La diosa Estulticia, como diría Erasmo de Rotterdam, acaba de inaugurar su nueva sede terrenal en una pequeña localidad lucense de apenas 800 habitantes, cabeza de comarca y sede de gobierno de todo un municipio, que aglutina, en suma, a otro millar de habitantes más. Tal es la peculiaridad del caso que traeremos ahora a colación que bien recordamos el nombre de dicho lugar, en contra de lo que otros grandes relatos nos han querido ocultar. Nos referiremos, con una mezcla de asombro y “orgullo” patrio a partes iguales, al extraño caso de la excelsa y despierta villa de Meira.Cobijados a los pies de una pequeña sierra montañosa, de homónima denominación, los meirenses, padres del Río Miño, hijos de la poderosa orden medieval del Císter, que funda la localidad en plena Edad Media, y orgullosos, a la vez, de su relativa pujanza regional, sin duda herencia directa de ese pasado, afrontaban las pasadas elecciones municipales con, según se rumoreaba en los principales mentideros locales, irrefrenables desiderios de cambio político. Después de varias legislaturas bajo designio popular, con mayoría absoluta y sin oposición alguna que merezca aquí mínima reseña, los resultados que arrojaron la jornada dominical del 27 de Mayo parecieron refrendar dicho espíritu. El Partido Popular perdía la mayoría (cuatro concejales sobre nueve) y quedaban abiertos posibles pactos de los partidos opositores (que suman cinco concejales, a la sazón, un posible mayoría absoluta) para elevar al trono consistorial a un nuevo aspirante. A efectos de ilustrar numéricamente lo aquí expuesto, véanse pues los resultados oficiales:
A ojos vista, y sin necesidad de doctorado en cifras y letras, la limitada pluralidad política municipal impide grandes maniobras de aritmética electoral. Las ecuaciones que darían como resultado el ansiado cambio político se antojaban, recurriendo a la matemática clásica, sencillas y de fácil despeje. Pero los meirenses, que se saben doctores, eso sí, en esa afamada retranca gallega (para los profanos: incoherente ironía, normalmente de carácter gratuito, y sin objetivo o fin definido), habían, todavía, de demostrar su capacidad creativa, desdeñando la cortedad de miras del clásico proceder político y ofreciendo una alternativa de alcance, inexplorada y original. ¿Por qué no había de gobernar el representante político menos votado? ¿Y por qué no hacerlo, ya metidos en harina, con el apoyo del partido más votado? Y llegados a este punto, ¿por qué no hermanar dos siglas políticas de antagónico corte ideológico?
Los ciudadanos de Meira ya podrán disfrutar de un nuevo alcalde, socialista esta vez, y de un espectacular vuelco político de magnitud inmensurable. Desde luego, las cifras hablan por sí solas, y al ajeno ciudadano de la comarca el resultado que de éstas se ha derivado le trascenderá como democrática y matemáticamente realizable. Quién sabe si, en las repetidas ejecutivas socialistas post electorales, sus sesudos analistas observarán en esta modesta villa todo un ejemplo de proceder estratégico, de talante y de capacidad de pacto. El PSOE de Meira accede al poder, mediante un ardid extraordinario de visión política, aportando su granito de arena a la estadística nacional, que viene a corroborar las grandes ganancias de poder real y efectivo del PSOE en toda España. Sin duda, este nuevo bastión socialista, islote ideológico entre vecindades de color político diferente, poco tardará en convertirse en leyenda a recordar, de generación en generación, entre las filas socialistas.
Los ciudadanos de Meira ya podrán disfrutar de un nuevo alcalde, socialista esta vez, y de un espectacular vuelco político de magnitud inmensurable. Desde luego, las cifras hablan por sí solas, y al ajeno ciudadano de la comarca el resultado que de éstas se ha derivado le trascenderá como democrática y matemáticamente realizable. Quién sabe si, en las repetidas ejecutivas socialistas post electorales, sus sesudos analistas observarán en esta modesta villa todo un ejemplo de proceder estratégico, de talante y de capacidad de pacto. El PSOE de Meira accede al poder, mediante un ardid extraordinario de visión política, aportando su granito de arena a la estadística nacional, que viene a corroborar las grandes ganancias de poder real y efectivo del PSOE en toda España. Sin duda, este nuevo bastión socialista, islote ideológico entre vecindades de color político diferente, poco tardará en convertirse en leyenda a recordar, de generación en generación, entre las filas socialistas.
