Profeso quiere rendirle este humilde homenaje. Ya quedan muy pocos periodistas. Por eso a los que se van hay que despedirlos como se merecen: con respeto y admiración profundos.
Hasta siempre, periodista.









5 comentarios:
Querido compañero:
Por una vez, y sin que sirva de precedente, me alegro de que me hayas "levantado" el tema de un post que ya pergeñaba cuando supe la noticia. Creo que no se puede decir más, en menos líneas y con mayor claridad y verdad de como lo has hecho aquí. Por eso, como periodista, fiel seguidor del programa y amante de la radio de calidad, me uno a la comunidad de oyentes que lamentamos su inesperada pérdida. Además, me tomaré la libertad, con tu permiso, de linkear este post en mi humilde castillo. Un saludo y que un periodista de los buenos descanse en paz. Salud y buenos alimentos, hermano.
L.B.
La verdad, difícil de creer al escucharlo, "Cebrián ha muerto". El domingo escuchando la rosa de los vientos sin él, el homenaje que sus compañeros le hicieron no pude por menos que llorar ante las descripciones y recuerdos de Cebrián, todo lo que contaron hacia ver la gran persona que era, además del genial profesional que ha dejado mudas las madrugadas. Uno de los buenos se va, cada vez son menos, una doble pérdida.
En este tipo de situaciones es difícil no caer en los tópicos, entre otras cosas porque no hay palabras y en ellos podemos dejar constancia de un mínimo porcentaje de lo que sentimos en realidad, pero he de decir que en este artículo te los saltas sin dejar de decir todo lo que con ellos pretendemos.
Un saludo
gracias a ambos por sumaros a este modestísimo homenaje:
Sé perfectamente que érais oyentes como yo. Por eso entiendo lo que sentís. Y efectivamente, el domingo, en el programa tributo que le brindaron sus compañeros, pudimos intuir lo grande que era este hombre. No le conocimos personalmente, y sabemos de las exageraciones en la que pueden incurrir sus más allegados, sin embargo, sí que transmitieron, sin alardes sensibleros, los valores y las actitudes de Cebrián. Y me alegré como nunca de constatar que son las de un periodista de verdad.
Ojalá nosotros tres lleguemos algún día a ser siquiera una mínima sombra de lo que él ha sido. Por lo de pronto, reconozcamos a un maestro que se va.
Queridos amigos, como él diría: fuerza y honor!
Abrazos.
Hola Aitor,
Es un hermoso homenaje, lo haces con sentimiento. Por cierto que yo no le conocía, pero si como dices, llevó con nobleza su profesión - esta tan importante a la sociedad - y plantó semillas de ciudadanía, el legado de su vida tendrá herderos.
Decirte también que he leído otros posts, y me gusta como llevas el periodismo con el alma.
Te dejo un abrazo.
Gracias, Tania, por tu visita y tu amable comentario.
Me alegra que hayas leído otros de mis artículos. Espero que te hayan gustado y que sigas viniendo por aquí siempre que te apetezca.
Además, una artista como tú, deja siempre en este blog un valiosísimo matiz de sensibilidad y decoro en todo lo que escribe. De nuevo, gracias por tu participación. Sabes que te devolveré la visita.
Otro abrazo para ti.
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