viernes, enero 19, 2007

HUGO CHÁVEZ, DICTANDO SIN AMBAGES

Hugo Chávez ha levantado siempre muchas sospechas acerca de sus verdaderos planes para Venezuela y, por extensión, para Sudamérica, continente del que parece haberse autoproclamado su mesiánico líder. Con el “socialismo bolivariano” como altisonante verborrea revolucionaria, se ha erigido como uno de los líderes populistas más influyentes del mundo con varios millones de acérrimos incondicionales, mostrándose siempre como la cabeza visible de una supuesta vanguardia antisistema que pretende ser la única gran alternativa al entramado neoliberal.

Hasta el momento, y a pesar de las reservas a las que ya hemos aludido, nadie ha podido demostrar fehacientemente la ilegitimidad democrática de sus mandatos, a pesar de que las circunstancias en las que se han dado algunos procesos electorales han sido poco habituales, como la inexistencia de candidatos opositores. Cabe interpretar este dato, desde luego, como un síntoma claro de incapacidad de los demás aspirantes, sin embargo, habría que reconocer también los ingentes obstáculos a los que la oposición antichavista debe enfrentarse para operar con libertad: entre otras cosas, la maquinaria propagandística del Gobierno (liderada por el propio Presidente), que aletarga las mentes de la cuasianalfabeta masa popular venezolana.

Ahora bien, la presunción de inocencia otorgada a Chávez por buena parte de la comunidad internacional ha tocado a su fin. Curiosamente, ha sido la propia administración de Caracas la que acaba de delegitimarse a sí misma, confirmando las malas artes de su gobierno. Hugo Chávez tendrá “poderes especiales” para legislar según su propio y único parecer durante los próximos dieciocho meses. La excusa radica en la ingente corrupción política del estado venezolano. Ahora, gobernando a golpe de decretazo, Chávez podrá, según dice, superar todos los obstáculos hasta ahora existentes para poder llevar a cabo, rápida y definitivamente, su “plan” de gobierno. Pero tal perorata no maquilla el mayúsculo atropello que acaba de acometer. No existe excusa, coyuntura o circunstancia alguna que licite tal actuación, por lo menos desde la mirada de un verdadero demócrata. Un dirigente que se precie de tal condición no deviene en un mandatario totalitario, como el caso que ahora nos ocupa. La legitimidad de las urnas jamás otorga poderes absolutos.

Chávez ya tiene lo que tanto ha parecido ansiar: capacidad ilimitada de poder y acción. En los próximos meses, acometerá sus reformas sin incomodidad alguna y con los objetivos que solamente él conoce verdaderamente. Por otro lado, cada vez es más constatable que su círculo de influencia aumenta considerablemente. Países como Bolivia, Cuba y Ecuador son claros ejemplos de ello, convirtiéndose en meros títeres del inquilino de Miraflores. No en vano, ya se habla del eje Caracas-La Habana-La Paz. Sobre todo en este último caso, la tendencia del gobierno parecer tomar derroteros similares, queriendo Evo Morales modificar la Constitución en su beneficio.

La izquierda no tiene dudas de que el exacerbado capitalismo económico supone el verdadero foco de las desigualdades mundiales, arrastradas y engrandecidas especialmente en las últimas décadas. Bien merecería la pena una profundísima revisión del sistema, abogando por un modelo económico socialdemócrata, justo y realista. Ha de ser la izquierda moderada, comprometida, formada y moderna (aunque todavía está por llegar) la que ha de capitanear este gran proceso. El socialismo bolivariano de Chávez no es, sin embargo, alternativa de nada. No resuelve las desigualdades, genera confrontaciones vacuas e innecesarias y abusa del poder, del insulto y de la demagogia. Es una entelequia que solamente servirá para perpetuar en las instituciones a unos líderes incapaces e indignos de abordar el gran cambio que se necesita.

2 comentarios:

Lord Brithuss dijo...

Querido Aitor:
Mal que nos pese, el amigo Chávez es un dictador de libro. Y es que esto funciona así, desaparecen unos (Pinochet, Castro)y aparecen otros (Chávez, Morales) aunque en éste último caso es arriesgado calificarlo así, pues aún es pronto. Los derroteros que está tomando Venezuela, país del que, como buen canario, me siento primo hermano, no son nada halagüeños y no decartaría que Chávez, de manera indirecta, tomase una posición de relativa influencia en el futuro de Cuba, que la ocasión la pintan calva. Mal asunto, hermano.
Por otra parte, en ninguno de los tres países que mencionas creo viable, a corto o medio plazo, la actuación política fiable y efectiva de una izquierda con alternativas de futuro y, la economía socialdemocrática justa...Utopía de momento. Un saludo

L.B.

PD: Tranquilos todos, que en Febrero regreso a la blogosfera

Themis dijo...

¡Gracias!, por describir la realidad de ese soleado punto del globo donde nací.