Pero toda leyenda, si no ésta no sería tal cosa, sino mera Historia, conserva en su seno matices de realidad y ficción. Habiendo contado lo anterior, y tomándose ello, tenga el lector la amabilidad, como la parte ficticia del relato, escarbemos ahora en la otra parte, pero deseando la mínima difusión de estas líneas, pues no queremos ser los responsables de mancillar leyendas ejemplares.
El nuevo e ilustre alcalde contará con el apoyo, prácticamente en exclusiva, del Partido Popular. Así se demostró en el pleno de investidura, pues el otro partido en liza no prestó sus cuantiosos votos al nuevo jefe de gobierno, que a última hora discriminó la posibilidad de sellar un pacto con éste. Por tanto, el flamante primer edil, desarrollará su extenso y puntilloso programa, siempre y cuando, al ex alcalde, ahora líder de la oposición, le parezca conveniente, provechoso y económico arrendar sus apoyos. “Es lo que tiene gobernar en minoría”, suponemos que alegará estos días el recién estrenado alcalde. “Si lo hace Zapatero, por qué no yo”.
La falta de ética política del nuevo líder consistorial le ha llevado a ceder todo su poder efectivo a los que durante las últimas legislaturas han disfrutado de él sin miramientos ni eficacia alguna, por ostentar flamantemente, pero sólo de manera meramente oficial, su nuevo bastón de mando, hinchando su ego público hasta límites que verdaderamente desconocemos. Meira cuenta ya con un alcalde títere, y el Partido Popular ha conseguido en esta modesta villa lo que tanto lleva reclamando en los últimos tres años: gobernar desde la oposición. Quién sabe si éste es el primer paso hacia un nuevo modelo de gobernabilidad de España. Por supuesto, tal asunto supondría un nuevo motivo de orgullo para los meirenses, pues no todos los días se exporta al mundo civilizado innovaciones democráticas de semejante calibre.
Extraño caso éste para quien no se encuentre familiarizado con eso que suele denominarse, muy desatinadamente, “la política municipal”. En las pequeñas localidades, como la que protagoniza esta disertación, la política no existe. Es sustituida por un extraordinario mercadeo de favores, rencillas personales, alianzas familiares, buenas y malas miradas, discusiones de taberna, influencia parroquial, venganzas de juventud, cantidad de “rondas” invitadas, negociaciones agropecuarias, amistades varias, la propia personalidad del candidato etc. Tienen parte de razón, pues, los que expresan sus reservas al tratar de extrapolar los resultados del 27-M al tablado nacional. Claro está, sin minusvalorar las referencias que pudieran entresacarse de dichos resultados, lo cierto es que casos como el aquí expuesto hacen que cualquier valoración pierda su pretensión de validez. “La política municipal” permite al candidato que recoge poco más del 17% de los votos erigirse en alcalde con el apoyo del partido ganador de las elecciones, con bastante más del doble de papeletas en su haber, no sabiéndose, además, por qué el pacto no puede darse en el otro sentido, en principio aliado de mayor lógica. “La política municipal” también abre paso, como se ve, a que las siglas políticas puedan perder parte o todo su significado preliminar, desoyendo ecos y disciplinas nacionales.
En definitiva, desconocemos por el momento las hipotecas políticas que han llevado al líder socialista de Meira al sillón de mando. Pero ya sabrá el señor alcalde, y si no tómelo éste como advertencia, que la siempre implacable y eficacísima “rumorología” meirense publicita inexorablemente todo secreto, por muy insondable que éste parezca en un primer momento. Y, en defecto de tal circunstancia, ya se encargará la docta opinión pública vecinal de introducir las verdades y matizaciones que considere oportunas, conformando un relato alternativo. Sin ni siquiera alcanzar a saber cuál de ambos escenarios destruirá en mayor medida la estima pública del nuevo alcalde, queda claro que el panorama político de la villa promete ser, desde luego, entretenido.









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