martes, septiembre 25, 2007

SONRISAS DESDE EL INFIERNO

El ser humano está condenado a una eterna huida hacia delante. Intenta escapar de las pesadillas que él mismo se ha afanado en generar, ansiando dejarlas atrás, borrarlas de la memoria colectiva, para así, engañándose a sí mismo, esconder sus penurias y miserias. Se trata, en definitiva, de autoindultarse, de redimir sus espurios actos. Incluso a veces, alentado este impulso por el desagradable escapismo que caracteriza a nuestras sociedades y por la evidente falta de responsabilidad histórica que nos embarga, el intento está bien cerca de fructificar.

Por suerte, de cuando en vez surge algo que ayuda a que el pasado nos alcance de nuevo y golpee nuestras endebles moralidades con inusitado retumbo. Es lo que ha ocurrido hace unos días con la publicación de unas clarividentes fotografías. Fueron tomadas a partir de la segunda mitad del año 1944 en el campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, en la Polonia ocupada. Probablemente pertenezcan a la colección personal de Karl Höcker, un oficial ayudante del máximo responsable del campo, Richard Baer. Ambos fueron miembros de las infames Schutzstaffel (SS).

Normalmente, la publicación de cualquier tipo de material audiovisual o fotográfico que tenga que ver con la maquinaria genocida de la Alemania hitleriana suele retratar lo más descarnado del Holocausto. Sin embargo, la novedad aportada por la nueva colección de instantáneas ilustra algo que, a pesar de intuirse, no había sido posible refrendarlo en imágenes: el cinismo, la impudencia, la flaqueza moral y la tiranía de los verdugos. Sonrientes y ufanos, su actitud nos impacta tanto o más que todo lo visto sobre Auschwitz hasta la fecha. Observamos las escenas cotidianas del personal militar y burocrático del campo con irritada estupefacción. No se ven cadáveres, ni columnas de humo. Sólo individuos disfrutando de su tiempo de asueto, organizando un picnic, tomando el sol o jugueteando con el perro. Todo ello a escasos metros de los barracones donde, con malvada y escalofriante escrupulosidad, morían miles de personas todos los días. ¿Cómo, entonces, llevar una vida aparentemente despreocupada? ¿No sentían el más mínimo aturdimiento moral? ¿No dormían mal por las noches? ¿No temían siquiera el castigo divino? ¿Es que no olían el gas, la putrefacción, la muerte?

Tachémosles de locos, pero no lo eran. Creamos que no eran humanos, pero lo eran. Pensemos que no sabían lo que hacían, pero también nos equivocaremos. Como erraremos si nos convencemos de que tan abominable episodio no podría repetirse. Conviene que mantengamos un mínimo de pesimismo y no confiar en nuestra propia especie más allá del mínimo exigible para seguir sobreviviendo. O por lo menos, ésta es una enseñanza que nos lega nuestra propia historia moderna. De lo contrario, olvidando lo que nos ofusca y enfundándonos de nuevo en nuestra autocomplaciente existencia, estamos abocados al desastre.

De cara a las generaciones anteriores, el olvido sería una indecente falta de sensibilidad y respeto. Pensando en las futuras, una irresponsabilidad inconmensurable. De cara a la nuestra, el olvido sería uno de los más terribles actos de egoísmo jamás cometido.

3 comentarios:

María Elvira dijo...

Estamos tan acostumbrados a ver imágenes de los sucedido en la II Guerra Mundial... ya a casi nadie le afecta lo que ocurrió hace escasos 60 años, a la vuelta de la esquina.
Da miedo pensar que el ser humano haya llegado a hacer algo así de forma tan organizada, pero como tú has dicho somos expertos en el olvido, tanto del pasado como del futuro, ya que sabemos que nuestras acciones tienen consecuencias pero la obviamos porque "total, nosotros no las veremos", la muerte exculpa de todo, la verdad es que es una pena que lo del juicio final sea un mito, porque estaría bien que todos los ........ pagasen por sus actos.
Madre mía, ¡cómo está el patio!

JuanBM dijo...

Hola Aitor

Me ha impresionado tu entrada y especialmente las fotos que no conocía y esa despreocupación y ausencia que pesa en todas de lo que estaba ocurriendo.

¿Qué decir de todo ello? ¿verdad?

Yo creo que el ser humano es altamente manipulabre. Todos aborrecemos a un asesino y a todos se nos heriza la piel ante un suceso así. Creo que la menesterosidad del hombre que fundamenta su ser social es donde reside la posibilidad de ese abismo que fue el Holocausto. Si analizamos la historia veremos que el hombre mata despiadadamente a otros seres humanos apoyándose en ideología. Y esto último lo subrayo. En la mentalidad de la época con el antisemitismo en voga eran "simples judios" los "culplabes"de todos los males de la Humanidad. Con ello quiero decir que la batalla está ahí, no dejar pasar ni una sola vez la criminalización de minorías o personas que no piensan lo que la mayoría, que no viven como la media.

Hoy en día hay también crímenes silenciosos que se acometen sencillamente con otra emoción, la indiferencia. Dejamos en el abandono social a sin papeles, a los sin techo, a los ancianos, a mujeres sin apoyos familiares. Somos indiferentes a su dolor o a su exclusión social y esto es tan horrendo como lo que retratan esas "lejanas" fotografías. Hemos conseguido un nivel social y nos olvidamos de lo demás, como si todo ello no fuera con nosotros, nos basta con pagar los impuestos o votar a los mejores gestores de la cosa.

Un saludo

Hoy vivimos de puertas para dentro en chalés que no dejan ver la injusticia, no miramos al vecino, ignoramos porque debemos ser felices aunque haya quien no lo sea.

Aitor Lourido Rodríguez dijo...

queridísimos lectores:

Elvira: dices al principio de tu comentario: "estamos acostumbrados...". Esa es la cuestión, que estamos ya tan habituados a algunas cosas tan horribles que da la sensación de que nuestra alma se enrroca tanto que ya somos invulnerables. Pero fíjate que, al ver las fotos éstas, tan distintas a las habituales, pero a la vez tan atronadoramente delirantes, que reaccionamos. Ya sabes lo que pasa, que solemos reaccionar ante lo distinto. CUnado esta imágenes ya no sean distintas o raras, también nos pasará. Quién sabe, a lo mejor en el futuro alguien piensa que estos malvados seres también tenían derecho a disfrutar de la vida...

JuanBM: me alegra volver a verte. te devolveré la visita. Creo que tienes razón en lo que dices. Hay que vigilar los comportamientos que tenemos hacia las minorías. Pero sobre todo, quiénes tienen estas actitudes. Conviene estar vigilantes.

Muchas garcias a los dos por los comentarios. hacéis que mi blog sea mucho mejor con vuestras aportanciones.

Un abrazo.